Los dones de la imperfección de Brené Brown
Episodio 426
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo que te exponía un poco?
No algo peligroso. Algo tuyo: una idea que compartiste en voz alta, algo personal que dejaste ver, algo que podrías haber guardado y no guardaste. Y la siguiente pregunta: ¿lo hiciste, o en el último momento te protegiste?
Brené Brown lleva veinte años estudiando ese momento exacto. El momento en el que decides si sigues dentro del escudo, o das un paso fuera.
Hoy reseñamos un libro de 2010 que lleva dieciséis años siendo más relevante que cuando se publicó, y que va en dirección contraria a la cultura en la que vivimos: Los dones de la imperfección, de Brené Brown.
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Índice de la reseña
(00:00) Los dones de la imperfección
(03:16) Brené Brown: la autenticidad y el perfeccionismo
(07:55) La armadura que nos pesa
(14:35) El gozo como práctica, no como premio
(26:02) Soltar los «se supone que»
(31:42) Valoración y reflexiones finales
(38:59) El siguiente libro
(39:50) ¡Nos escuchamos muy pronto!
Recursos mencionados
Los dones de la imperfección de Brené Brown | Amazon
Reseña 17: Cuatro mil semanas de Oliver Burkeman | KENSO Círculo
Reseña 22: El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda de Mark Manson | KENSO Círculo
Reseña 45: El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl | KENSO Círculo
Dare to Lead de Brené Brown | Amazon
El camino del artista de Julia Cameron | Amazon
Formación para empresas | KENSO
Cursos online | KENSO
Coaching personal | KENSO
Y la música de KENSO gratis para Podcasts y YouTube | Uppbeat
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Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí. Disculpa, si lees algún error en la transcripción.
Quique Gonzalo: ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo que te exponía un poco? No algo peligroso, algo tuyo: una idea que compartiste en voz alta, algo personal que dejaste ver, algo que podrías haber guardado y no guardaste. Y la siguiente pregunta: ¿lo hiciste, o en el último momento te protegiste? ¿Te atreviste a hacerlo, o quizá decidiste que lo dejabas para otro momento? Brené Brown lleva veinte años estudiando ese momento exacto: el momento en el que decides si sigues dentro del escudo o das un paso más allá de tu zona de confort.
Jeroen Sangers: Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO Círculo, el podcast donde descubrirás los libros para vivir la efectividad para ser más feliz. Hoy reseñamos un libro de 2010 que lleva dieciséis años siendo más relevante que cuando se publicó, y lo que plantea va en dirección contraria a la cultura en la que vivimos. Porque en este año 2026, con la inteligencia artificial optimizando cada segundo de tu jornada laboral, con aplicaciones para medir la calidad del sueño y paneles de control de productividad personal, leer este libro es casi un acto de resistencia. Yo soy Jeroen Sangers, aprendiz en reconocer mis propios patrones de adormecimiento antes de que me consuman.
Quique Gonzalo: Y yo soy Quique Gonzalo, aprendiz en decirme a mí mismo que ya es suficiente antes de buscar la aprobación externa.
Jeroen Sangers: El libro del que vamos a hablar se titula Los dones de la imperfección y, tal como ha dicho Quique, es de Brené Brown. Quique, cuando pensamos en leer este libro ahora, ¿qué es lo que lo hace tan oportuno?
Quique Gonzalo: Como bien decías, Jeroen, Brené Brown lo publicó en 2010 y, en su momento, ya iba a contracorriente. Porque todo el mundo hablaba de productividad, de optimización, de eficiencia. Todavía no había llegado la automatización, pero estábamos en ese eslogan de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Y ella llegó con veinte años de investigación a sus espaldas para decirnos: para. El problema no es que no hagamos lo suficiente, el problema es que no creemos que somos suficientes. Y, lamentablemente, veinte años después ese pensamiento no ha cambiado. De hecho, podríamos decir que ha empeorado. Hay más herramientas que nunca para hacer más cosas en menos tiempo y, sin embargo, lo que ha crecido en paralelo es la sensación de que el listón sigue estando aún más alto. Brené fue de las primeras en señalar ese mecanismo con datos reales, no con intuiciones ni con ideas vagas, sino con análisis, y por eso sigue doliendo, en el buen sentido, cada vez que lo leemos. Así que vamos a meternos a entender bien el contexto de este libro.
Jeroen Sangers: Pues sí, antes de meternos en el fondo del contenido, vale la pena situar un poco a Brené Brown, porque no estamos ante una coach de autoayuda con una fórmula de cinco pasos. Brené es investigadora de la Universidad de Houston y lleva más de dos décadas estudiando los mecanismos de la vergüenza, la vulnerabilidad y lo que ella denomina vivir de todo corazón. Empezó estudiando la vergüenza porque nadie más quería hacerlo, y eso ya dice mucho de su carácter. Y lo que descubrió al analizar miles de historias de hombres y mujeres de toda clase y condición es que hay dos tipos de personas: las que viven con una sensación constante de valía personal y las que viven en lucha permanente por ganarse esa valía. Y la diferencia entre unas y otras no era el talento, ni los logros, ni el éxito personal o profesional. Era algo mucho más sencillo y mucho más difícil al mismo tiempo: las primeras creen que ya son suficientes. No porque hubieran llegado a un sitio concreto, sino porque lo habían decidido así.
Quique Gonzalo: De hecho, hay una escena en la parte introductoria del libro que para mí resume todo lo que nos encontramos después. Brené está, en noviembre de 2006, sentada a la mesa de su casa preparando el desayuno, y entre manos tiene una investigación que acaba de terminar. De repente hace dos columnas. En una anota todo lo que caracteriza a las personas que viven en plenitud: valía personal, autenticidad, gratitud, gozo, descanso, juego, confianza, sensación de pertenencia. Y en la otra columna escribe lo que esas mismas personas evitan: el perfeccionismo, la certidumbre a cualquier precio, el adormecimiento, el agotamiento, el encajar a toda costa, el juzgar. Y cuando se queda observando esas dos columnas, se da cuenta de que ella misma está en la segunda, de que la lista de lo que no hay que hacer describe con exactitud cómo es su vida. A mí me parece una de las escenas más honestas y reveladoras que he leído en un libro de no ficción. Una investigadora de la vergüenza, que lleva una década estudiando ese tema, tiene que hacer su propia investigación para darse cuenta de que ella misma lleva años huyendo de lo que estudia. Y lo que hace es doblar los papeles, meterlos en una caja de plástico debajo de la cama, junto con el papel de regalo de Navidad, y no volver a abrir esa caja hasta marzo de 2008.
Jeroen Sangers: Un año y medio debajo de la cama, sin tocar.
Quique Gonzalo: Escondido, pasando las navidades. Exactamente.
Jeroen Sangers: Y eso no es procrastinar, porque lo hace a propósito. Básicamente, lo que está haciendo es arqueología en dirección contraria. ¿Y qué pasó, Quique, cuando por fin lo abrió otra vez?
Quique Gonzalo: Nos cuenta cómo va a terapia y le dice a su terapeuta, Diana: necesito que mi vida se ajuste a esta lista, dame herramientas concretas, nada de profundizar, nada de cosas de la infancia. A lo cual la terapeuta, que trabaja siendo terapeuta de terapeutas, como nos cuenta, debió de pensar: vaya clienta que me ha tocado. Y tardó un año en poder hacer ese trabajo, que luego llama con cariño el colapso, o despertar espiritual, de 2007, con tachón incluido. Este no es un libro de alguien que llegó a la iluminación y ahora te la vende: es de alguien que fue la primera en tener que aplicarse su propia investigación. Y por ello creo que aterriza todo su contenido de otra manera. ¿Para quién es este libro? Para cualquier persona que sienta que trabaja duro pero que el mérito siempre parece estar un poco más lejos. Y en el mundo KENSO, en este Círculo, creo que somos muchos los que nos podemos encontrar entre esas dos columnas, o más en la de la derecha, como le pasaba al principio a Brené.
Jeroen Sangers: En el libro, Brené nos presenta diez hitos. No vamos a pasarlos todos, los hemos agrupado un poco por temas, porque si no este podcast sería muy largo. Pero eso sí: el primer hito que propone es cultivar la autenticidad. Y la definición que da es importante, porque no es la que esperamos. La autenticidad no es un rasgo que tienes o no tienes, no es eso de "ese tipo es auténtico". Es una práctica diaria, y practicarla significa renunciar a quien crees que deberías ser para abrazar quién eres de verdad. Eso parece bonito en una tarjeta postal, pero cuando lo desglosamos se convierte en algo mucho más concreto y más difícil.
Jeroen Sangers: Piensa en cuántas veces al día calibramos lo que decimos en función de cómo creemos que va a reaccionar la otra persona. En una reunión de trabajo, en una conversación con tus hijos, en lo que publicas en las redes sociales: hay una versión tuya que va a ese espacio y hay una versión que se queda en casa. Y el coste de mantener esa brecha, sostiene Brené, no es moral, es físico, porque esa brecha consume una cantidad brutal de energía que podría estar en otra parte.
Quique Gonzalo: Y el segundo hito va al núcleo de por qué mantenemos esa brecha: el perfeccionismo. Brené tiene una definición del perfeccionismo que probablemente sea la más precisa que he escuchado. No es querer hacer las cosas bien, eso es excelencia y no hay nada malo en ello. El perfeccionismo es creer que si lo haces de forma perfecta te protegerás del juicio y del fracaso. Es una armadura, y te puedo decir que pesa una barbaridad. Y lo que demuestra la investigación resulta paradójico: el perfeccionismo no protege de la vergüenza, de hecho la amplifica, porque el perfeccionista no trabaja por amor a lo que hace, sino por miedo a lo que pensarán si no lo hace bien. Y cuando algo sale mal, el perfeccionista no dice "salió mal", piensa "yo soy el error". Esa es la diferencia: el fracaso no es información, el fracaso es una condena.
Jeroen Sangers: Y aquí hay algo interesante con el perfil azul de Insights Discovery, que es el mío. Las personas con orientación azul tenemos una tendencia natural hacia la precisión, el análisis y la atención al detalle, que puede ser un activo enorme, yo lo valoro. Pero cuando eso se mezcla con el miedo al juicio, se convierte en lo que describe Brené: el trabajo en exceso. Porque me cuesta delegar, porque nadie lo va a hacer bien según mi definición. Y, por tanto, vivo en una tensión constante entre lo que salió y lo que podría haber salido mejor. De hecho, esa dificultad para delegar es uno de los núcleos del programa De líder desbordado a líder multiplicador: el perfeccionismo como freno al crecimiento del equipo, no solo al bienestar propio. Y lo que Brené llama armadura, en el lenguaje de Insights sería una sobreextensión del polo preferido: la calidad como escudo en lugar de como valor.
Quique Gonzalo: Y de ahí, la salida que propone no es que bajemos el listón, es cambiar la pregunta que nos hacemos. En lugar de preguntarnos cómo lo he hecho o qué pensarán, la pregunta que impulsa la autocompasión es esta: ¿me estoy tratando con la misma amabilidad con la que trataría a un amigo en la misma situación? Hay una historia en el libro que a mí me llegó mucho cuando lo leí. Brené cuenta que, en una conferencia en un colegio, la directora la presenta de forma agresiva, casi como si la hubieran contratado para poner firmes a los padres. Y ella, en lugar de aclarar la situación, entra en pánico. Y una de las cosas que solemos hacer cuando hablamos en público y entramos en pánico es empezar a hablar más fuerte, meter citas y estadísticas alarmantes, intentar impresionar a las personas de la primera fila, que nos miran con los ojos en blanco y se echan para atrás. Al final acaba saliendo de esa situación hundida. Y lo que hace justo después es llamar a su hermana, a Ashley. Y Ashley no le dice "no fue para tanto", ni ese "bueno, lo hiciste bien" que nos dice tanta gente cuando les llamamos en una situación parecida. Le dice: vaya, Brené, es una experiencia muy dura, a mí también me ha pasado. Y eso es todo lo que Brené necesitaba. No que le dijeran que era perfecta, solo saber que no estaba sola en su imperfección.
Jeroen Sangers: Y creo que esta es la distinción que separa la empatía real de la compasión de catálogo. No es "qué valiente que sigues adelante". Es "yo también estuve allí". Es alguien que comparte la oscuridad en lugar de intentar iluminarla desde fuera.
Quique Gonzalo: Exacto. Y eso requiere lo que Brené llama coraje ordinario: no el heroísmo que vemos en las películas, sino el coraje de pedir lo que necesitas, de compartir lo que sientes, de admitir que no entiendes algo cuando todos parecen haberlo entendido. Para eso cuenta otra historia: su hija Ellen la llama de noche desde una fiesta de pijamas para que vaya a recogerla. Y Ellen le dice: lo siento, mamá, no fui lo bastante valiente, os echaba de menos. Ya sabéis, esas veces en que los niños echan de menos a sus padres cuando se van fuera. Brené va a buscarla, se sienta en el asiento de atrás con su hija y le dice: Ellen, creo que pedir lo que necesitas es una de las cosas más valientes que puedes hacer. Y eso es lo que nos propone en este libro: no grandeza, sino pequeños actos de honestidad con nosotros mismos.
Jeroen Sangers: Continuamos con el siguiente bloque de hitos, y el título que le ponemos es "el gozo como práctica, no como premio". Empieza con el capítulo que me sorprendió de forma particular, el de la gratitud y el gozo, porque Brené dice algo que parece contraintuitivo. El gozo no lleva a la gratitud, es al revés: la gratitud lleva al gozo. Y eso cambia mucho la forma en que planteamos la búsqueda del bienestar, porque la tendencia habitual es pensar que cuando tenga más, cuando termine el proyecto, cuando pase el verano, cuando los niños sean más independientes, entonces disfrutaré. La alegría como recompensa al final del camino. Y lo que Brené encontró en sus entrevistas fue lo contrario: que las personas que vivían con mayor sensación de bienestar no tenían más cosas buenas en su vida, simplemente tenían un hábito activo de reconocer lo que ya estaba bien. No como positivismo forzado, sino como un entrenamiento real de la atención.
Quique Gonzalo: Fíjate, Jeroen, que esto es una de las cosas más relevantes, porque me recuerda a algo que discutimos en su momento en la reseña 17, la de Cuatro mil semanas, de Oliver Burkeman. Burkeman llega a conclusiones parecidas sobre la suficiencia, pero desde un ángulo filosófico mucho más oscuro. Lo llama la trampa de la mentalidad de la escasez: siempre estamos preparándonos para cuando lo bueno se acabe. Y Brené lo llama el miedo a la oscuridad: cuando algo va bien, en lugar de habitarlo, ya estamos anticipando la pérdida. Nos preparamos para el aterrizaje antes siquiera de haber despegado del todo.
Jeroen Sangers: ¿Y tú te estás reconociendo a ti mismo mientras lo explicas?
Quique Gonzalo: Por supuesto. Voy a hacer el ejercicio en primera persona delante de todo nuestro Círculo, y demasiado, porque este es un momento muy bueno: de repente el cerebro empieza a calcular cuándo se van a terminar las cosas. Es como una alarma anticipatoria que aparece justo cuando todo va bien.
Jeroen Sangers: Y eso es justo lo opuesto de la gratitud según Brené. Lo que propone para salir de ahí es bastante concreto: prestar atención a los momentos ordinarios, no a los grandes hitos. El café de la mañana, la conversación de sobremesa, la cara de alguien que quieres cuando consigue algo. Esos momentos que en el momento no parecen gran cosa, pero que, si los perdieras, echarías de menos de una manera feroz. Y aquí entra el tercer hito de esta sección: el juego y el descanso, que en el mundo de la efectividad personal es casi un tema tabú.
Quique Gonzalo: Parece que lo es, Jeroen, y yo cada vez me doy cuenta, ahora que lo practico mucho con Yago, de que es todo lo contrario. Y Brené lo afronta de cara. ¿Cuántas veces nos decimos "estoy muy ocupado", "es que hoy no tengo tiempo"? Se ha convertido en un mantra con el que intentamos justificarnos a nosotros mismos y, ante los demás, parecer importantes. El agotamiento a veces lo colgamos como una medalla de honor, y yo veo personas que no pueden cargar con tantas medallas de honor del agotamiento como llevan encima. Y lo que resulta paradójico es que la investigación sobre el juego que Brené recoge del trabajo del doctor Stuart Brown dice que jugar no es lo opuesto al trabajo. De hecho, es lo que permite que el trabajo sea sostenible a largo plazo. El juego, en la definición de Brené, es cualquier actividad que haces sin otro propósito que el de hacerla, que a eso también lo podríamos llamar hobbies. No lo hacemos para sentirnos mejor mañana, no lo hacemos como inversión en nuestra productividad.
Quique Gonzalo: Lo hacemos solamente porque es algo que nos apetece.
Jeroen Sangers: Y aquí tengo que confesar algo, porque cuando pienso en el juego en el entorno profesional me encuentro con una contradicción que me resulta bastante difícil de resolver. Imagínate las fotos de las oficinas de las startups tecnológicas de Silicon Valley, que ya las conoces: el futbolín, los videojuegos, el espacio creativo. Eso lo aceptamos, nos parece bien, pensamos "aquí hay cultura de juego", y yo quiero estar ahí, yo quiero trabajar en ese tipo de oficinas. Pero si veo a un compañero echando una partida durante las horas de trabajo, o a un funcionario jugando mientras hay una cola interminable en la oficina, la reacción que me viene no es la misma, y ahí ya me incomoda. Y no sé muy bien por qué.
Quique Gonzalo: Bueno, a ver. Primero, porque el futbolín de Silicon Valley es una señal de identidad de empresa, no una invitación real al juego. De hecho, si lo vemos desde nuestra perspectiva latina, el futbolín no tiene mucho que ver con eso que vemos en las empresas americanas o en sus películas. Más bien es una decoración que intenta transmitir una imagen de "aquí somos creativos e innovadores", porque en el fondo muy pocas de esas empresas mantienen culturas en las que alguien se levante de verdad a las tres de la tarde y diga "voy a jugar veinte minutos" sin que nadie le mire raro. Lo que tú describes, Jeroen, esa incomodidad tuya, es justo de lo que habla Brené en el libro. El juego real, el juego sin propósito, sin producción, nos resulta incómodo porque hemos metido tan adentro la ecuación valor igual a productividad que quien juega en horas de trabajo nos parece que no está siendo serio, que no está cumpliendo con el deber del trabajo profesional. Aunque en el fondo sabemos que Brené tiene razón, porque lo contrario del juego no es el trabajo: lo contrario del juego es el estrés. Y el estrés mantenido nos lleva hacia algo que vivimos ahora, que es el burnout, el estar quemados, incluso la depresión.
Jeroen Sangers: Creo que tienes toda la razón, Quique. Aunque duela un poco, lo acepto. Esa incomodidad mía dice más sobre mí que sobre la persona que está jugando.
Quique Gonzalo: Porque, en el fondo, Jeroen, a todos nos gustaría ser esa persona que se atreve a estar jugando. Aunque lo critiquemos, nos gustaría tener esa valentía de estar ahí, disfrutando de ese momento. Y creo que esto es justo lo que quiere decir Brené cuando dice: libérate del agotamiento como símbolo de estatus. Porque no es que el trabajo sea malo, es que cuando el agotamiento se convierte en la prueba de que vales, cualquier cosa que no produzca agotamiento nos va a parecer sospechosa.
Jeroen Sangers: Y aquí quiero hacer un poco de abogado del diablo, porque sé que este tema del libro genera cierta resistencia. La pregunta que me surge es real: ¿se puede cultivar el gozo, o es algo que te ocurre cuando las condiciones son adecuadas y tú no puedes forzarlo?
Quique Gonzalo: Cuando leí el libro por primera vez, Jeroen, me di cuenta de que ahí había una tensión real, y me alegra que lo plantees así, porque yo también lo he vivido. Brené no dice que el gozo sea una emoción que podamos convocar a nuestro antojo. Lo que dice es que podemos crear las condiciones para que ocurra con más frecuencia. Y las condiciones son la gratitud activa, la presencia real, el permiso para jugar sin justificación. No garantizan el gozo. Lo que sí sucede es que su ausencia casi garantiza que el gozo no aparezca. Es como el sueño: no puedes forzarlo, pero puedes hacer cosas que lo facilitan o que lo imposibilitan.
Quique Gonzalo: De hecho, piensa solo en una cosa. Si en la habitación donde dormimos, cada una de las personas que están escuchando este podcast, no hubiera una cama, ¿qué sucedería? Pues que estaríamos garantizando casi que el sueño no aparezca. Por eso es tan importante generar las condiciones que permiten alcanzar el descanso, como la cama en el dormitorio, o la gratitud activa, la presencia y el permiso para jugar sin justificación en el caso del gozo.
Jeroen Sangers: Para resumirlo: cultivar no es fabricar, es preparar el terreno. Esto creo que lo podemos aceptar todos.
Quique Gonzalo: Sí, porque muchas veces, Jeroen, hemos hablado, si bien recuerdas, de la importancia de crear un entorno efectivo a tu alrededor: visual, en la oficina, en casa, emocional. Esto es lo mismo. Y hay algo en el hito de la resiliencia que conecta con todo esto: Brené distingue entre resiliencia y adormecimiento. Lo que llama adormecimiento es algo muy reconocible: cuando algo duele o agobia, buscamos formas de no sentirlo.
Quique Gonzalo: La pantalla, el trabajo, el scroll infinito en las redes sociales. Y en el fondo nos estamos engañando, porque nos decimos que estamos descansando. La investigación de Brené dice que hay una diferencia entre descansar de verdad, cuidarte, y usar una actividad para anestesiarte. Este adormecimiento no es neutral: no solo reduce el malestar de fondo, también adormece nuestra capacidad de sentir alegría, porque no podemos elegir qué anestesiar. Cuando tapamos el dolor, también tapamos el gozo.
Jeroen Sangers: Saltamos al siguiente bloque, si te parece bien. Otra vez tres hitos que hemos juntado bajo un título: soltar los "se supone que". Y quiero destacar este bloque porque aquí hablamos de trabajo provechoso, que creo que es el que más resuena en la audiencia de KENSO Círculo. Distingo entre el trabajo con sentido y la trampa de los "se supone que". Seguramente conoces estas frases: se supone que a estas alturas ya debería tener este resultado; se supone que con mi experiencia ya debería saber hacerlo; se supone que un profesional como yo no tendría estas dudas. Esa frase, "se supone que", es una de las más tóxicas que existen, porque convierte las expectativas del entorno, de la cultura, de las personas que en algún momento tuvieron autoridad sobre ti, en una brújula interna que ya no te pertenece. Y cuando usas esa brújula para decidir si lo que haces tiene valor, nunca vas a llegar a ningún sitio que se sienta como propio. Y lo que este libro propone es algo más incómodo.
Jeroen Sangers: Simplemente, pregúntate qué es lo que tú de verdad quieres hacer. No lo que se supone que debes querer: lo que de verdad te resuena. Y eso a veces choca de frente con lo que el mercado valora o con lo que tus padres esperaban.
Quique Gonzalo: Claro. Lo que me parece más honesto de este capítulo, Jeroen, es que Brené no dice que sea fácil, no dice eso de "sigue tu pasión y todo lo demás vendrá". Dice que encontrar trabajo provechoso requiere primero soltar una serie de creencias sobre lo que se supone que es una carrera exitosa, una vida bien vivida o un profesional competente. Porque, si lo pensamos un momento, todo eso siempre lo delimitan otros. Hay una trampa que tú y yo vemos a menudo en los procesos de coaching en KENSO, y es confundir ser bueno en algo con que eso tenga sentido para ti. Porque cualquiera de nosotros puede ser tremendamente competente en una tarea que, al mismo tiempo, le vacía por dentro. Y durante años asumimos que si eres bueno en algo eso es señal de que debes seguir haciéndolo. Esto es lo que Brené llama la trampa de la competencia sin propósito.
Quique Gonzalo: Y la resiliencia que mencionábamos antes está en estrecha conexión con esto: no surge de aguantar más, surge de tener algo que valga la pena aguantar para llegar a ello.
Jeroen Sangers: Y hay una distinción en el octavo hito, el de la calma y la quietud, que me parece clave para cerrar este bloque. El libro diferencia entre sentir preocupación y vivir en la preocupación. Todos sentimos preocupación, eso es normal. El problema es cuando la preocupación se convierte en el estado por defecto, cuando ya la reconoces como tal porque "así eres tú, así ha sido siempre". Y eso tiene un coste real en la capacidad de estar presente, de conectar, de decidir desde la claridad en lugar de desde el ruido. Y lo que propone no son técnicas de meditación específicas, aunque las menciona. Es una toma de consciencia: que existe una diferencia entre ese estado de zumbido constante y otro posible, que no tienes que vivir de forma permanentemente acelerada para ser productivo. Saber que existe otra forma de estar ya es el primer paso.
Quique Gonzalo: Y el décimo hito, el último de los que tratamos aquí, es probablemente el más inesperado para un libro sobre efectividad y desarrollo personal, porque Brené termina hablando de la risa, del canto y del baile. Puede sonar a cliché de retiro espiritual, sí, yo también lo acepto, aunque en el fondo es lo mismo que hemos estado diciendo todo el tiempo: hay algo en nosotros que solo aparece cuando dejamos de intentar controlarlo todo. Cuando te ríes de verdad, cuando bailas y disfrutas en un concierto sin pensar quién te está mirando ni cómo te mueves, no estamos actuando para nadie. Estamos, y eso es suficiente. Y eso dice Brené que es la expresión más directa de la autenticidad: no la que construyes en una presentación cuando todos nos miran, sino la que aparece cuando ya no importa si alguien te está mirando. De hecho, en los procesos de coaching hay un momento, casi siempre hacia el final de una sesión, en el que algo cambia: la persona deja de buscar la respuesta correcta y dice lo que piensa de verdad, y en ese momento todo se vuelve más claro, más concreto, más útil.
Quique Gonzalo: Ese es el momento de todo corazón del que habla Brené.
Jeroen Sangers: Y cuánto nos cuesta bajar la guardia, ¿no, Quique? Y cuánto ganaríamos si lo hiciéramos un poco más.
Quique Gonzalo: Correcto, Jeroen, ahí estamos. Cada vez nos cuesta un poquito menos, pero bueno, ahí vamos.
Jeroen Sangers: Vamos a la valoración. ¿Qué nos ha parecido? Empiezo yo, si te parece bien. ¿Qué es lo que más valoro? Ya me conoces un poco: la estructura de diez hitos, que me parece brillante porque no son etapas, no hay un orden correcto, simplemente son prácticas paralelas que se refuerzan entre sí. Puedes empezar por la gratitud, si eso es lo que te resuena, o por la autocompasión, o por el juego, y eso hace que el libro sea mucho más práctico sin ser prescriptivo. No es un libro que te dice "haz esto los martes por la mañana", simplemente te dice: estas son las áreas de tu vida donde hay trabajo que hacer, y tú decides por dónde entras. Y el otro elemento que valoro de forma especial es el origen que ya hemos explicado. Es un libro que surge de años de investigación real, con miles de entrevistas, que no es intuición envuelta en capítulos. Cuando Brené dice "las personas que viven con mayor sensación de bienestar hacen esto", lo dice porque lo ha visto en los datos, y eso le da un peso diferente al de muchos libros del mismo género. Como punto crítico, o algo que me convenció menos: es un libro muy individual en su núcleo. Habla de tu práctica, de tu valentía, de tu autocompasión, y eso tiene mucho valor, siempre hablamos de nuestro círculo de control, pero también existe una dimensión sistémica que queda fuera. Cuando el agotamiento es consecuencia de la cultura de tu organización, cuando el "se supone que" viene de una estructura de poder real y no solo de tu mente.
Jeroen Sangers: Entonces no es suficiente con que tú cultives la calma. Ella misma lo desarrolla un poco más tarde en otro libro que se llama Atrévete a liderar, Dare to Lead en el título original, que aborda todo esto desde la perspectiva del liderazgo. No será la siguiente reseña, pero tal vez en el futuro recojamos también ese libro. En cuanto a la comparación, este libro dialoga de forma natural con dos reseñas anteriores: con la 17, Cuatro mil semanas, de Oliver Burkeman, que llega a conclusiones parecidas sobre la finitud y la suficiencia pero desde un ángulo filosófico mucho más oscuro, y también creo que tiene algo que ver con un libro que no nos gustó tanto, El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda, de Mark Manson, que aborda también el perfeccionismo y la autenticidad, pero desde una postura más cínica y provocadora. Si Mark Manson dice "deja de intentar que todo te importe", Brené dice "aprende a reconocer lo que ya vale". Son voces que se complementan aunque casi nunca se citen. Y yo me quedo con la versión de Brené, desde luego, yo soy más positivo, esa parte cínica no me gusta. Otro punto a su favor que no he mencionado: también es un libro breve y fácil de leer, y por todo lo anterior le doy un cuatro y medio.
Quique Gonzalo: Qué bien, Jeroen. Fíjate, voy a empezar por la nota: le había puesto un 4,2, o sea que estamos ahí. Un 4 y, ya para rizar el rizo, un 4,25. Me gustan mucho algunos de los aspectos que ha comentado Jeroen, no los voy a reiterar, simplemente los voy a enumerar de manera breve. El primero es que es un libro con un tono cercano, personal, positivo. Y lo de que sea breve, cada vez lo agradezco más.
Quique Gonzalo: Un 4,25 no porque le falte algo, sino porque quizá, para mí, hay momentos en que la estructura de diez hitos termina fragmentando lo que en el fondo es un solo argumento. Y ese argumento es muy poderoso: Brené sabe a la perfección lo que quiere decir, y a veces la lista le juega un poquito en su contra. Dicho esto, hay que ser justos y reconocer también que muchas de las ideas que plantea no son nuevas. La autenticidad, el perfeccionismo como armadura, el gozo como práctica: podemos encontrar raíces profundas dentro del mundo de la filosofía estoica o en la psicología humanista, por ejemplo de Viktor Frankl, libro que también reseñamos en KENSO Círculo. Creo que Brené no siempre lo reconoce y a veces eso le da al libro un aire de adanismo que no le hace falta: no necesita inventar la rueda para tener razón. Y hay cosas que me llevo, genuinas, que a mí me marcaron mucho.
Quique Gonzalo: A mí, la distinción entre la anestesia y el descanso, eso que hemos hablado de sentirte anestesiado, es algo en lo que me he visto muy reflejado y me ha ayudado a practicarlo mejor, o sea que ahí se lo reconozco. Porque llevamos años en el mundo de la efectividad hablando de recuperación, de recarga, de bienestar, y Brené señala algo que cuesta reconocer: que muchas de las cosas que llamamos descanso son en realidad anestesia. Y el problema no es solo que no funcionen, es que cuando tapamos el dolor tapamos también la alegría. No podemos elegir qué anestesiar sin quitar ese otro lado, que es la alegría. Para mí eso es el corazón del libro, y es también la razón por la que creo que en 2026, en este momento exacto, con más herramientas de automatización que nunca, con la inteligencia artificial gestionando cada segundo de nuestra jornada y de nuestra vida, este libro sigue siendo aún más necesario que cuando Brené lo escribió.
Jeroen Sangers: Para cerrar, resumiendo en dos párrafos: la idea central es vivir de todo corazón. Y vivir de todo corazón no es una decisión que tomas una vez, es un viaje que se hace todos los días. Y el punto de partida no es "cuando sea mayor", "cuando sea mejor" o "cuando tenga más": es lo que tienes, lo que quieres y quién eres. La valía personal no se consigue, se reconoce, y el camino para reconocerla pasa por diez prácticas que se pueden cultivar: la autenticidad, la autocompasión, la resiliencia, la gratitud y el gozo, la intuición, la creatividad, el juego, el descanso, la calma, el trabajo provechoso y la capacidad de reírte de ti mismo. Y nunca es un destino, porque todas son un entrenamiento.
Quique Gonzalo: Bueno, Jeroen, creo que aquí podríamos llevarlo a la acción y que cada uno se preguntara: si pudiera elegir una cosa para hacer diferente a partir de esta semana, ¿qué sería? No un propósito grande, una cosa pequeña y concreta. Creo que esa es la invitación de este libro. Y hablando de libros, Jeroen.
Jeroen Sangers: Sí.
Quique Gonzalo: ¿Qué libro nos vamos a llevar para las vacaciones?
Jeroen Sangers: Teníamos uno pensado, pero ayer surgió algo en el grupo del club de lectura en WhatsApp, en el Círculo: Sandra y Guillermo estaban hablando sobre la necesidad de leer sobre la creatividad. Creo que vamos a coger esa idea, y hemos elegido un libro muy especial que se llama El camino del artista, The Artist's Way, de Julia Cameron. Yo no lo he leído todavía, pero he oído muy buenas cosas. No sé, Quique, tú ahora te giras hacia tu armario, de detrás sacas el libro, porque ya lo tienes.
Quique Gonzalo: No, se lo presté a una persona que colabora con nosotros en KENSO, porque pensaba que le iba a gustar y, de hecho, me dijo que le encantó. Así que, Marcos, ¿lo espero de vuelta o te lo regalo firmado? Lo que tú prefieras.
Jeroen Sangers: Muy bien. Y Quique, nos queda el hábito KENSO.
Quique Gonzalo: Claro que sí. El hábito de esta semana va a ser que, cuando alguien te pregunte cómo estás, digas la verdad. Solo una frase, sin maquillarlo. No hace falta que sea dramático ni extremadamente positivo, lo único que importa es que seas tú y sea tuyo.
Jeroen Sangers: Pues, como siempre, gracias a todos los miembros de KENSO Círculo por estar aquí. Este episodio existe porque vosotros elegís leer y pensar juntos con nosotros.
Quique Gonzalo: Muchísimas gracias y nos escuchamos pronto.
Jeroen Sangers: Chao.
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