El arte como terapia: herramientas emocionales con Pablo Ortiz

Pablo Ortiz

Episodio 399

¿Alguna vez has sentido que una obra de arte podría comprenderte mejor que muchas personas?

Ese es el tema principal del programa de esta semana, donde aprenderás cómo el arte, mucho más allá de ser una experiencia visual, puede convertirse en tu mejor aliado para gestionar emociones, conocerte y sanar con la mirada y la experiencia única de Pablo Ortiz, El Artesano.

Pablo Ortiz es historiador del arte, divulgador y escritor con una vocación imparable por enseñarnos a mirar más allá de los cuadros y descubrirnos frente a nosotros mismos. Ha colaborado durante años en medios como «Hoy por Hoy» y es autor del libro «El Arte Sano», donde nos propone un innovador viaje por el arte como herramienta de crecimiento emocional.

¿Te atreves a descubrir por qué un paisaje puede calmar tu mente? ¿O cómo una pintura puede enseñarte a empatizar? ¿Y qué sucede en tu interior cuando contemplas una obra de arte durante 10 minutos?

 

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Índice de la entrevista

  • (00:07) El arte como espejo emocional

  • (02:01) Infancia y primera conexión con el arte

  • (04:00) Definir el arte y la obra propia

  • (08:02) Educar la mirada y el poder sanador del arte

  • (14:38) Depresión, autoconocimiento y el arte como amigo

  • (18:11) Claves para mirar y gestionar emociones con arte

  • (27:21) Presencia, concentración y empatía a través del arte

  • (46:16) Esperanza y resiliencia en las obras

  • (55:05) Cuestionario KENSO

  • (1:00:16) Despedidas y resumen

 
Busca tu horizonte cada día, porque incluso en el silencio y el vacío, el arte siempre te trae esperanza.
 

Recursos mencionados

 
  • Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí.
    Disculpa, si lees algún error en la transcripción.

    Quique Gonzalo:

    ¿Alguna vez has sentido que una obra de arte podría comprenderte mejor que muchas personas? Ese es el tema principal del programa de esta semana, donde aprenderás cómo el arte, mucho más allá de ser una experiencia visual, puede convertirse en tu mejor aliado para gestionar emociones, conocerte Y sanar con la mirada y la experiencia única de Pablo Ortiz, El Artesano. Pablo Ortiz es historiador del arte, divulgador y escritor con una vocación imparable por enseñarnos a mirar más allá de los cuadros y descubrirnos frente a nosotros mismos. Ha colaborado durante años en medios como Hoy por Hoy y es autor del libro El Arte Sano, donde nos propone un innovador viaje por el arte como herramienta de crecimiento emocional. ¿Te atreves a descubrir por qué un paisaje puede calmar tu mente? ¿O cómo una pintura puede enseñarte a empatizar? ¿Y qué sucede en tu interior cuando contemplas una obra de arte durante 10 minutos? Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubrirás cómo vivir la efectividad para ser más feliz. Soy Quique Gonzalo, aprendiz en el arte de mirar la vida no solo con los ojos, sino tratando de entender todo lo que siento cuando me dejo llevar por una obra.

    Quique Gonzalo:

    Bienvenido, Pablo.

    Pablo Ortiz:

    Hola, encantado.

    Quique Gonzalo:

    Pablo, libro maravilloso, El arte sano. El arte sano, cualquiera de las dos acepciones, para mí me parece una auténtica maravilla después de haberlo leído, haberte escuchado tantas veces en la radio, en Hoy por hoy, haberte descubierto cómo ayudas a abrirnos los ojos. Y me gustaría comenzar Por tu infancia. ¿Cómo comenzó esa nueva visión, esos ojos que empezaron a ver el arte de un Pablo niño, un Pablo joven descubriendo esa maravilla que es el arte?

    Pablo Ortiz:

    Pues son como casi instintivos. De repente tú no sabes nada de arte porque eres un niño, pero de repente ves un cuadro o vas a una exposición y sientes algo. ¿Qué está pasando aquí? Hay una conexión. Esto le suele pasar a la gente que es especialmente sensible, tiene algo que capta muy bien las emociones, tanto en la gente en... como Y cuando ve arte, enseguida conecta. Y eso me pasó a mí. Yo soy de Vitoria, iba a exposiciones o veía cuadros y decía... Y luego tuve la suerte de dar Historia del Arte en el instituto.

    Pablo Ortiz:

    Y ahí es cuando empecé a aprender. Porque a mí me gustaba, pero no sabía. Pero cuando me empezaron a explicar el arte, ahí ya te enamoras. Y ahí empieza todo.

    Quique Gonzalo:

    ¿Puede ser que el arte sea lo que nos diferencia del resto de animales en cierto modo?

    Pablo Ortiz:

    Sí. Bueno, yo no me he parado a pensar tanto en... Pero desde luego, La creación de lenguajes simbólicos para comunicarnos es una cosa muy humana. Y hay una necesidad evidente. Un antropólogo te podría hablar mejor de esto, pero el ser humano, desde que tenemos vestigios de su existencia, crea imágenes para contar cosas. Así que es una cualidad innata, seguro. La necesitamos. Y por eso, a pesar de que muchas veces dedicarse al arte hoy en día es difícil económicamente, la gente lo sigue haciendo porque es una necesidad.

    Quique Gonzalo:

    Y después, Pablo, de tantos años en este mundo, haberlo vivido desde diferentes perspectivas, ¿cómo definirías el arte para ti?

    Pablo Ortiz:

    Esta es la pregunta más difícil que— Yo creo que es la gran pregunta. Para mí, arte es todo aquello que te mueve por dentro. Tanto porque conecta con una emoción, porque te lleva a hacer algo, porque te conciencia de alguna cosa. No tiene que ser necesariamente bonito, no tiene que ser necesariamente intencionado incluso. Si alguien crea algo que a ti, al verlo, al oírlo, al sentirlo, te mueve algo por dentro y te hace reflexionar, eso es arte. Porque al final el arte es la transformación de ese objeto, ente, sonido, lo que sea, en una acción, en una reflexión, en algo que te cambia. Y que te, ojalá, te hace mejor. Eso es para mí el arte.

    Quique Gonzalo:

    Hay una reflexión de lo que has dicho que me viene a la cabeza, y es que en el fondo todos podemos ser artistas en esta vida, que es maravilloso, porque ya no rompemos con esas grandes obras maestras que podemos ver en un museo o en un concierto, como bien decías tú. Así que aquí te lanzo el reto: ¿cuál ha sido tu gran obra maestra en tu vida?

    Pablo Ortiz:

    Eso es complicado. Tengo muchos cuadros. Depende del momento, ¿no? Porque depende de tu estado de ánimo, de tu momento vital, conectas más con un tipo de obra que con otro. Cuando estás en un periodo de crisis muy oscuro, yo por ejemplo he conectado muchísimo con Goya. Goya es un hombre emocionalmente muy intenso, muy frágil, con problemas mentales, y en su arte lo ves. No es necesario ir a las pinturas negras, que son como el paradigma del arte depresivo y de la ansiedad. En todos sus cuadros puedes ver esta intensidad emocional. El Greco, por ejemplo, es también un artista que a mí me conmueve mucho en momentos bajos, porque hay una explosión de intensidad emocional ahí que conecta muy bien cuando estás pasando por una tormenta.

    Pablo Ortiz:

    Y cuando ya estás más optimista y mejor, hay un cuadro que a mí me inspira muchísimo, que es La Danza de Matisse. La segunda versión que hizo de la Danza de Matisse, porque hizo dos. Hay una que está en el Metropolitan, no, en el MoMA de Nueva que York, bueno, los colores son más suaves, pero luego unos meses después hizo una segunda versión que está en el Hermitage en San Petersburgo, ya intensificando los colores. A mí este cuadro, en todos los sentidos, tanto visualmente como intelectualmente, como el contenido, me encanta, porque es un grupo de gente bailando. Es supersimple. Es gente que se da la mano y que está bailando en corro. Pero esa conexión entre las manos es lo que permite el baile. Porque cuando tú estás así dando vueltas en corro, si te sueltas, el baile no funciona.

    Pablo Ortiz:

    Es necesario estar unidos. Y yo creo que habla perfectamente, de una forma súper simple, de lo que es cómo nos necesitamos los unos a los otros. Cuando estamos unidos podemos vivir felices porque nos necesitamos. Si te sueltas, en el momento que te sueltas, todo se pierde, ese momento de alegría se pierde. Y justo en el primer plano del cuadro, justo en el centro, ves que las dos personas que están más cerca del espectador se están soltando. Que es ese momento crucial de— Si te sueltas, nada tiene sentido. Y es muy importante para mí porque soy una persona bastante solitaria. Entonces necesito este tipo de mensajes que me recuerden lo importante que es conectar con los demás.

    Pablo Ortiz:

    Así que cuando estoy optimista me gusta mirar eso.

    Quique Gonzalo:

    Qué maravilla, Pablo, porque yo creo que hoy podemos hacer un ejercicio de interactividad con los oyentes, y es que cada uno pensemos ahora como has hecho tú, en nuestra obra favorita, nuestras obras favoritas para momentos de felicidad, o también para otros momentos que pueden ser más melancólicos, y desde ahí trabajar, porque hoy vamos a hablar mucho de emociones. Yo ya lo tengo en mente. Mi obra favorita es de David Caspar Friedrich, es Vagabundos sobre un mar de niebla, que está en el Museo de Hamburgo. Muy pequeña, pero a mí siempre me ha llevado a lugares diferentes. Igual que tenemos la gran obra maestra, que es esta en la que hemos pensado, me gustaría que también pudiéramos pensar en cuál es la gran obra maestra que nosotros hemos creado con lo que decías tú antes, que todos somos artistas, que todos podemos haber hecho algo que haya marcado la diferencia. ¿Tú cómo has considerado que has hecho arte que haya marcado la diferencia, Pablo?

    Pablo Ortiz:

    Yo no quiero ser pretencioso, pero yo creo que En mi humilde posición, estoy muy orgulloso de crear cada vez que enseño, explico un cuadro a alguien. Yo estoy ahí creando algo. No lo voy a llamar arte, no creo que tampoco, pero yo estoy muy orgulloso de eso porque cuando tienes a una persona que no sabe nada de pintura que ni siquiera se ha preocupado, no le atrae especialmente, pero que no se siente bien, está en un momento emocional bajo y acude a mí para que le ayude, a ver si el arte le puede ayudar. Y en ese momento en el que le ayudas a esa persona a conectar con ese mundo del arte, que es en realidad a conectar con sus emociones, y de repente a abrirse, a soltar ese bloqueo emocional que tenía gracias a un cuadro, para mí eso, yo lo pienso muy humildemente como soy el continuador de esta obra de O sea, arte. que el artista sintió algo, lo representó para que alguien muchos años después sintiera lo mismo, reflexionara sobre ello. Y yo me considero un mediador entre Goya o quien sea y esa persona que se reúnen en diferentes momentos del espacio-tiempo, pero se juntan como que les presento. Y eso para mí es como crear algo distinto.

    Quique Gonzalo:

    Eres una artista en eso y me parece bellísimo el ejemplo que nos estás compartiendo, porque en el fondo eso es la artesanía, que muchos de nosotros tenemos pequeñas habilidades que no necesitamos que sean ni ser los mejores del mundo, pero es algo maravilloso donde estamos creando. Yo tengo muchas preguntas, algunas ciertamente personales, incluso pueden parecer un poco raras, pero espero que me las acojas con cariño, Pablo, y que me ayudes a ver con otros ojos, porque lo explicas muy bien en el libro. Durante mucho tiempo hemos visto la pintura desde el punto de vista más racional y hemos desconectado de la parte emocional. De cómo estaba ese pintor en el momento en el que se enfrenta a ese cuadro. Aquí estamos en esta misma calle, arriba vivió un tiempo Goya, pero un poquito más allá Velázquez pintó Las Meninas. Estamos en un lugar precioso para rememorar eso. ¿Tú crees que los cuadros nos devuelven la mirada?

    Pablo Ortiz:

    Siempre. Normalmente conectamos con aquellos cuadros que se sienten igual que nosotros. O sea, tú cuando vas a un museo, estás paseando y casi siempre vas a encontrar una obra que dices, sientes algo, algo especial. Puede ser maravilloso, puede ser muy triste, puede ser que te agita por dentro, pero Suele pasar, y no sabemos por qué de repente un cuadro que a la persona con la que hemos ido ni le importa ni le dice nada, a nosotros. Y eso es porque el cuadro se siente igual que nosotros. Y cuando tú encuentras a un cuadro que se siente igual que te sientes tú, hay una conexión ahí inmediata, casi inconsciente. Igual no sabes ni de qué está hablando el cuadro, pero sientes algo. Esto es un fenómeno que nos pasa a todos.

    Pablo Ortiz:

    Y que merece la pena pararse a analizar. Los cuadros son diferentes según la persona que los mira porque están hechos para diferentes personas que se sienten igual que ese cuadro. Entonces, si tú entras en la sala de las pinturas negras y estás pasando por un mal momento, te va a remover. Hay gente que va a necesitar irse. Me ha pasado, entras con gente que se tiene que ir porque no lo soporta, o gente que de repente empieza a llorar o que se abre y te empieza a contar problemas. ¿Por qué? Porque el cuadro se siente igual que tú. Cuando pasa eso, tienes que analizar, pararte a leer sobre ese cuadro, a ver qué es lo que quería decir el artista, porque ahí se produce un fenómeno casi milagroso, que es que te puedes conocer a ti mismo mejor. Te vas a sorprender porque Tú creías que no te pasaba a ti, pero este cuadro te está diciendo: esto es lo que tú sientes.

    Pablo Ortiz:

    Eso es lo más maravilloso para mí del arte, cuando tienes ese momento de conexión con una obra que te está diciendo: esto es lo que tienes dentro. Así que párate a mirarlo, porque en tu día a día solemos reprimir las emociones, especialmente si son negativas. Entonces vivimos con ese empeño en que no salga, porque tengo que hacer muchas cosas y no puedo parar. Y los cuadros son pequeños gritos de: «Para, piensa, analízalo». Y es muy importante porque si tú no te paras a enfrentarte a tus problemas, nunca los vas a solucionar. Reprimirlos lo único que hace es que se agranden, que se agranden hasta que estallan. Y por eso el arte es perfecto para gestionar eso. No hace falta saber nada de arte.

    Pablo Ortiz:

    Igual tú no tienes ni idea de quién es Goya, pero si una obra suya te está haciendo sentir, te ayuda a sacarlo fuera.

    Quique Gonzalo:

    Así que me parece un viaje precioso porque tú durante 15 años escribiendo, hablando de manera profesional sobre el arte, tenías una mirada educada y de repente llega a ti un proceso de depresión que te lleva hacia otros lugares. Me gustaría irme directamente al final Cuando ya convives con ese momento y sabes que he hecho un tránsito hacia lugares más oscuros, ¿qué has ganado en esa nueva mirada de Pablo en el arte y en la vida?

    Pablo Ortiz:

    Comprensión, saber entenderte, porque cuando la depresión es un momento en el que Todo se viene abajo y tú crees que no vas a salir de ahí, crees que nadie más se ha sentido así. Ya eso hace que te sientas incluso dices: peor porque ¿Por qué? O sea, tampoco es un pensamiento muy frecuente que dices: no estoy tan o mal, sea, hay gente que está muchísimo peor que yo, pero yo no puedo más, no puedo con nada, no puedo hacer nada. Y eso hace que te sientas aún más miserable. El arte te ayuda a darte cuenta de que no eres el único, porque hay otras personas que sintieron lo mismo, que tenían la habilidad de representarlo en imágenes visuales y lo dejaron plasmado ahí para que hoy tú lo veas y digas: no estoy solo, alguien se igual, se sentó sintió igual que yo. Y eso para mí fue Fue muy sorprendente decir: tengo un recurso aquí, como un amigo. Cuando estás deprimido, la gente no sabe cómo tratarte, pero el arte sí sabe cómo tratarte. Generalmente, cuando nos encontramos con alguien que está pasándolo muy mal, intentamos animarle, no sabemos qué decir porque en realidad es que no hay nada que decir. Y solemos ser molestos.

    Pablo Ortiz:

    Ese típico comentario de «venga, anímate», o «venga», eso es lo peor que le puedes decir a alguien que está deprimido, que ya sabe que se tiene que animar, pero no puede. Los cuadros no hacen esto, son ese amigo perfecto que te acompaña sin decir nada, que es lo que necesita alguien que está en un momento muy bajo. No te va a forzar, no te va a decir «tienes que salir, tienes que animarte», no. Está ahí como un espejo para que tú te reflejes en él, para ayudarte, para dejar que te expliques, que sientas. Y eso es muy terapéutico porque te da tu tiempo. Y para mí eso es lo que el arte me regaló. Y luego ya ahí profundizas y empiezas a ver que hay muchísimo más debajo de todo eso.

    Quique Gonzalo:

    Hay aquí algunas reflexiones que me parecen maravillosas. Para personas que puedan estar en un momento difícil de depresión, que se sientan escuchadas y que se sientan acompañadas. Lo has explicado muy bien. Y también personas que pueden estar en un momento, la culmen de su vida. Cuando empezamos a trabajar las emociones, Pablo, ¿de qué manera podemos hacer que nuestra mirada se vaya educando más en comprender cómo el arte nos ayuda a gestionar esa Hay emoción. que.

    Pablo Ortiz:

    Claro, hasta ahora he dicho el arte sin necesidad de saber nada ya te vas a conectar emocionalmente, pero cuanto más sepas mirar los cuadros, más vas a potenciar todos estos efectos. Y podemos usar, si sabemos cómo mirar los cuadros, podemos usarlos para diferentes estados de ánimo o diferentes situaciones. Y yo lo que planteo es, bueno, 3 cosas, 3, 4 cosas que hay que mirar en los cuadros, fijarse en todos ellos para entender qué es lo que nos está contando y así potenciar esos efectos. Si tú te quieres relajar, si tú te quieres animar, dependiendo de tu necesidad, tú puedes elegir el cuadro concreto porque sabes los 4 elementos que tienes que mirar. Y esos elementos son generalmente, en cuadros clásicos figurativos donde hay objetos y personas, son los objetos, es decir, fijarse muy bien en todos los objetos que hay en los cuadros, porque en el arte las cosas significan otra cosa más allá de lo que parece, tienen simbolismos. Tienes que fijarte en las personas especialmente, en sus ojos y en sus manos, si hay personajes en el cuadro, porque ellos te van a dar las claves emocionales y te van a enseñar a empatizar no solo con los personajes de los cuadros, sino luego entrenar tu empatía también en la vida. Y luego hay que fijarse en diferentes elementos inmateriales, que son luz, color, espacio y líneas, el tipo de líneas que hay en el cuadro. Estos 3 elementos: objetos, ojos y manos de las personas, y los elementos inmateriales, color, espacio, luz, líneas, es suficiente para entender muy bien el cuadro.

    Pablo Ortiz:

    Y ya dependiendo de lo que quieras, tienes que buscar un tipo de elemento o de otro.

    Quique Gonzalo:

    Yo creo que esto es maravilloso porque nos estás acompañando en un viaje en el que podemos transitar a través de esas emociones De una manera mucho más sana y guiándonos por tu mano, me gustaría hacer un pequeño viaje.

    Pablo Ortiz:

    ¿Estamos dispuestos?

    Quique Gonzalo:

    Yo creo que vamos a empezar por ese momento en el que de repente hay un pequeño chasquido, hay algo que cambia. Ya la vida no es lo que esperabas. Te deja una pareja, una nueva oportunidad de trabajo, pero de repente no la has elegido tú. Falta alguien a quien querías. En ese momento inicial en el que nos queremos enfrentar a mantener nuestra antigua realidad, ¿con qué obra nos podríamos encontrar que nos ayude a empezar a transitar ese viaje del cambio?

    Pablo Ortiz:

    Es muy personal porque a cada uno le va a conectar una, una cosa distinta. Estoy intentando pensar. Yo creo que el primer paso, yo diría que sería un paisaje. Cualquier paisaje que te guste. Hay cientos de miles. Lo primero que necesitas es entender qué está pasando. Parar, calmarte y vaciar tu mente de ruido mental. Y los paisajes están diseñados precisamente para eso, para parar y relajarnos y olvidarnos.

    Pablo Ortiz:

    Entonces, si tú coges un paisaje que te guste, puede ser soleado, puede ser sombrío, lo que más te— pones paisajes en Google, pinturas de paisaje, y eliges de todas las opciones que te dé el que más te llame la atención, y te sientas delante, Y empiezas a mirar estos elementos que he dicho, estos elementos inmateriales que hay en los paisajes. Busca la luz. Habrá un espacio en el paisaje que tenga una luz más luminosa, otro que tenga una luz más suave, otro oscuro, porque los paisajes suele haber diferentes gradaciones de luz. Busca la luz en la que estés más cómodo. Si estás de bajón porque has tenido, estás en crisis y necesitas aislarte del mundo, métete en la parte del paisaje que esté más en sombra, más tenue, más oscura, que te va a ayudar a crear ese estado mental. Luego fíjate en el espacio. Los paisajes son muy poderosos porque tienen mucho espacio vacío. Entonces permítete flotar en ese espacio vacío.

    Pablo Ortiz:

    Para eso, por eso son tan relajantes los paisajes, porque Como suelen representar mucho espacio vacío, el espacio vacío visualmente nos relaja, te permiten flotar en ese ambiente de silencio. El espacio vacío no deja de ser otra cosa que silencio. Entonces, si aprovechas ese silencio con la luz más agradable, que más se adecúe a tu estado de ánimo, vas a bajar pulsaciones y reducir los niveles de estrés y de ansiedad. Esto físicamente ocurre. Los neurocientíficos han medido los efectos que en nuestro organismo, en el cerebro, tiene mirar arte que nos gusta. Y han descubierto que si tú estás mirando un cuadro de paisaje, flotando en el espacio vacío, dejándote influir por la luz, los neurotransmisores del placer, entre comillas, se empiezan a activar. Se empiezan a subir los niveles de dopamina, Empiezan a bajar los niveles de cortisol, eso también se ha observado. Es un efecto físico parecido al de hacer ejercicio, que es tan beneficioso.

    Pablo Ortiz:

    Pues en cierta medida ocurre lo mismo. Entonces cuanto más tiempo estás inmerso en ese paisaje o en el cuadro que quieres, más vas a potenciar esos efectos, más tiempo le vas a dar a tu urbanismo a extender todo ese beneficio. Se regula el ritmo cardíaco, la respiración, todo eso. Ocurre cuando ves un cuadro. Y esos elementos nos ayudan a crear un estado mental en el que es más fácil reflexionar y olvidarse del ruido de todos estos pensamientos tan venenosos que son. Empezamos a pensar en qué mal lo he hecho, es culpa mía, debería haber hecho, tengo que hacer. Todo ese veneno que nos inoculamos nosotros mismos con nuestros pensamientos Podemos bloquearlo concentrándonos en una obra de arte que nos resulte placentera. Ese es el primer paso.

    Pablo Ortiz:

    Calma, silencio mental. Es muy— en la filosofía budista oriental se suele decir que silencia la mente y el alma hablará. Pues esto es lo que hace el arte. Determinados cuadros silencian tu mente. Físicamente te producen un efecto beneficioso para que el alma empiece a hablar, para que no haya ruido y empieces a comunicarte contigo mismo y empezar a sentirte un poco mejor y empezar a afrontar el problema.

    Quique Gonzalo:

    Me ha encantado porque yo haciendo este ejercicio en paralelo a cuando lo estabas contando y me ha venido una imagen, un paisaje a la mente. Estoy convencido que a los oyentes también les ha aparecido automáticamente un paisaje y me ha encantado porque me ha hecho sentir conectado con eso. Con lo que decías, la sensación de espacio, de oportunidad, el no negar, que me ha encantado también lo que has comentado, no negar las partes oscuras, porque es parte de la vida. Y el empezar a darme la oportunidad. Tú has hablado de un concepto que para mí es fascinante, que es el del tiempo y la concentración. Cuando vamos a los museos normalmente, yo creo que hacemos la visita a check express. Y a mí me apasiona mucho cuando te encuentras a alguien, está en una sala viendo un cuadro, tú has hecho la turna entera, y cuando vas a salir pasas otra vez por esa misma sala y te encuentras a la persona que sigue observando el mismo cuadro. Creo que tiene mucho que ver con lo que contabas ahora, la necesidad de estar presente y dedicarle foco, concentración, para que esas emociones también empiecen a aflorar de la manera correcta.

    Quique Gonzalo:

    Si tú ahora mismo nos dijeras ese paisaje que hemos imaginado, o ese paisaje que tenemos en mente de un pintor que ya sabemos cuál es, ¿cuánto tiempo de concentración nos recomendarías que estuviéramos simplemente mirándonos el uno al otro a ver qué sucede?

    Pablo Ortiz:

    Cuanto más, mejor. No hay límite. Y yo haría la prueba poniéndote unos límites loquísimos, como una hora. Es muy difícil que alguien se vaya a estar una hora, pero cuanto más tiempo estás delante, más vas a sentir, más vas a ver. De hecho, hay una técnica para aprender a ser un buen observador de arte Catedráticos de historia del arte la utilizan y se lo explican a sus alumnos. Les dicen: siéntate 3 horas delante del cuadro observando. Es una exageración, pero cuanto más tiempo estás, más cosas ves. Y estos efectos que se producen, más tiempo le das a tu cuerpo para que los haga.

    Pablo Ortiz:

    No te digo estate 3 horas, pero 10 minutos, 20 minutos, y observa. Por eso el arte nos ayuda a estar presentes, porque nos entrena a observar. Tú, cuando ves un cuadro, el problema es que lo entendemos. Tú lo miras, dice, habla de esto, lees el título, la pequeña explicación que hay en la cartela, lo entiendes, y venga ya. No, una vez que has entendido lo que quiere contar el artista, Ahí empieza todo. Ahí es cuando te tienes que parar y analizar. Y cómo me lo está contando, y qué colores, y qué siento yo ante esto. Y a observar.

    Pablo Ortiz:

    Y qué pequeños detalles, y qué me está contando con esos pequeños detalles. Y cuanto más observas, más milagros se producen en nosotros. Porque está demostrado también, esto ha sido demostrado muchísimos estudios científicos, que Cuanto más aprendes a observar un cuadro, más desarrollas tu capacidad de atención y observación. Esto se observó en médicos. Es un estudio de la Universidad de Yale de 2001. Hizo un experimento con estudiantes de medicina y les puso a la mitad de los alumnos, a un grupo de alumnos de medicina, les dio un curso de observación de arte y otros alumnos no lo hicieron. Y al final se juntaron todos y les hicieron, les pasaban fotografías de pacientes. Los que habían seguido el curso de arte fueron capaces de observar mucho mejor en las fotografías de los pacientes diferentes problemas físicos o enfermedades o signos de algún problema que los que no habían seguido el curso de arte.

    Pablo Ortiz:

    El porcentaje se elevó. Con lo cual demostraron que el arte nos ayuda a observar mejor y eso hace que veas más cosas. Y esto se puso en marcha en muchas universidades de Estados Unidos, incluso aquí en Europa y en España también se hace, sé que en la Universidad de Sevilla se hace, Se enseña arte, a observar arte a los estudiantes de medicina porque se ha comprobado que son mejores observadores a la hora de diagnosticar diferentes, en los enfermos. Y además de esto observaron que son más empáticos porque, como se acostumbran a observar el arte observando los pequeños detalles que hay en los cuadros, Aumentaron su capacidad de diagnóstico y de observación, pero al mismo tiempo, cuanto más arte ves, más empiezas a empatizar con las cosas, porque te está contando una historia dramática del personaje. Entonces ves en sus ojos, ves en sus manos un sufrimiento, una emoción, y te entrena luego para ver esas emociones en los ojos y las manos de la gente en la vida real. Y se dieron cuenta de que se producía empatía en los médicos hacia los pacientes. Esto es una revolución en el uso del arte, no solamente para los médicos, sino para cualquiera de nosotros que podemos trabajar lo que queramos: la empatía, las emociones, el estar presente, el silenciar el ruido mental. Si queremos desarrollar nuestra capacidad de creatividad, Entrenar la observación hace que podamos ver más cosas.

    Pablo Ortiz:

    La gente que ve arte ve más. Cuando entran en una habitación, han entrenado su ojo para analizar todo lo que hay. Y analizan: ¿por qué está este libro aquí? ¿Por qué ha colocado este bonsái? ¿Qué quiere decir de la persona que lo ha puesto? Cuando tú ves un cuadro, cada objeto te está contando algo. El artista, si ha gastado horas de su tiempo, que es dinero, para pintar algo, es porque te quiere decir algo. La gente que está acostumbrada a admirar arte se hace estas preguntas, dice: "¿Por qué?". Y cuando lo haces en tu vida captas muchas más cosas que los demás.

    Quique Gonzalo:

    Yo tengo que decir que después de leer El artesano hubo un ejercicio que realicé que fue tremendamente potente y valioso. Dentro de mi limitada experiencia y conocimiento artístico, Me fui a aquel pintor con el que más encontronazos tengo, porque no es mi estilo, no lo comprendo, es lo más alejado de lo que yo puedo decir que es con lo que me identifico, y es Jason Pollock. Yo recuerdo estar delante de los cuadros de Pollock y no tener una emoción de conexión. Y trabajé desde lo que tú proponías, Pablo. Desde la empatía, desde el contexto, desde el que estaba intentando transmitir en ese momento. Te puedo decir que no he conseguido que Jason Pollock sea desde luego mi pintor favorito, pero sí una conexión tremenda de repente con su obra. Algo que tenía como en un baúl oscuro cerrado, de repente ha ganado una luz, un lugar principal también —vamos a decirlo— en mi casa, en la mente de mi cabeza. Ese ejercicio de empatía, el arte es una de las mejores formas, porque Jason Pollock no se ha levantado de la tumba para pegarme dos bofetadas y explicarme su obra.

    Quique Gonzalo:

    ¿Por qué es tan sano?

    Pablo Ortiz:

    Porque no estamos acostumbrados a empatizar ni a dejarnos llevar por las emociones. Es algo que en nuestra vida diaria no nos permitimos mucho porque es peligroso. Si tú te paras a sentir, no eres productivo. Bueno, entre comillas, parece que no eres productivo. Y especialmente si arrastras problemas, pararte a analizarlos te puede hacer caer en un pozo en el que no tienes tiempo de estar. Y el arte te ayuda a sacar esas emociones y a conectar con gente que, como tú dices, que no serían en ningún caso amigos tuyos. En el caso de Pollock, por ejemplo, cuando tú entiendes que él lo que está representando con esos chorretones de pintura es el ejercicio físico, el gesto de su emoción, lo está reflejando. Él lo que hacía era que ponía sobre el suelo los lienzos Y tiraba chorretones de pintura, pero no era al azar, es una forma de dejar la huella de su gesto.

    Pablo Ortiz:

    Los gestos que hacemos son la expresión de nuestras emociones. Según tú mueves las manos es cómo te sientes, porque las manos son como la parte visible de la mente. Entonces él dice: voy a imprimir los gestos que tengo. Entonces, cuando estoy ansioso, porque tenía muchos problemas de depresión y ansiedad, para reflejar y que la gente pueda visualizar lo que es eso de otra forma, dejo todos mis gestos de ira sobre el lienzo. Y cuando tú los ves y sabes que eso es lo que pretendía, conectas con ese hombre, con ese hombre que no era precisamente buena gente, porque.

    Quique Gonzalo:

    Es.

    Pablo Ortiz:

    Famoso por haber maltratado a su mujer, es lo que comúnmente se dice, era alcohólico, era una persona muy difícil porque sufría mucho. Necesariamente no tienes que estar de acuerdo con él, pero cuando tú ves lo que hace, puedes empatizar con una persona que incluso puede ser terrible, asquerosa. En algunos casos hay artistas que son muy mala gente, pero lo que crean puedes dejar a un lado eso y sentirlo. Y te ayudan, te ayudan, te enriquecen emocionalmente. Y hay muy pocas cosas en el mundo que nos enriquezcan emocionalmente. Generalmente todo está centrado en el intelecto y se nos olvida. Y los cuadros nos ayudan a enriquecernos y empatizar con otros. Y cuando ejercitas esta habilidad de empatizar con las obras de arte, es un entrenamiento porque luego lo vas a hacer en la vida.

    Quique Gonzalo:

    Esto.

    Pablo Ortiz:

    En los experimentos que se hacen de arte pasa siempre. Empiezan utilizando el arte para diferentes propósitos, este de los médicos, por ejemplo, para observar mejor. O también hay determinadas escuelas que usan el arte para enseñar a los niños a observar. Y lo que demuestran es que con el tiempo empatizan más. Porque cuando ves arte, liberas las emociones, te conectas con ellas, y entonces luego hacen reflexiones más empáticas sobre lo que tienen alrededor. Así que yo siempre recomiendo mirar cuadros, incluso cuadros que no te gustan, intentar entenderlos, y ya verás cómo seguramente no te acaben gustando, como te pasa a ti con Pollock. A mí no me gusta Dalí especialmente, porque es tan bueno y lo aprecio, pero No me conecta emocionalmente, pero intento entender. Y en ese ejercicio de intentar entender es donde te haces mejor persona, te abres a los demás.

    Quique Gonzalo:

    Y me encanta esta reflexión que haces, porque cada uno de los artistas que he ido acompañando en el libro, me he metido un poquito en su biografía, y tengo que decir que un altísimo porcentaje era personas con grandes sufrimientos internos. Y que al finalizar sus obras era como el haber sacado todo eso durante un momento de su mente y encontrar una válvula de escape que nos ofrece a nosotros la realidad que tú nos decías, de poder volver a mirar desde ahí. Y algo que me ha sucedido con las emociones es que yo tengo un hijo ahora pequeño que tiene pues 2 añitos Y me he puesto a pintar con él momentos de diferente emoción, de dejarle sus mismas pinturas con su misma hoja en blanco. Y yo, que he sido— Bueno, mi hijo de 3 años pinta mejor que yo, Pablo, lo puedo decir. Pero me sentaba con él y yo también pintaba. Y es curioso la elección de los colores, de los trazos, de las formas, del contenido. Dependiendo de la emoción, pero era tremendamente evocador y liberador. O sea, me he encontrado haciendo ejercicios de dejarme ir y calmar un mal estado de tensión o de estrés simplemente cogiendo las mismas pinturas que mi hijo y haciendo lo que me iba saliendo en ese momento.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué es lo que sucede en nuestro cuerpo?

    Pablo Ortiz:

    Es terapéutico porque tú estás usando elementos para expresarte. Y no solemos atrevernos a expresarnos con palabras. Y esa es la gran ventaja del arte. Tú, cuando definitivamente decides que necesitas ayuda y acudes a un terapeuta, te pones delante de él y te resulta muy difícil expresar qué es lo que te pasa, qué es lo que sientes. Necesita el terapeuta mucho tiempo para para que te sueltes. Hemos aprendido que las palabras son muy poderosas y no lo hacemos. Pero pintar, coger un color u otro, o hacer una línea de una forma o de otra, es un tipo de comunicación. El color que eliges lo eliges por una determinada emoción que quieres comunicar, pero no eres consciente de ello.

    Pablo Ortiz:

    Tú no sabes Que si coges este rojo y haces líneas oblicuas y ángulos muy afilados, estás comunicando estrés o una angustia interior, pero lo estás haciendo. Pero algo dentro de ti necesita comunicar eso. Por eso la gente que se libera a través de la creación artística o observando cuadros siente esa conexión, se desahoga. Tú lo que estás haciendo cuando te pones a dibujar, los niños lo hacen instintivamente porque no han aprendido que la comunicación verbal es una y cosa que la comunicación a través de imágenes o gestuales es otra. Para ellos es todo comunicación. Todavía no tienen esos sesgos que nosotros tenemos. Entonces, cuando pintan, se comunican libremente No tienen ni idea de técnica, pero eligen para expresarse sin saber expresar diferentes emociones. Y cuando tú como adulto lo haces, estás haciendo exactamente lo mismo.

    Pablo Ortiz:

    Estás liberando emociones que tienes ahí reprimidas y que no te atreves a soltar verbalmente. Eso puedes hacerlo creando obras y puedes hacerlo viendo. Y puedes— dejarte llevar por las emociones que te plantea un artista con los colores que está utilizando. Y lo que ocurre con el arte es que, como no eres consciente de que en realidad lo que estás haciendo es explorarte a ti mismo, te lo permites. A ti te dicen: cuéntame, siente cuál es tu problema, exprésame todo ese dolor que tuviste por tu divorcio. O el día que te echaron, o cuando te dejó tu pareja. Cuéntamelo. No lo— es difícil, te va a costar, ¿no? Te avergüenzas, no lo quieres ni siquiera, no contárselo a otra persona, ni siquiera quieres pensarlo y analizarlo contigo mismo.

    Pablo Ortiz:

    Cuando estás delante de un cuadro vas a expresar estas emociones, vas a dejarlas salir. Porque no te das cuenta de que en realidad estás analizándote a ti mismo. Tú te pones delante del cuadro de Friedrich que me has comentado antes, de ese hombre que está sobre la montaña mirando el mar de nubes, todo ese paisaje grandioso, que está de espaldas, no sabes cómo se siente, pero tú proyectas tu emoción en ese hombre, eres tú, porque lo tienes de espaldas, lo que él ve es lo que tú ves. Entonces te conviertes en él y empiezas a sentir, a dejar salir todas esas cosas que te te niegas vas a explorar. Te has olvidado de que cuando estás viendo el cuadro estás explorándote a ti mismo. Crees que estás viendo un cuadro. Esa mediación que hace el arte entre nosotros y el mundo exterior para dejar salir toda esa porquería que vamos acumulando es una de las partes más poderosas que tienen los cuadros. Proyectamos nuestras emociones en ellos.

    Pablo Ortiz:

    Viendo el cuadro de Friedrich, vas a ver a un hombre que se siente de una forma, y yo voy a ver a un hombre que se siente de otra. Como no tiene cara, no sabemos qué emoción hay ahí. Si tú estás deprimido, vas a ver un hombre atormentado. Si tú estás en un momento especialmente positivo, vas a ver energía. Vas a proyectar lo que tienes dentro, y cuando proyectas lo que tienes dentro en un cuadro El cuadro te empieza a decir: hola, esto es lo que te pasa. ¿Qué ves aquí? ¿Ves un hombre triste? Pues estás proyectando tus emociones ahí. Esto es como el test de Rorschach famoso. El terapeuta te pone imágenes negras que no son nada, y lo que tú ves le da ¿no? pista, Pues esto es una cosa muy parecida.

    Pablo Ortiz:

    Lo que tú ves es lo que tienes dentro porque lo estás proyectando ahí. Y por eso el arte nos permite comunicarnos con nosotros mismos de forma que no lo solemos hacer. Y si vas con alguien más al museo, podrás incluso empezar a comunicárselo a otra persona. Porque a mí me ha pasado muchas veces en estos tours emocionales que hago por los museos, gente que tiene problemas, pero durante toda la visita no abre la boca, no dice nada. Y de repente entras a— en el Prado, por ejemplo, pasa mucho en la sala de las pinturas negras. Entran ahí y se vienen abajo. Y todas esas murallas que han construido para no dejar expresar sus emociones se caen y empiezan a contarte. Y te empiezan a hablar instintivamente y sincerarse sobre problemas que probablemente no le hayan contado a muchos de sus familiares.

    Pablo Ortiz:

    Porque el arte está mediando y les está permitiendo sacarlo fuera.

    Quique Gonzalo:

    Me parece que es una de las mejores experiencias que podemos empezar a tener, que es ese cuadro que hemos imaginado al principio, incorporarnos nosotros de la manera que sea para ver cómo sería ese cuadro, qué nos está transmitiendo de cómo somos. Porque es un lugar muy seguro, es un lugar desde el cual podemos empezar a actuar y tomar decisiones de saber acompañarnos con el arte. Hemos hablado antes de ese lugar en el que empezamos un punto de cambio porque sucede algo, ¿cuál es ese punto, esa obra de arte que nos pueda ayudar en el rebote? Desde aquí ya salgo hacia arriba, una obra reconfortante que te ayude a empujarte con energía, a darte vida.

    Pablo Ortiz:

    Pues mira, por ejemplo, la de la portada del libro, que es un cuadro de Jules Breton, francés, siglo XIX, es El canto de la alondra. Es un cuadro que yo lo he elegido precisamente porque es esperanza. No es un cuadro necesariamente alegre, pero es un cuadro que incluso en los peores momentos te da esa energía, esa motivación, esperanza, que es la palabra clave que nos da el arte. Es una campesina, lo que está pintando es una mujer que al amanecer Sale de su casa para trabajar durante todo el día en el campo. Va descalza, va con la hoz en la mano. Le espera un día, una jornada de verano abrasadora. Está muy morena porque trabaja mucho, las manos muy, muy callosas, se nota. Es una dura, una vida muy dura de alguien que se levanta de noche para trabajar todo el día hasta que se vuelve a hacer de noche.

    Pablo Ortiz:

    Y mientras está de camino, como vamos nosotros muchas mañanas, en ese momento, en el peor momento del día, de Otra vez. De repente pasa una alondra, que es este pájaro que solo canta cuando está volando. Entonces, el canto es súper efímero, pasa, lo oyes cantar un momento y se para y tiene la mirada perdida en el espacio vacío, escuchando. Y ves la luz del amanecer, puedes sentir el frescor del rocío de la mañana de verano, el pájaro que pasa con ese canto, ese ambiente en el que por un segundo merece la pena seguir vivo. Esa mujer que tiene una vida durísima, que trabaja de sol a sol simplemente para sobrevivir, sin perspectivas, tiene ese segundo por la mañana de merece la pena. Es súper breve, nos está diciendo La felicidad son momentos ultra breves, cortísimos. En general, la mayor parte de nuestra vida no es tan alegre, es sufrimiento, podríamos decirlo desde un punto de vista pesimista. Pero este cuadro nos muestra que, a pesar de todo, hay esperanza si sabes darle valor a esos pequeñísimos momentos.

    Pablo Ortiz:

    Esto te hace que, por muy mal que lo estés pasando, te reconforta, te da energía.

    Quique Gonzalo:

    Me acabo de conectar tremendamente con lo que estabas diciendo, porque encuentro que hay algo que es fundamental en lo que nos estás transmitiendo en este caso, Pablo, que es contemplar la esperanza, que el arte— incluso hablabas de las pinturas negras Es esperanza. Nuestros ojos son los que van a transformar también ese viaje. Como comentábamos, tú has pasado por un proceso emocional profundo, difícil, como es el de la depresión. Si tú ahora tuvieras aquí mismo un lienzo en blanco y con tu arte dibujaras algo, ¿Cuál sería ese dibujo que aparecería en ese lienzo?

    Pablo Ortiz:

    Dibujaría muy poquitas cosas para dejar mucho espacio vacío, para regalarle el silencio a quien lo mire, que es una cosa valiosísima, hay muy poco. Y yo creo que dibujaría simplemente un horizonte con luz brillante en el horizonte. Paisaje con muy pocas cosas, pero ese horizonte. Para mí, una de las cosas en las que más me fijo en los paisajes es el horizonte, porque es el espacio más lejano, donde hay un más allá. Y en ese más allá que no ves, pero que está ahí, ahí está la esperanza. Tú lo que tienes aquí delante, lo que tú ves, lo que es, lo que conoces y lo que tú crees que es tu vida. Y si estás en un momento bajo, crees que es lo peor y que no vas a poder salir de este mundo que tienes. Pero si miras al horizonte, detrás de las montañas, más allá del horizonte, hay otra cosa que tú no ves, pero que está ahí.

    Pablo Ortiz:

    No necesariamente lo que tú crees que es, es la realidad. Hay esperanza de que todo puede cambiar. Puede ser que te vayas al otro lado físicamente y encuentres una nueva vida, pero puede ser que El horizonte simboliza que hay algo más allá de lo que tú piensas que es tu vida. Que generalmente en estos procesos negativos lo vemos todo desde un punto de vista tremendista, todo es lo peor y nada va a ir bien. Pero el horizonte te dice que siempre hay algo que puede cambiar, todo pasa. Es otra cosa de la que habla mucho el arte. Esto también pasará, todo pasa, todo es un ciclo y por lo tanto No te tienes que desesperar, tienes tu alondra, en cualquier momento vendrá a cantar.

    Quique Gonzalo:

    Me ha encantado porque ahora me he imaginado la alondra y de fondo esa línea del horizonte de la esperanza del presente a la esperanza del futuro. Hay alguien que te quiso dejar una pregunta y es en el episodio 396.

    Quique Gonzalo:

    El filósofo David Vico.

    Quique Gonzalo:

    La pregunta que te quiso dejar en este caso, Pablo, es: ¿Cómo sabes que no puedes ser amigo de todo el mundo y qué haces para elegir tus amistades?

    Pablo Ortiz:

    Sé que no puedo ser amigo de todo el mundo porque somos distintos y hay personas que no te hacen bien. Eso es importante saberlo porque yo he encontrado mucha salud mental cuando me di cuenta de eso. De que es cierto que hay que empatizar con todo el mundo, intentar entender a los demás y respetarlos, pero hay personas que es mejor no, que no te hacen bien por lo que sea. No es necesariamente dejarlas de lado o tratarlas mal, simplemente tienes que elegir las personas que te rodean porque la gente con la que convives te hace como persona, o sea, te influye muchísimo. Y hay personas que a mí me generan ansiedad, por ejemplo, porque, bueno, por su forma de ser, hay mucha actividad, o por lo que sea. No es negativo y no tienen por qué cambiar, pero a mí no me hacen bien porque soy una persona muy sensible. Entonces me contagio de ese estado de ánimo, por lo tanto Yo sé que no puedo ser amigo de todo el mundo, puedo llevarme bien con todo el mundo, pero hay que elegir muy bien a las personas que te hacen bien. Y analizar qué tipo de gente me hace bien y alejarte de las que te hacen mal.

    Pablo Ortiz:

    Que hay muchas veces que cometemos el error de empeñarnos en mantener una relación con alguien que no te hace bien. Porque es incompatible con tu forma de ser. Si tú eres una persona que necesita silencio y mucha calma, no puedes estar con alguien que tiene muchísima actividad y tienes que mantener las distancias porque si no— ¿Cómo elijo a mis amigos? Yo los elijo porque me hacen sentir bien. Y eso es algo que no puedes analizar. Tú cuando estás con alguien, si te hace sentir bien, acércate. Porque de esto habla, por ejemplo, Calder, en las esculturas de Calder, que son estos móviles que se mueven con el Lo aire. que nos está diciendo es que todo lo que te rodea te transforma. Tú ves esa escultura y con un mínimo soplo de viento se mueve y cambia para siempre.

    Pablo Ortiz:

    La está transformando el clima, el ambiente cambia la escultura igual que nos cambia a nosotros. La gente con la que te rodeas, el clima de la ciudad en la que vives, la casa en la que estás, lo que lees, la música que escuchas, todo te está transformando continuamente. Así que es muy importante elegir qué libros lees, ¿Qué música escuchas? ¿Qué comes? ¿A dónde viajas? Y ¿con qué gente vives? ¿Qué te siente bien? Porque si no, no acabarás de encontrarte.

    Quique Gonzalo:

    Grandísima reflexión, Pablo. ¿Y qué te gustaría preguntar a la próxima invitada o invitado de este podcast?

    Pablo Ortiz:

    Es una pregunta que a mí me genera mucha curiosidad en todo el mundo. Siempre me pregunto ¿Cuál fue la última vez que lloraste delante de una obra de arte? No es necesariamente llorar a borbotones, ¿vale? La última vez que te emocionaste mucho delante de una obra de arte. ¿Y qué obra fue? Y valen cuadros, vale teatro, vale cine, obra de arte en general.

    Quique Gonzalo:

    Me gustaría hacerte una última pregunta antes de pasar al test de Kenzo. De todos los pintores que han existido a lo largo de la historia de la humanidad, si pudieras sentarte un rato a conversar con uno de ellos, ¿con quién te gustaría aprovechar esa oportunidad y qué le preguntarías?

    Pablo Ortiz:

    Con Goya. Y le preguntaría por qué eras tan sincero en tus obras. Porque muchas veces él era un pintor clásico, de corte, él tenía que pintar lo que el rey, los nobles, los ricos le pedían. Sin embargo, se empeñaba en pintar, en esconder mensajes.

    Quique Gonzalo:

    Ese perro.

    Pablo Ortiz:

    Sí, exacto. Entonces yo decía, a mí me fascina cómo, por qué eras tan sincero sabiendo que te estabas jugando tu carrera. Como de hecho le pasó, tanta sinceridad acabó en el ostracismo. Me encantaría.

    Quique Gonzalo:

    Pablo, para terminar, cuestionario Kenzo: ¿cuál es la regla de Pablo para vivir mejor?

    Pablo Ortiz:

    Calma, siempre mantener la calma. Solo en calma puedes pensar y tomar buenas decisiones. Fundamental.

    Quique Gonzalo:

    Si pudieras compartir un solo aprendizaje de todo lo que has vivido hasta ahora, ¿cuál sería?

    Pablo Ortiz:

    Todo pasa.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cómo se titularía tu biografía?

    Pablo Ortiz:

    No tendría título, no escribiría una biografía.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué cuadro tendría entonces?

    Pablo Ortiz:

    Un paisaje japonés de estos, un biombo de estos japoneses que son prácticamente todo niebla. Se ven algunas montañas, algunos árboles, es calma total.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuál es el libro que más has regalado?

    Pablo Ortiz:

    No suelo regalar libros, la verdad, pero si tuviera que elegir, me resulta muy difícil regalar libros, pero sería un libro de Goya, de Tomlinson, una de las mayores expertas en Goya.

    Quique Gonzalo:

    ¿A quién te gustaría o te hubiera gustado conocer?

    Pablo Ortiz:

    A Patinir. Es un artista flamenco que me gusta mucho y me gustaría saber por qué hacía lo que hacía.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué canción pones a todo volumen para subir el ánimo?

    Pablo Ortiz:

    Generalmente es un género, me da igual qué autor, pero sorprendentemente me anima muchísimo la música techno. Cualquiera diría: "Uy, este hombre que habla de arte se pondría música más erudita". La música tecno, me activa muchísimo. No hay que tener vergüenza, a todos nos gustan músicos, cantantes que no son muy sofisticados, pero hay que reconocerlo y dejarse animar por ellos.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuál ha sido la pregunta más interesante que te han hecho?

    Pablo Ortiz:

    ¿Cómo estás?

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué se te viene a la cabeza cuando piensas en la felicidad?

    Pablo Ortiz:

    Que no existe.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué película volverías a ver cada año?

    Pablo Ortiz:

    Suelo ver las dos películas que más he visto, son muy contradictorias. Por un lado, Love Actually, que tiene mi lado más sensible, y por otro, El gran Lebowski, que tiene mi lado más absurdo. Creo que cubre todas mis necesidades emocionales.

    Quique Gonzalo:

    Si tuvieras que dejarte un mensaje para tu yo del futuro, ¿qué te dirías?

    Pablo Ortiz:

    No es tan importante.

    Quique Gonzalo:

    ¿A quién te gustaría invitar para que fuese la siguiente persona que se sentase en este podcast de Kenzo?

    Pablo Ortiz:

    Me encantaría escuchar en una conversación así sincera No va a ser posible. Al rey. Elijo al rey porque, como ejemplo de persona que no puede hablar libremente, no puede decir lo que— Yo creo que si se sentara aquí y tuviera la libertad de— Me encantaría saber lo que piensa de tantas cosas. A ver si lo consigue.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista, Pablo?

    Pablo Ortiz:

    Dándonos la mano y tranquilamente sonriéndonos y deseándonos lo mejor.

    Quique Gonzalo:

    Te deseo todo lo mejor, Pablo. Muchísimas gracias, ha sido un placer.

    Pablo Ortiz:

    Gracias a ti.

    Quique Gonzalo:

    Durante una infancia en Vitoria donde todo empezó con un niño ante un cuadro, sin saber aún nada, pero siendo ya capaz de sentir algo que te mueve por dentro con el arte, Así es como Pablo Ortiz nos confiesa que sigue mirándolo, no solo el arte sino la vida, como quien busca el primer destello de asombro, porque esa conexión instintiva es la semilla de un viaje que después encontró nombre y sentido en las clases de historia que da. Y desde entonces nunca ha dejado de enamorarse ni de enseñarnos a mirar. El hilo central que ha cosido esta conversación y su reciente libro es la capacidad del arte de transformar transformar y sanar. Para Pablo, el arte no es solo belleza, es profundamente humano porque es todo aquello que te mueve por dentro, aunque sea incómodo, incluso aunque ni siquiera fuera intencionado. La autenticidad, la vulnerabilidad, nutren cada una de sus palabras cuando nos dice que el arte es la transformación de un objeto, de un ente, de un sonido, en una acción, en una reflexión, en algo que te cambia y ojalá te hace mejor. Ahí ese anhelo de encontrar sentido y empatía, y también esperanza. La mirada de Pablo es una invitación a la pausa y a la presencia, y nos ha dejado 4 claves para mirar el arte y, por tanto, la vida: la de observar los objetos y sus símbolos, la de mirar a los personajes, especialmente a sus manos y a sus ojos, la de dejarse envolver por la luz y el color, y la de habitar los vacíos, porque el espacio vacío no es otra cosa que silencio, y el silencio es necesario para escuchar al alma. Con humildad reconoce el valor de ser mediador entre ese vínculo que aparece entre el artista y quien contempla su obra, como si les presentara y permitiera una conexión que atraviesa tiempo y espacio.

    Quique Gonzalo:

    Quizá la metáfora más poderosa que nos regala es la del horizonte, siempre visible, nunca alcanzable del todo. Podemos mirar el horizonte horizonte al y saber que hay algo más allá, aunque no lo veamos. Y ahí reside la esperanza. Incluso una escena cotidiana, como el cuadro de Jules Breton, donde esa campesina escucha a la alondra al amanecer, puede ser un recordatorio de que la felicidad son los momentos breves pero suficientes para seguir vivos. Gracias, Pablo, por enseñarnos que la calma es una regla de vida y el arte una herramienta para estar presente, por recordarnos que todo pasa, incluso el dolor más intenso, por transformar cada mirada hacia un cuadro en una oportunidad terapéutica, por mostrarnos que las emociones reprimidas encuentran en el arte un canal seguro para salir, por ayudarnos a entrenar la empatía, la capacidad de observación, y por inspirarnos a no tener miedo a mirar lo que llevamos dentro. Nos invita a usar el arte y la la vida, para silenciar el ruido y regalarnos esos instantes imprescindibles de conexión. Y como siempre, terminamos con un nuevo hábito KENSO: busca tu horizonte cada día, porque incluso en el silencio y el vacío, el arte siempre te trae esperanza.

 

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Jeroen Sangers

Anfitrión del Canasto. Mentor artesano especializado en la Efectividad 2.0 para personas y equipos de trabajo.

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