El arte del autocuidado

Hazte fan de ti antes de buscar tu propio club de fans.

Episodio 409

¿Y si el problema no fuera la falta de confianza, sino que llegas tarde a tus propias conversaciones?

Llegas detrás de una pregunta que ya entró antes que tú: ¿les voy a gustar? Esa pregunta no espera. Se instala, ocupa parte del espacio, y mientras está ahí no estás del todo tú.

Hoy hablamos de dónde viene esa pregunta, de lo que le cuesta a tu liderazgo, a tus amistades y a ti mismo, y de qué cambia cuando aprendes a hacerle la pregunta al revés.

 

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Índice del programa

  • (00:00) ¿Les voy a gustar? El inicio de la autovalidación

  • (02:47) La aprobación externa: historias y mecanismos invisibles

  • (04:14) Sociómetro y autoestima: la tribu en la reunión

  • (06:39) Empatía vs. necesidad de aprobación: desenredando conceptos

  • (09:20) Confianza, dependencia y el arte de no gustar a todos

  • (12:01) El autocuidado profundo y la diferencia entre pertenecer y encajar

  • (17:12) Amistades auténticas frente a relaciones de validación

  • (22:05) El giro de Gary Oldman: cambiar la pregunta

  • (24:18) Liderazgo y validación: calidez, confianza y cultura de equipo

  • (27:46) El discurso del rey: encontrar la propia voz

  • (30:39) ¡Nos escuchamos muy pronto!

 
¿Me gusté yo en esa conversación?
 

Recursos mencionados

 
  • Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí.
    Disculpa, si lees algún error en la transcripción.

    Quique Gonzalo:

    ¿Y si el problema no fuera la falta de confianza sino que llegamos tarde a nuestras propias conversaciones? Llegamos detrás de una pregunta que ya entró antes que la tuya. ¿Les voy a gustar? Esa pregunta no espera. Se instala, ocupa parte del espacio y mientras está ahí no estás del todo tú. Hoy hablamos de dónde viene esa pregunta de si les voy a gustar a los demás, de lo que le cuesta a tu liderazgo, a tus amistades y por supuesto, a ti. Y también de qué cambia cuando aprendes a hacer la pregunta al revés.

    Jeroen Sangers:

    Bienvenidos a nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubrirás cómo vivir con efectividad para ser más feliz. Hoy exploramos uno de los patrones más silenciosos y más costosos que existen en el mundo del liderazgo y de las relaciones, que es la necesidad de aprobación externa como brújula para saber si estamos bien. Una necesidad tan normalizada que casi no la vemos y tan agotadora que cuando la reconoces no puedes creer que llevas años viviéndola sin preguntarte si realmente quieres seguir haciéndolo. Yo soy Jeroen Sangers, aprendiz en entrar a las reuniones con una opinión propia en lugar de salir a ellas con la opinión de los demás.

    Quique Gonzalo:

    Y yo soy Quique Gonzalo, aprendiz en distinguir cuándo me importa lo que piensa alguien porque valoro su criterio y cuándo me importa porque necesito que me quiera. Así que yo creo que vamos a ir desmontando ese mecanismo que en cierto modo nadie nos enseñó a ver y y que afecta mucho en nuestro día a día, el autocuidado de entender porque muchas veces nos preocupamos más de si les vamos a gustar a los demás que si de ellos nos gustan a nosotros. Esto viene porque, y luego lo comentaremos un poco más adelante, un compañero de KENSO, Raúl Hernández, escribió en su blog La Senda una reflexión a la que luego haremos referencia. Y me hizo reflexionar mucho. Me recordó una historia de hace unos cuantos años donde me invitaron a participar en un congreso donde había referentes del primer nivel. Era un evento al que van personas conferenciantes a los que yo respecto en el sector y de hecho respondí que sí, siquiera antes de colgar. Lo que sucedió es que los días siguientes, preparando ya la conferencia, llegó algo que no esperaba. Era la incomodidad de darme cuenta de que no tenía del todo claro por qué había dicho que sí, no por el contenido, no porque tuviera algo específico que aportar a ese público en ese momento.

    Quique Gonzalo:

    Lo había dicho porque necesitaba que ese evento me confirmara que yo también podía ser un conferenciante de referencia. Así que el criterio central no era qué puedo aportar aquí, era ¿Qué me va a aportar aquí para que me hayan invitado? Y preparó una presentación que yo, de hecho, tengo que reconocer que no sentía que fuera genuinamente mía. Era la presentación que yo creía que esa audiencia era la que quería escuchar, la que quería ver, en la que quería participar. Al final, oye, funcionó. Hubo aplausos. Lo que sucede es que en el coche de vuelta a casa, feliz, radiante, después de que todo eso hubiera salido hacia adelante, me di cuenta de algo que durante muchos años, mucho tiempo, me ha marcado, y es que no sentía lo que esperaba sentir porque la validación que yo buscaba llegó y no era suficiente. Y es que de hecho, nunca lo

    Jeroen Sangers:

    es lo que conozco. Y además eso, lo que tú escribes, Kike, tiene un nombre. El psicólogo Mark Leary de la Universidad de Duke, desarrolló en el año 95 del siglo pasado lo que llamó la teoría de sociómetro, que la autoestima no es una evolución privada de cuánto valemos, es un barómetro social. Evolucionó para medir en tiempo real hasta qué punto pertenecemos a un grupo. Y esto, en la sábana africana cae mal al tribu en una amenaza de supervivencia. Y por tanto el cerebro desarrolló un sistema de alerta, que son señales de rechazo, disparan al malestar, señales de aceptación, permiten descansar. Que es un mecanismo brillante para grupos pequeños de cazadores recolectores.

    Quique Gonzalo:

    Y ahí está el nudo gordiano de todo esto, y es que ese sistema funciona. Y funcionaba bien cuando nos jugábamos la vida física en cada interacción. ¿Qué sucede? Que hoy en una reunión con ocho personas que te conocen desde hace años, aunque tú no lo creas, funciona igual. Como si cada sala fuera la tribu y cada mirada de desacuerdo, una amenaza de expulsión de la tribu. Y entonces es cuando nuestra cabeza comienza a procesar señales que no pediste. Oye, ¿Sonrió esa persona cuando comenté esto? ¿Y por qué no respondió al correo electrónico hasta el día siguiente qué pasó? ¿Por qué en la última reunión me pareció que estaba distraída cuando era mi turno y estaba hablando?

    Jeroen Sangers:

    Sí. Y lo que conviertes en un problema de fondo es que el sistema es automático, no decides activarlo, simplemente está allí haciéndote preguntas que tú no has formulado y respondiendo con datos sobre si eres suficiente. Y esa respuesta llega antes de que tengas tiempo de preguntarte si la interpretación tiene algún sentido.

    Quique Gonzalo:

    De hecho, Tara Brach, la psicóloga y autora de Aceptación Radical, un libro que yo recomiendo, llama a ese estado el trance of unworthiness, es decir, el trance de la insuficiencia. Y es que no es una convicción consciente de que no vales, más bien es como una niebla de fondo que que exige confirmación externa para mantenerse a raya. Y lo que hace tan difícil salir de esa niebla no es su intensidad, sino su disfraz. Y es que la mayoría de las personas que la viven no sabemos a veces que estamos dentro de ella. La podemos confundir con otra serie, por ejemplo de sensaciones o de emociones. Yo soy muy empático o que soy muy sensible o es que soy una persona muy humilde y me gusta estar pendiente de los demás.

    Jeroen Sangers:

    Sí, yo creo que la confusión más frecuente tiene nombre Empatía. Hay una diferencia enorme entre preocuparte por cómo se siente alguien y necesitar que esa persona te apruebe. Que la empatía mira hacia afuera para entender la necesidad de aprobación, mira hacia afuera para nutrirse. Una suma al otro y la otra lo usa sin saberlo.

    Quique Gonzalo:

    Yo creo que es clave que nos quedemos con una idea y es que necesitar que te quieran no es empatía, yo diría que es más bien inseguridad con buena reputación. Porque cuando la empatía mira hacia adentro, ahí sí que podemos ver algo más de egoísmo, de inseguridad. Cuando la empatía mira hacia el bien mayor y mira hacia afuera, ahí es cuando encuentra su parte genuina, honesta y de gran valor.

    Jeroen Sangers:

    De hecho hay una realidad que conviene encargar sin rodeos porque es la que más libera cuando lo ves con claridad y es eso, es imposible que ven a todo el mundo. Y lo digo no como consuelo, no como perspectiva optimista sobre la diversidad humana, lo digo como hecho.

    Quique Gonzalo:

    De hecho yo creo, Jeroen, que tenemos algo que es claro, yo no conozco nadie que caiga bien a todo el mundo. Lo que sucede es que hay una distancia enorme entre saberlo en abstracto y que lo integremos de verdad. Porque si yo lo hubiera integrado no seguiría rumiando esa conversación de hace tres días en la que tuve la sensación de que no conseguí conectar con esa persona como yo quisiera, o tú no seguirías ajustando tu forma de escribir los correos según quién los va a leer. No para ser más claro, sino para gustar más. Es esa sensación de no seguir saliendo de ciertas reuniones calculando si dijiste algo que no debiste decir.

    Jeroen Sangers:

    La investigación también es consistente en esto. Cuando intentamos gustar a todos, no conseguimos gustar más. Conseguimos gustar menos y de forma menos auténtica. Adam Grant, psicólogo organizacional de Wharton, lleva años estudiando los perfiles de rendimiento en entornos profesionales. Uno de sus hallazgos más incómodos es que las personas con alta amabilidad, los que dicen sí con facilidad, los que evitan un conflicto, los que ajusten su posición según lo que perciben que el otro quiere escuchar, estas personas no generan más confianza, generan más dependencia. Y la dependencia no es lo mismo que la confianza.

    Quique Gonzalo:

    Me gusta este matiz porque la diferencia es sutil, aunque crucial al mismo momento. La confianza lo que nos dice puedo contar con esta persona para que me diga la verdad. Sin embargo, la dependencia lo que nos dice esta persona nunca me hará sentir mal. Hay que fijarse que son cosas distintas y solo una de las dos nos sirve. Cuando la situación se pone difícil, hay

    Jeroen Sangers:

    un plano aún más básico en el que la matemática falla. Las personas somos distintas. Cada persona es un mundo. Tenemos estilos de comunicación distintos, valores distintos, sentidos de humor distintos, ritmos distintos. Y lo que para una persona es ser directo, esta franqueza que se agradece, para otro es brusquedad que incomoda. Lo que para una persona es entusiasmo, energía que contagia, para otro es ruido que agota. No hay forma de ser suficientemente adaptable para que todo eso encaje en todo mundo a la vez sin dejar de ser nadie.

    Quique Gonzalo:

    Yo creo que es donde nos tenemos que plantear algo fundamental a partir de ahora, y es que no gustarle a alguien no es un fracaso. Puede ser simplemente información de cómo somos nosotros y cómo es la otra persona.

    Jeroen Sangers:

    Y esta información, vista sin drama, es útil porque te dice que hay lugares donde encajas con más naturalidad y lugares donde encaja requiere un esfuerzo que no debería ser permanente. Y eso te libera de la ilusión de que hay una versión de ti lo suficientemente pulida para ser universal.

    Quique Gonzalo:

    Claro. Y cuando somos capaces de verlo de esta manera, algo se va desestructurando, algo se va aflojando, algo deja de apretarnos tanto. Y es que empezamos a dejar de gastar energía en convencer a quien no está convencido. Y empezamos a invertirla en profundizar con quien sí está. Que de hecho, es donde, por cierto, ocurren las cosas que importan. Yo creo que el autocuidado es algo que nadie nos ha explicado, en cierto modo. Y es donde me gustaría traer el concepto de por qué creo que lo hemos reducido a algo que no es. Y es que parece que el autocuidado se ha convertido en sinónimo de pausa, de ritual de bienestar, de descanso reparador.

    Quique Gonzalo:

    Y todo eso, por supuesto, contiene un gran valor. Lo que sucede al mismo tiempo, es que hay una forma de autocuidado más profunda, más exigente y, desde luego, mucho menos visible. Y es la de construir una relación contigo misma, contigo mismo, que no dependa de la validación externa para mantenerse estable y que no se rompa cada vez que alguien no te responde como esperabas.

    Jeroen Sangers:

    Y la trampa es que el autocuidado superficial, esta pausa, este ritual que has comentado, puede convertirse en otra forma de rendimiento. Te tomas a descanso para volver cagado y seguir siendo la persona que todos necesitan que seas. Te cuidas para poder seguir gustándole a todos los demás, no para poder preguntarte si ellos te gustan a ti. Es autocuidado al servicio del sociómetro.

    Quique Gonzalo:

    En comparación, si pensamos en ese autocuidado real, veremos que nos dirige en una dirección distinta. Brené Brown, de quien vamos a reseñar un libro, Imperfección en KENSO Círculo, que, por cierto, si te quieres apuntar a esta comunidad maravillosa de KENSO Círculo, ya sabes que te esperamos ahí. KENSO.es/circulo. Brené Brown, en su investigación sobre la vergüenza sobre la pertenencia, recogida en este mismo libro que vamos a reseñar, el de los dones de la imperfección, hace una distinción que llevamos años utilizando en los talleres. Brené Brown dice que hay diferencia entre pertenencia y encajar. Encajar es evaluar una situación y convertirte en quien necesitas ser para ser aceptado. La pertenencia no requiere que cambies quién eres.

    Quique Gonzalo:

    Requiere que seas quien eres. Y no son versiones del mismo deseo, son opuestos. Encajar lo que nos dice cambio para que me acepten, pertenecer me presento como soy y dejo que la afinidad ocurra o no.

    Jeroen Sangers:

    Y hay una prueba muy sencilla para saber en qué modo estás en cada momento. Simplemente pregúntate ¿Cambiaría lo que acabo de decir o lo que voy a decir si supiera que la otra persona no me puede juzgar? Si la respuesta es sí, no estás en modo autocuidado, estás en modo sociómetro. Estás ajustando la versión de ti que presentas en función del veredicto de que anticipas.

    Quique Gonzalo:

    Es clave que antes de gustarte a ti tienes que conocerte. Y conocerse es la parte que nadie anuncia porque es conocernos en lo bueno y en lo malo y reconocernos en lo mejor y en lo peor que cada uno de nosotros llevamos dentro.

    Jeroen Sangers:

    Sí, efectivamente, conocerse no es un proceso cómodo porque implica ver los patrones que preferirías no ver, las situaciones en las que te haces pequeño, las personas ante las que cambias sin darte cuenta La diferencia entre la versión de ti que aparece cuando el ambiente es seguro y la versión que aparece cuando crees que te están evaluando.

    Quique Gonzalo:

    Y ahí es donde vemos que el autocuidado real es el trabajo de poder reducir esa distancia, de poder construir una base interna tan sólida como para que no necesitemos que cada sala de reunión, que cada persona, que cada nuevo cliente te confirme que eres suficiente. Porque si esa base no existe, lo que vamos a hacer es entrar a cada sala reunión, a cada persona, a cada nuevo cliente en modo ensayo. Y en modo ensayo no lideramos, no nos relacionamos, no estamos presentes. Quien entra a una conversación preguntándose si gusta, ya no está en la conversación, está en un ensayo.

    Jeroen Sangers:

    Y en modo ensayo no puedes evaluar nada con claridad, no puedes escuchar, ¿Verdad? Porque estás demasiado ocupado monitorizando cómo calles y no puedes decidir con criterio porque el criterio está secuestrado por la pregunta de si vas a gustar Y por tanto la conversación existe para ti solo cuando dejas de necesitar que te validen. Y esto es todo muy interesante, pero yo como siempre, quiero bajar esto al plano de las amistades porque es donde se ve con más claridad y más honestidad.

    Quique Gonzalo:

    Sí, porque yo creo que aquí Jeroen, esto lo podemos llevar a esas amistades que no necesitan justificación. Hace poco, en una de las conversaciones con David, hablábamos de Montaigne, el ensayista francés del siglo XVI, que yo creo que escribió el texto más honesto que yo conozco sobre la amistad. Y cuando le preguntaban por qué su relación con Étienne de La Boétie era tan profunda, y ojo que fue tremendamente corta, pero intensa, porque falleció muy joven, era tan distinta de cualquier otra que él hubiera tenido, que Montaigne respondió con seis palabras que siguen siendo para mí las más precisas que se han escrito sobre el tema. ¿Por qué era él, por qué era yo?

    Jeroen Sangers:

    Sin justificación, sin mérito acumulado, sin lista de razones.

    Quique Gonzalo:

    Y esto me viene a colación porque hace poco con una amiga entrábamos en una disyuntiva en lo que cada uno entendíamos por amistad. Porque mi forma de relacionarme en la amistad era diferente de la suya. ¿Cuál era mejor? Ninguna de las dos, porque cada uno tenemos ese arte del autocuidado que permite que tengamos una definición de esta parte de amistad. Para mí lo que hace que esa frase sea tan poderosa es lo que no dice, porque no dice porque me apoya, porque está siempre ahí, porque me hace sentir bien con quien soy, porque me hace reír. No dice porque era él. Y hay algo en esa persona que reconozco como afín y algo en mí que se reconoce en esa afinidad. No buscamos un rendimiento, una productividad, una eficiencia en esa frase no hay calibración, no hay un le gustaré.

    Jeroen Sangers:

    Y eso contraste con el tipo de amistad que construimos cuando estamos en modo sociómetro, que es una amistad de rendimiento, donde te mires sin descanso, soy suficientemente interesante, llamo demasiado, están dando suficiente, están cansados de mí. Esa amistad agota dos partes, aunque ninguna lo diga, porque ninguna ha llegado a nivel de confianza en que eso se puede decir.

    Quique Gonzalo:

    Y es que el amigo que siempre te da la razón no te conoce, es un amigo qué te necesita.

    Jeroen Sangers:

    Sí, esta frase invierte una percepción que tenemos muy instalada, porque tendemos a valorar a las personas que nos validan, que nos apoyan, que están siempre a nuestro lado. Y hay algo genuino eso. Pero cuando alguien nunca te contradice, cuando siempre encuentra la forma de estar de acuerdo contigo, eso no es amistad. Esta es dependencia en el sentido inverso. Esa persona también necesita algo de ti y lo que necesita es que les gustes.

    Quique Gonzalo:

    Y ahí viene un ejercicio profundo de autonomía, de poder ayudar a los demás a que crezcan sin que tengan la necesidad de sentir que nosotros les aceptamos, que nosotros también buscamos que oye, me encanta que seas así, ¿No? Porque las amistades que yo creo que a nivel personal a mí más me han aportado, son aquellas que contienen la capacidad de decirme algo que no quiero escuchar y sé que no lo hacen para fastidiarme. Es porque tienen criterio propio. Y ese criterio no depende de que yo les apruebe o no aquello que van a compartir conmigo.

    Jeroen Sangers:

    Y esas amistades solo son posibles cuando tú también has hecho trabajo de no necesitar que te den siempre la razón. Porque si la necesitas, solo aceptarás en tu vida a las personas que te la den. Y con el tiempo, sin darte cuenta, habrás construido un círculo de espejos.

    Quique Gonzalo:

    De hecho, un círculo de espejos que te va a reflejar lo que quieres ver, no lo que necesitas ver. Y eso es cómodo a corto plazo y muy solitario a largo plazo. De hecho, a nivel personal, yo que sigo trabajando, igual que nosotros impartimos coaching, trabajamos con muchos clientes en las sesiones de coaching, yo sigo también con un proceso de mentorización. Y una de las cosas que siempre busco, en especial de las personas que me rodean, es que tengan esa capacidad con su pensamiento crítico, de poder aportar valor. Aportarme valor diciéndome cosas que a lo mejor o soy incapaz de ver, o no las quiero reconocer o no puedo verlas. Porque eso hace que todo sea mejor, que la relación sea más fructífera, más conectada, que los dos podamos crecer, que haya honestidad.

    Jeroen Sangers:

    Y con esto yo creo que llegamos al centro de este episodio. Antes has mencionado el newsletter de nuestro amigo Raúl Hernández, muy recomendable para todos, que se llama La Senda. Raúl es anterior colaborador de Kenzo, también amigo. Y en esta newsletter, bien, me recuerdo que más pasado ponía una cita del actor Gary Oldman. ¿Nos puedes compartir cuál es esta cita de Gary Oldman?

    Quique Gonzalo:

    Sí, sí, porque me quedé fascinado con ella y de hecho las personas que se la he compartido, ha habido un clic, mayor, menor, pero ha habido un clic. Gary Oldman, un actor que yo os recomiendo, de hecho tiene una serie, la última que está haciendo, que es maravillosa, que se llama Slow Horses, los vamos a decir, los repudiados, expulsados, espías del mic, que cuando ya no les sirven les llevan a un lugar que se llama La Ciénaga y todo lo que sucede ahí con un Gary Oldman maravilloso. Pero Gary Oldman contaba esta frase. Yo cuando iba a un casting solía entrar en una habitación preguntándome si les iba a gustar. Y es ahora cuando entro a esa habitación para un casting, miro alrededor y me pregunto si ellos me van a gustar a mí. Si ellos me gustan a mí.

    Jeroen Sangers:

    Yo me acuerdo la primera vez que he leído esta frase. Me sonaba arrogante, como si hubiera pasado la inseguridad a la soberbia. Pero cuanto más tiempo le das a esta frase, esta cita, menos arrogancia ves y más criterio correcto.

    Quique Gonzalo:

    Porque a mí que me pasó exactamente lo mismo. Para mí la diferencia no está en el egoísmo, está en dónde situamos el referente. En la primera versión de la frase el referente eres tú. ¿Soy suficiente para este lugar, para esta gente, para esta situación? Y en la segunda versión el referente es externo. Esta situación, esta gente, este lugar tiene lo que yo valoro y necesito.

    Jeroen Sangers:

    Efectivamente. Por tanto, la pregunta de Gary Oldman no es un giro de egoísmo, es un giro de criterio.

    Quique Gonzalo:

    Correcto. Porque si yo lo que voy respondiendo todo el rato es si soy lo suficiente para ellos, muchas veces nos terminaremos dando cuenta que para quien no he sido suficiente al final ha sido para mí mismo. El no enfrentar una conversación difícil, el no reconocer que me he equivocado, el no ser capaz de poner de lado mi ego para entender que cuando doy una conferencia no soy yo el protagonista. La protagonista. El protagonista. Los protagonistas es esa gran audiencia que está ahí sentada. Ese criterio solo es posible si primero hemos trabajado en conocernos. Porque si uno no sabe lo que valora, difícilmente vamos a poder evaluar si algo alguien lo encarna.

    Quique Gonzalo:

    Si uno no tiene un sentido estable de quién eres, la única brújula disponible es la aprobación externa. Y como hemos visto, la aprobación externa es una brújula que señala siempre en la dirección de lo que los demás quieren de ti, no en dirección de lo que tú de verdad necesitas.

    Jeroen Sangers:

    Y esto tiene implicaciones concretas en el liderazgo. Por ejemplo, Amy Cuddy y sus colegas de Harvard Business School han estudiado durante años cómo las personas forman juicios sobre quienes las lideran. Analizaron miles de interacciones en entornos laborales y encontraron que hay dos dimensiones que determinan la que es la Calidez y competencia. Hasta aquí parece razonable. Lo que no es obvio es el orden. La calidez siempre va primero. Antes de que el cerebro evalúe si alguien es capaz, evalúa si es seguro. ¿Y si la respuesta a esta pregunta de es seguro? Es no, la competencia deja de importar.

    Jeroen Sangers:

    La información que venga de esa persona llegará con desconfianza, aunque sea impecable.

    Quique Gonzalo:

    De hecho, simplemente piensa en un momento en esta situación. Imagina que mantienes una conversación difícil con tu jefa, con tu jefe, y es que te dice algo incómodo sobre tu rendimiento. Si antes de esa conversación tú ya tienes la certeza de que esa persona está de tu lado de manera genuina, que lo hace porque te aprecia, porque busca que crezcas, vas a escucharla aunque duela. Lo que sucede es que si no tenemos esa certeza, si hay desconfianza, si vemos que tiene otros intereses por detrás de lo que nos está diciendo, nos defendemos. Y la trampa en la que caemos muchísimos líderes es confundir calidez con acuerdo, con decir siempre que sí, con no hacer sentir mal a los demás. Lo que sucede es que la calidez que genera confianza no es la de quien nunca decepciona, es la de quien se preocupa por ti, aunque eso implique decirte algo que no quieres escuchar. Y yo a todos vosotros os digo que estoy dispuesto a escuchar cosas que a lo mejor no quiero escuchar. Así que escribidme directamente a enrique.gonzalo@kenso.es y decidme aquello que no quiera escuchar.

    Jeroen Sangers:

    Qué es exactamente la distinción entre encajar y pertenecer. Y la pertenencia real en un equipo, en una amistad, en cualquier relación, no la construye quien intenta gustar. La construye quien tiene la suficiente estabilidad interna para mostrarse cómo es y sostener el espacio para que el otro también lo haga. Un directivo que gestiona para gustar tomará decisiones distintas a un directivo que tiene criterio. El primero evita las conversaciones difíciles porque le incomoda el malestar que genera en el otro. El segundo las tiene porque entiende que no tenerlas es a largo plazo una forma de abandono.

    Quique Gonzalo:

    Y es importante pensar en un líder a nivel profesional, a nivel personal, que gestiona para gustar. Sirve a su equipo desde la carencia, no desde la fuerza.

    Jeroen Sangers:

    Y esa carencia tiene consecuencias que el equipo perciba antes de que el líder las vea. Un equipo que siente que su responsable necesita su aprobación, aprende rápido a dársela. Deja de decir lo que piensa, deja de traer los problemas reales. Y eso genera una cultura de acuerdo superficial que parece armoniosa desde fuera. Y es en realidad el inicio del deterioro.

    Quique Gonzalo:

    Ya sabes que a mí el cine me fascina, Jeroen. Y cuando estábamos preparando el guión, recordaba una escena en la película El discurso del rey, que ilustra para mí este giro de forma precisa. Es una película que trata de los problemas del rey Jorge VI con su comunicación. Imaginad, rey y comunicación van de la mano. Y él llevaba toda su vida entrando a cada sala, aterrado por lo que el público iba a pensar. Se paralizaba ante el micrófono, tartamudeaba bajo el peso de la mirada ajena. El momento de transformación no ocurre cuando aprende a hablar sin tartamudear. Ocurre cuando por primera vez habla para el país en lugar de hablar para el veredicto del país.

    Quique Gonzalo:

    Cambia el referente y entonces aparece, sale de verdad su voz.

    Jeroen Sangers:

    Y lo que me parece poderoso de esa escena es que el cambio no es técnico. No es porque de repente sepa pronunciar mejor. Es que deja de actuar para una sala y empieza a hablar desde un lugar, desde sí mismo. Que yo creo que es el único lugar desde que se puede liderar de verdad. Desde que construyen las amistades que no necesitan justificación. Y desde que el autocuidado deja de ser un ritual de recuperación para convertirse en algo más difícil y más honesto que sea el trabajo diario de no traicionarse a ti para que alguien te apruebe.

    Quique Gonzalo:

    Es que al final, gustarse a uno mismo no es arrogancia. Es el único suelo firme desde el que podemos querer a alguien de verdad.

    Jeroen Sangers:

    OK, recojo un poco las ideas centrales del episodio de hoy. La hemos visto que tenemos un sistema interno, el sociómetro de Leary, que evolucionó para medir nuestra pertenencia social. Y en el contexto moderno, ese sistema se convierte en una fuente de calibración permanente que. Que agota, que distorsiona nuestras decisiones y nos hace confundir la necesidad de aprobación con empatía o humildad. Segunda es imposible caer bien a todo mundo y aceptarlo de verdad, no como consuelo, sino como hecho. Libera energía para invertir en las relaciones que sí tienen afinidad real, en lugar de gastarla en convencer a quienes no la tienen. Y la tercera el autocuidado más profundo. No es la pausa ni el ritual.

    Jeroen Sangers:

    Es el trabajo de construir una relación contigo mismo que no necesita validación externa para mantenerse en pie. Este trabajo es el pre requisito para el giro de Gary Oldman. Solo puedes me gustan cuando ya no necesitas desesperadamente que te digan que sí.

    Quique Gonzalo:

    Y el hábito KENSO de esta semana parte de una sola la próxima vez que salgas de una interacción, una reunión, una cena, una conversación que ha tenido algo de peso, y notes ese runrún rumiando de fondo, revisando si gustaste para un momento antes de responder a esa pregunta, hazte ¿Me gusté yo en esa conversación? ¿Me sentí libre para ser quien soy o estuve ajustando? ¿Dije lo que pensaba o dije lo que creía que el otro quería escuchar? Y no para que juzguemos a la otra persona, no para decidir nada de inmediato, no, no. Solo para recuperar el hábito de mantener un referente interno. Porque ya sabes que si no lo entrenamos, la brújula externa lo sustituye sin que te des cuenta. Y el día que lo necesites de verdad para tomar una decisión difícil, para poner un límite, para decir algo incómodo en el momento que de verdad marca la diferencia, te darás cuenta de que no sabes dónde está el norte. Si puedes, escríbelo una línea al final del día, después de la interacción que más te haya activado el sociómetro Me gustó a mí. Solo eso. No un análisis, no un diario. Una pregunta y una respuesta honesta.

    Quique Gonzalo:

    Porque con el tiempo vas a empezar a identificar patrones, qué contextos te empequeñecen, con quién te presentas tal como eres y con quién nos ponemos una máscara para hacer un teatro sin habérnoslo propuesto. Y si no puedes escribirlo, simplemente hazte la pregunta antes de dormir 30 segunditos, sin juzgarte, sin analizar. Pregúntate en qué conversación de hoy me gusté y en cuál no. Porque la consistencia no está en la respuesta, sino en el hábito de hacerte la pregunta. Porque la pregunta sola cada día va cambiando donde pones la atención. Y si tú cambias, todo cambia. Así que el nuevo hábito KENSO que vamos a poner en práctica con este episodio es que al salir de cada conversación importante, nos hagamos solamente una pregunta antes de evaluar si gustamos. Y ¿Me gusté yo en esa conversación?

    Jeroen Sangers:

    Muy buen hábito si lo has escuchado hoy, te resuena no solo para ti, también para tu equipo. Si sientes que hay personas en tu organización que toman decisiones desde la necesidad de aprobación en lugares del criterio o que evitan las conversaciones difíciles porque confunden el conflicto con la ruptura, quizás el siguiente paso no es una formación en liderazgo al uso. Quizás es trabajar la efectividad desde las personas, desde quiénes son, cómo se relacionan y desde qué lugar gestionan. Y nosotros en eso llevamos años trabajando con los equipos y estaremos encantados de contarte cómo lo hacemos. Por lo tanto, si estás interesado, escríbenos a info@kenso.es y si te apetece

    Quique Gonzalo:

    participar en la comunidad, que de hecho dentro de muy poquito nos vamos a reunir más de 40 personas en Madrid para disfrutar, ya sabes que te puedes unir en KENSO.es/circulo para recibir muchos beneficios y seguir dando pasos adelante en tu efectividad personal. Nos escuchamos muy pronto.

    Jeroen Sangers:

    Chao.

 

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