Por qué no puedes cambiar a los demás pero sí a ti

No esperes peras del olmo… y disfruta la sombra.

Episodio 413

¿Cuánto tiempo llevas esperando que esa persona que tú y yo sabemos cambie?

No hablamos de un momento concreto, no hablamos de una discusión, de un episodio puntual. Hablamos de esa espera de fondo, a veces casi crónica, que convive contigo en el día a día.

Un compañero de trabajo que funciona de una forma que no entiendes, una persona cercana que reacciona siempre igual, pase lo que pase, tu pareja o tus hijos.

Y no, no cambió, como decía la canción, o quizá cambió algo durante un tiempo y luego volvió a ser quien era.

Hoy estamos aquí para hablar de eso, de si el problema está donde creíamos que estaba.

 

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Índice del programa

  • (00:00) El deseo de cambiar a los demás: ¿quién tiene el problema?

  • (03:05) Descubriendo la diversidad: Cada quien a su manera

  • (05:47) Expectativas, contratos invisibles y la raíz del conflicto

  • (10:09) Ética del respeto: legítimo, diferente y autónomo

  • (17:09) Ego, autoestima y el círculo vicioso de querer cambiar al otro

  • (22:20) Soltar la expectativa: Paz mental y la fuerza del contexto

  • (38:19) Cambiar personas vs. cambiar el entorno: Herramientas prácticas

  • (46:23) Seguridad psicológica y comunicación no violenta en equipos

  • (52:33) Aceptar es salud: Redefinir límites y pertenecer auténticamente

  • (58:32) ¡Nos escuchamos muy pronto!

 
 

Recursos mencionados

 
  • Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí.
    Disculpa, si lees algún error en la transcripción.

    Quique Gonzalo [00:00:06]:

    ¿Cuánto tiempo llevas esperando que esa persona que tú y yo sabemos cambie? No hablo de un momento concreto, no hablo de una discusión, de un episodio puntual. Hablo de esa espera de fondo, a veces casi crónica, que convive contigo en el día a día. Un compañero de trabajo que funciona de una forma que no entiendes, una persona cercana que reacciona siempre igual, pase lo que pase, tu pareja o tus hijos. Y no, no cambió, como decía la canción, o quizá cambió algo durante un tiempo y luego volvió a ser quien era. Hoy estamos aquí para hablar de eso, de si el problema está donde creíamos que estaba.

    Raúl Hernández [00:00:46]:

    Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubrirás cómo vivir con efectividad para ser más feliz. Hoy vamos a hablar de una de las claves para gestionar. Gestionarnos con nuestra relación con otras personas. Porque cuando hablamos de efectividad, muchas veces lo llevamos al plano individual, a cómo tengo que organizarme, a cómo tengo que estructurar mis tareas. Pero en última instancia, el verdadero impacto se produce cuando nos relacionamos, cuando trabajamos con otras personas. Y ahí es donde se produce un malentendido fundacional que hoy venimos a aclarar. Yo soy Raúl Hernández, aprendiz en callarme la boca.

    Quique Gonzalo [00:01:33]:

    Y yo soy Kike Gonzalo, aprendiz en distinguir cuando le pido a alguien que cambie porque me importa su bienestar y cuando lo hago porque me incomoda ser quien yo cambie. Así que creo que nos podemos identificar y vamos a poner las vergüenzas encima de la mesa. Raúl. Yo tengo una anécdota de mi primera etapa profesional con una persona con la que trabajaba, alguien que en su momento Raúl nunca me confirmaba que había recibido las cosas. Le mandaba un correo y ahí habitaba el silencio. Le pedía feedback sobre un tema y de repente, como quien tira el anillo a lo más profundo del abismo, y eso, cómo decirte, Me iba corroyendo por dentro de una manera no sana. Y yo meses diciéndolo de distintas maneras, con más educación, más joven, luego ya más directivo, buscando el momento adecuado, las palabras exactas y precisas. Un día cambié de táctica y en lugar de esperar que confirmara, empecé a preguntar.

    Quique Gonzalo [00:02:47]:

    Raúl le ¿Lo tienes? Y el tío siempre lo tenía. Conclusión de esta pequeña el problema no era él, El problema era que yo esperaba que funcionara como yo funciono y él no era yo es que es

    Raúl Hernández [00:03:05]:

    un descubrimiento que parece muy evidente, pero es sorprendente cuántos de nosotros lo descubrimos muy avanzado en nuestra vida personal y profesional y algunos no lo descubren nunca. El darse cuenta que cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre y que como cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre funcionamos de maneras distintas. Incluso en situaciones donde nos parece que es muy evidente que las cosas deberían ser de una determinada manera, hay gente que va y decide que no y no se da cuenta de lo equivocados que están. El gran cambio de mentalidad es aceptar que en muchas ocasiones no son ellos los que están equivocados, ni tampoco nosotros. Simplemente tenemos formas distintas de actuar, formas distintas de ver el mundo, formas distintas de necesidades diferentes y que por mucho que insistamos los demás no van a entrar en nuestra forma de ser. Incluso aunque alguien nos parezca un marciano. Me gusta mucho decir esto. ¿Tan marciano te resulta él a ti como tú a él? Estas cosas que para ti son lo normal, lo evidente, a él le parecen locuras completas.

    Raúl Hernández [00:04:21]:

    Como que alguien pretende llevar una lista de tareas perfectamente ordenada para saber cómo abordar el día. ¿Pero qué somos, robots? Yo me dejo fluir. ¿Y tú que eres una persona organizada, pero cómo que te vas a dejar fluir? Si eso es una forma absurda de perder el tiempo y de bueno, pues cuánto tiempo pasamos intentando que los demás se adapten a nuestra forma de ser en vez de aceptar la diferencia.

    Quique Gonzalo [00:04:46]:

    Es que ahí está la maravilla, Raúl, porque cada vez que pasa un día y me doy cuenta que trabajo en lo que depende de mí, en lugar de únicamente en lo que depende de los demás, veo cómo mejora la vida, la suya, la mía, la de todos. Yo creo que hay un error de atribución fundamental y es que vemos el comportamiento ajeno como un rasgo fijo de personalidad. Es que fulanito es así. Sin embargo, para nosotros es distinto porque el nuestro lo vemos como un comportamiento circunstancial. Dependiendo de las circunstancias utilizamos una cosa u otra. Y es ahí donde parece razonable que cambie el otro y no nosotros. Y por eso también al cambiar el sistema, cuando le hice esa pregunta de ¿Lo tienes? Funcionó de inmediato, porque no era su personalidad, era el entorno. Por otro lado, tendremos que hablar mucho de la importancia de hacernos preguntas.

    Quique Gonzalo [00:05:47]:

    Ojalá me hubieran enseñado a hacer mejores preguntas. Y escuchar mejor en la vida, que a todos los niveles me hubiera ido mucho mejor. Yo creo que con esa convicción, Raúl, de que con la frase correcta, en el momento preciso, la otra persona va a acabar haciendo lo que uno espera, es justo donde nos damos cuenta de la verdadera clave que está en la palabra, lo que uno espera. Porque yo creo que las expectativas son interesantes porque rara vez las ponemos encima de la mesa, son contratos que firmamos nosotros mismos, que esperamos que los demás lo asuman también como propios, y la otra persona no sabe que existe ese contrato y nosotros sí actuamos como si es algo que le hubiéramos firmado tácitamente, estuviera en la mesa y enmarcado y fuera visible para todos. Y cuántas veces, verdad no nos trae y no nos conlleva problemas, es que

    Raúl Hernández [00:06:44]:

    le echamos en cara cosas a la gente, como si, como bien dices, hubiésemos establecido un contrato y ellos se hubieran comprometido a nosotros a actuar de determinada manera, que a veces sí, y de eso hablaremos luego, de cuando establecemos compromis mutuos y no se respetan, eso es otra cosa. Pero muchas veces esos compromisos son implícitos, son lo que creemos que es lo normal, lo que creemos que es evidente, lo que creemos que lo sabe todo el mundo y se lo echamos en cara a los demás. Y lo curioso de esto, y además es algo que a mí me llama poderosamente la atención, es que por muchas veces que nos demos de golpes contra esa misma pared, seguimos insistiendo, y esto es algo que yo lo trato de verbalizar o lo trato de ilustrar de esta manera, o sea, si yo hay una pared e intento cruzar al otro lado y me doy un porrazo contra la pared, la siguiente vez intento no darme el mismo porrazo, porque ya sé que me voy a dar un golpe y lo que hago es buscar una puerta o buscar un rodeo que me permita pasar al otro lado. Lo que no hago es insistir o otra vez en lo mismo. Y por algún motivo con las personas tendemos a darnos de porrazos una y otra vez con el mismo comportamiento, que esperamos que esta vez sí vaya a ser diferente, que esta vez sí haya visto la luz, se haya caído del caballo y por fin actúe como debe actuar, que curiosamente es como yo decido, que esa es otra. Se cuenta la anécdota esta de que si tú le preguntas a alguien cuál es la velocidad adecuada para ir por carretera, tiende a decir que la suya, que el que va más rápido es un Fittipaldi y el que va más lento va pisando huevos. Y esto lo dice el que va a 140, el que va a 120 y el que va a 100. A todos les parece que su vara de medir es la correcta, su forma de ver el mundo es la adecuada y el que se sale tiene que volver al carril, tiene que entrar por el huequito.

    Raúl Hernández [00:08:46]:

    Y no nos damos cuenta de lo egocéntrico que resulta eso.

    Quique Gonzalo [00:08:51]:

    Fíjate que lo acabas de mencionar y me gustaría que ese fuera a lo mejor el gran objetivo de este episodio en concreto, Raúl. Y es que después de escucharlo nos caigamos del caballo como San Pablo camino a Damasco. Porque en psicología organizacional esto de lo que estamos hablando ahora tiene nombre. ¿Que es el contrato psicológico? Es simplemente un conjunto de expectativas no escritas sobre cómo debería funcionar una relación personal o profesional. Y lo curioso, como muy bien mencionabas, es que cuando ese contrato se rompe, aunque nadie lo haya verbalizado ni firmado, la reacción emocional es igual a la de una traición real. Esto me parece potentísimo. Es decir, la expectativa no expresada en el fondo es un contrato que la otra persona nunca firmó. Pero lo curioso es que cuando no se cumple, cuando rompemos este contrato que la otra persona no firmó, no es visible, no estaba puesto encima de la mesa, no cuestionamos el contrato, cuestionamos a la persona.

    Quique Gonzalo [00:10:03]:

    ¿Y por qué crees que es tan difícil al final soltar esa expectativa?

    Raúl Hernández [00:10:09]:

    Yo creo que todos vemos el mundo con nuestros ojos y tendemos a creer que nuestra forma de actuar es la correcta y tendemos a proyectar que los demás son más parecidos a nosotros de lo que realmente son. Nos cuesta mucho aceptar la otredad, aceptar que el otro es distinto. A mí, Rafael Echevarría, el impulsor de lo que se llama el coaching ontológico, utilizaba una frase que a mí se me queda dando vueltas porque es muy profunda cuando te paras a analizarle. Él hablaba de la ética del respeto, entender que el otro, y lo leo porque lo tengo apuntado, es diferente a mí, legítimo en su forma de ser y autónomo en su capacidad de actuar.

    Quique Gonzalo [00:10:55]:

    ¿La podría repetir otra vez para que nos la quedemos grabada aquí tres golpes

    Raúl Hernández [00:11:00]:

    que van directos a la mandíbula? Diferente a mí. Legítimo en su forma de ser y autónomo en su capacidad de actuar. Es decir, que cuando hablamos con otra persona, y me da igual si es un compañero, si es una pareja, si es un jefe, si es el vecino de abajo o una persona que pasa por la calle, tenemos que entender que lo que le ha conformado como persona, lo que le hace sentir, actuar y pensar como siente, actúa y piensa, es un conjunto de cosas, de experiencias que pueden ser radicalmente distintas de la nuestra. Parte de la época en la que se crió, del lugar en el que se crió, de la familia en que le tocó, de las experiencias que ha tenido, de. De dónde ha trabajado, de qué ha trabajado, de su configuración cerebral, de los refuerzos positivos, negativos que ha tenido a lo largo. Es decir, hay tantas cosas que nos configuran como persona y que pueden dar lugar a personas tan distintas a nosotros que nos cuesta mucho. Nos cuesta mucho. Imagínate cómo serías tú si hubieras nacido en Ghana.

    Raúl Hernández [00:12:11]:

    Imagínate cómo hubieras sido tú si hubieras crecido en una familia sin padre. Imagínate cómo serías tú si en vez de ir a este colegio hubiera sido este otro. Imagínate tantas cosas que te han llevado a ser quien eres tú hoy. Con que alguna fuera distinta. Es como estas películas de viaje en el tiempo. Si hubiera ido atrás y cambiase un pequeño detalle, de repente mi vida podría ser distinta. Pues eso sucede con cada persona con la que nos cruzamos. Incluso lo podemos ver.

    Raúl Hernández [00:12:36]:

    Hermanos que nacen en una misma familia, que tienen un contexto, una cantidad de elementos comunes en su crecimiento, de su educación, y cada uno, incluso siendo del mismo padre y de la misma madre, cada uno son de su padre y de su madre. Entonces eso, imagínate, llevado a la máxima expresión. En el momento en que empiezas a conceptualizar esa diferencia, ese es el primer golpe. Diferente a mí. El segundo, Legítimo en su forma de ser. Tanto derecho tengo a ser yo como soy yo como tiene la otra persona a ser como es. Yo no soy intrínsecamente mejor por pensar como pienso, por sentir como siento, por actuar como actúo con respecto a otra persona. Tanto derecho tengo a ser yo como soy, como él a ser como es.

    Raúl Hernández [00:13:28]:

    Y en el momento que te planteas eso, dices wow, wow, wow, wow. Entonces significa que no puedo imponerle yo al otro cómo actuar, no puedo imponerle mis criterios, no puedo imponerle mis puntos de vista, no puedo imponerle mis reacciones, no puedo imponerle. Ostras, eso significa bajarse de una burra. Muy importante es esa mentalidad de que yo, esa visión de protagonista de yo soy y mi forma de ver el mundo es el patrón con el que se tiene que regir todo. Es decir, no hay muchas formas diferentes y tienen el mismo derecho que yo a ser y a existir. Ejemplo que nos sucede mucho, nosotros ya somos tardo millennials, Gen X, protoboomers casi, y muchas veces la gente cuenta lo difícil que le resulta relacionarse con la generación Z o la generación Alfa, incluso en el ámbito del trabajo. ¿Es que ahora la gente no tiene una visión del trabajo como la que teníamos nosotros, o es que la gente ahora a la menor habla de salud mental y deja de hacer esfuerzo? Fíjate lo que subyace detrás de eso. Nuestra forma de actuar es la correcta y vienen otros que no cumplen nuestros estándares.

    Raúl Hernández [00:14:45]:

    No respetamos su forma de ser, no hacemos un intento de empatizar, de entender por qué ellos son como son, actúan como actúan, piensan como piensan, sienten como sienten. Lo que hacemos es utilizar nuestro molde, que casualmente es el correcto, y vemos a quien no encaja y a quien no encaja intentamos meterles a martillazos. Y el tercer golpe que da esa definición de la Liga del respeto es legítimo en su capacidad de actuar. Es decir, que si alguien decide hacer algo, tiene todo el derecho a hacerlo, ¿No? Pero debería hacer lo que yo creo que debe de hacer, ¿No? ¿Por qué? Yo recuerdo que me pasó alguna vez con mis hijos. Los hijos son probablemente el ejemplo paradigmático donde cultivar esa ética del respeto cada vez es más difícil, porque en el fondo los consideras como algo tuyo y eres tú el que les marcas lo que está bien y lo que está mal. Y el día que te empiezan a cuestionar y a no, es que mi forma de hacer esto es otra distinta, porque va a ser la tuya, la buena, y tú soy tu padre y aquí se hace lo que yo diga, y mientras vivas bajo mi techo tendrás que seguir mis normas. Eso es lo que nos sale. Pero si nos paramos un momentito a ver, dices, ¿Qué sentido tiene esto que estoy diciendo? Yo me acuerdo mi hijo una vez que siendo muy pequeñito me levanto y le veo desayunando y se había echado zumo de piña y estaba mojando galletas en zumo de piña.

    Raúl Hernández [00:16:11]:

    Y yo digo Burke, pero hijo, qué asco. Claro, así no se toman las galletas, así no se desayuna. Y me ¿Por qué? Dije no, las galletas se toman en leche. ¿Por qué? Y me quedé pensando y digo ¿Por qué? Es verdad que a mí me parece una guarrería mojar galletas en zumo de piña, pero si lo pienso, ¿Por qué eso es una guarrería y mojarlas en leche no, si es un líquido igual?

    Quique Gonzalo [00:16:40]:

    Fíjate que yo creo que aquí aparece, Raúl, algo de lo que no hablamos lo suficiente cuando abordamos, cuando queremos cambiar a los demás. Y es el papel que juega el ego. Cuando quiero que alguien cambie, lo que de verdad lo que le estoy diciendo a la otra persona es que está equivocado y por eso quiero que cambie. Por eso mi ego me no, la leche con las galletas, la piña con las zumo de piña solo. Y tiene mucho que ver con esa capacidad luego de que si yo convenzo al otro de que esto se moja en galletas, de repente mis niveles en el sociómetro suben. Es decir, mi autoestima, que en el fondo no es una evaluación privada de cuánto valemos, sino que es un barómetro social que mide en tiempo real hasta qué punto los demás nos validan. Tu hijo ahí, en esa situación, Raúl, cuando alguien no cambia según lo que esperamos, el sociómetro que llevamos incorporado lo registra como falta de valoración del propio criterio. Y cha por eso siempre y cuando digo siempre, mantenemos de manera natural la necesidad de que el otro cambie, porque mantiene una carga emocional mayor de la que aparentemente es racional.

    Quique Gonzalo [00:17:57]:

    Porque efectivamente, como tú dices, ¿Qué importa que mi hijo esté mojando las galletas en el zumo de piñas y para él está bueno? Entonces es una forma que buscamos de manera elegante, decirle al otro tú estás equivocado, yo tengo la razón, y que desde ahí es difícil encontrar esa unión que nos lleve a ese punto de cambio positivo.

    Raúl Hernández [00:18:20]:

    Fíjate que el mero hecho de querer que el otro cambie ya es un ejercicio de egoísmo, porque puede cambiar, ya decidirá él. Otra cosa, y eso lo hablamos después si quieres, es que yo decida qué hacer con su comportamiento. Oye, no cambia, Perfecto, pues yo puedo decidir marcharme, romper la relación, puedo. Pero empeñarme en que la única solución es que el otro cambie, es una fuente de frustración permanente, es que nos vamos a estar dando de cabezazas contra la pared. Y si tienes una capacidad de influencia, pues eso, porque soy tu jefe y aquí por el artículo 33 se hace lo que me sale a mí de Artículo 33, o eres mi hijo y en esta casa se hace, es que tu hijo llega un momento que te saca una cabeza, o sea, es que no te puedes imponer ni físicamente, te revientas y te empuja. Entonces llega un momento en el que empeñarse en que el otro cambie es simplemente una fuente de miseria, de conflicto permanente, de frustración, que no lleva nada. No lleva nada.

    Quique Gonzalo [00:19:25]:

    No, no. Y lo sano, vuelvo otra vez a esta parte de cuando hablamos de zona de control, zona de influencia y zona de adaptación, lo sano es reconocer nuestro ego. ¿Por qué? Porque nuestro ego lo que está haciendo es construir una narrativa donde yo soy el razonable y el otro es el difícil. Ahí lo que empieza a utilizar nuestro ego es el sesgo de confirmación. Es decir, una vez que ya etiqueto a alguien como difícil, el cerebro lo que va a hacer es buscar toda la información que confirme que efectivamente esa persona es difícil. Incluso como decías en el capítulo 411, si nos da los buenos días, ¿Por qué me habrá dado los buenos días? Y descarta todo lo contradice que pueda ser una persona difícil. Y también incluimos ya el efecto Pigmalión, del que aquí hemos hablado más veces, mostrando que podemos tener expectativas negativas que tenemos sobre alguien y que solo cambia sutilmente nuestro comportamiento hacia esa persona. No nos damos cuenta, pero ya si esa persona yo la veo difícil, ya mi tono, mi lenguaje corporal, el cómo le pido las cosas, se va a ver afectado, porque parte del comportamiento que queríamos cambiar ya lo estamos generando nosotros mismos.

    Quique Gonzalo [00:20:45]:

    Claro, es que fíjate, mi hijo aquí ahora mismo se creerá más listo que yo. Ya comerá huevos, ¿Verdad? Cuando seas padre. Ya comerás huevos cuando seas padre. El otro día veía las diez frases de madre de manual y me doy cuenta que por suerte, de momento solo he aplicado cuatro. Raúl. Cuatro.

    Raúl Hernández [00:21:02]:

    Porque tu hijo habla poco todavía.

    Quique Gonzalo [00:21:04]:

    Habla poco, Habla poco, pero yo me lo digo para mis adentros. Yo me lo digo para mis adentros. Y aquí hay un punto científico que traía que me gustó mucho, y es de Tasha Eurich, que en 2017 descubrió en un estudio que el 95% de las personas cree tener una alta autoconciencia de cómo ve la realidad y que tiene la razón, cuando la realidad en porcentaje es solo entre el 10 y el 15. Imagínate qué brecha hay entre cómo nos vemos y cómo nos ven los demás. Es decir, si yo estuviera en la situación de tu hijo, y esto va escalando, claro, tu hijo tenía 5, cuando tenga 18, ¿Cómo hemos llegado aquí? Porque hubo un día con 5 que te dijo que las galletas en el zumo de piña estaban buenas. Y confrontamos ahí y poco a poco, sesgo de confirmación, efecto Pigmalión, y llegamos a estos lugares. Fíjate cómo es. Y yo creo podemos hacer ejercicio de autocrítica con algún compañero de trabajo que lo tengamos cruzado, con alguna ex pareja también que nos dejó con amigos incluso.

    Quique Gonzalo [00:22:15]:

    Qué bonito sería poder hacer este ejercicio de caernos del caballo, Raúl.

    Raúl Hernández [00:22:20]:

    Es que el poder multiplicador que tiene esta idea es brutal, porque te da, por un lado mucha tranquilidad de espíritu, lo escribía yo aquí porque se lo decía alguien hace poco. Yo ya no me como la cabeza, no me peleo con que las cosas son como son, ni me creo expectativas de que vayan a ser distintas. ¿Tú sabes la tranquilidad que da eso? Es decir, no voy a seguir insistiendo en que esta persona vaya por un carril, porque el carril me lo estoy inventando yo, y el carril me resulta útil a mí. Pero si yo de verdad aprecio a esa otra persona y la respeto en su otredad y la acepto como distinta a mí, autónoma en su capacidad, ilegítima en su forma de ser y autónoma en su capacidad de actuar, simplemente tenemos que ver la forma de convivir entre iguales, no la forma de extrapolar y de considerarme yo superior. Y fíjate que esa forma de ser superior muchas veces la disfrazamos o la entendemos desde el punto de vista de la ayuda. Yo ya he pasado por esto y quiero evitarte una serie de problemas, yo tengo más experiencia que tú y quiero acortarte el camino, Yo me preocupo mucho por ti de manera legítima y quiero que te vaya bien en la vida. Pero esos tres pensamientos, por muy bien intencionados que sean, nos llevan de nuevo a ese ejercicio de yo estoy por encima de ti, yo tengo más razón que tú y de la manera más bien intencionada del mundo, te voy a ayudar a que vayas por el buen camino. El buen camino.

    Raúl Hernández [00:24:08]:

    Esa es una frase. El buen camino te lo estás inventando tú. El buen camino es buen camino para ti, pero no tiene por qué ser un buen camino para los demás. De hecho, la raíz de cómo me caí yo un poquito más del caballo con todo esto, fue a raíz de la lectura de un libro que me pareció súper interesante, se llama La entrevista motivacional, que está orientada desde el mundo de la terapia. Al final es un terapeuta el que escribe este libro y es un manual para terapeutas, pero la parte introductoria sobre todo, que tiene menos que ver con técnicas y tiene más que ver con el fondo, habla de terapias orientadas a personas que están en procesos de adicciones, que están ideaciones suicidas, que están en situaciones donde parece evidente y es claro para todo el mundo que ese es un mal camino. Y de alguna manera hay que ayudarle a ir por el buen camino. Y lo que te desmonta este libro es esa idea de que la forma de intervenir a estas personas es llevarles al buen camino. Dice el libro, hay una frase muy chula que lo máximo que podemos hacer, que rara vez podemos cambiar a nadie, lo que podemos hacer en el mejor de los casos, es ser testigos de su cambio.

    Raúl Hernández [00:25:24]:

    Y eso me parece muy poderoso. Yo no puedo empujar a nadie a que vaya por un sitio, porque además, casualmente, cuando más empujo, más se resiste. Cuando más le quito la autonomía y le intento convencer de que lo mío es lo correcto y lo suyo no más se va a reafirmar. Porque el ego también actúa ahí en ah, sí, pues toma dos tazas, mujerías, caldo, toma dos tazas. Entonces, el aprender a que no hay que empujar, el aprender a que no hay que corregir, incluso aunque sea bien intencionadamente, te lleva a un lugar muy distinto en la relación con los demás.

    Quique Gonzalo [00:26:00]:

    Es que para mí la dificultad está en distinguir cuando cuidas a alguien y cuando lo que intentamos es que ese alguien sea más cómodo para ti. Ahí es donde, en este segundo caso, aparece el ego. Y el ego no aparece porque sí. Aparece entre otras cosas, porque se ha ido formando, como tú muy bien contabas al principio, y se ha ido formando y conformando también de las partes más oscuras y sombrías de nuestra historia. Esto lo contaba ya Carl Jung cuando decía que había partes de nuestra personalidad que hemos reprimido o no hemos integrado de la manera correcta o en el momento adecuado, y no desaparecen, simplemente se proyectan sobre los demás. Oye, yo tuve unos padres que a lo mejor no me dejaban salir hasta tarde, Yo le voy a dar mucha libertad a mi hijo. Oye, yo he visto que a mí esto me funcionó. Cariño, si es que yo esto te lo digo por tu bien, como decías tú muy bien antes, en el fondo todo lo que nos irrita muchas veces de los demás puede llevarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos.

    Quique Gonzalo [00:27:08]:

    Es decir, ¿Por qué le debía decir yo a mi hijo que el zumo de piña con una galleta no está bueno? En el fondo son azúcares. Así es que esto el cerebro le da un subidón en todos los niveles. Yo creo que no es una regla universal, pero sí que cuando muchas veces tenemos una reacción desproporcionada, es el primer lugar muchas veces donde deberíamos buscar el por qué esto hace que salte un chip en mi cabeza y yo quiera cambiar a esa persona. Porque yo he encontrado lugares, Raúl, donde he querido cambiar a otros, sobre todo a personas que he tenido muy cerca, para que fueran como yo hubiera querido que fueran. Tú fíjate lo terrible que es eso,

    Raúl Hernández [00:27:51]:

    ahí en inglés la frase parece un "me problem", o sea, parece. Cuando estamos discutiendo de algo, el problema lo tienes tú, porque estás ¿Por qué esto te genera tanto problema? ¿Por qué esto te genera tanta irritación? ¿Por qué te cabrea tanto? En el caso que relatabas tú al inicio de tu carrera profesional, ¿Por qué te cabreaba tanto que alguien no te respondiera? ¿Por qué en el fondo tiene más que ver contigo que con la otra persona? Hay un caso, circula mucho por. Por Internet, por tic tac y demás, una intervención, lo tengo apuntado porque no tiene un nombre fácil, una psicóloga, se llama Nilda Chiaraviglio, y habla de la historia de oye, si a ti te molesta que tu pareja deje las toallas mojadas por la casa, recógelas tú. Dice, no, pero lo que tiene que hacer es recogerlos ella, porque es ella la que los deja tirada, pero a quien le importa es a ti, a ella no le importa que las toallas estén tiradas. Ya, pero es que. Entonces dice, tienes dos opciones, una, recogerlas tú, que es a quien le importa que estén tiradas dos Pasarte la vida discutiendo, intentando que a ella le importe algo que no le importa y echándole en cara que no está respetándote a ti y que eso es una falta de respeto hacia ti. ¿Te das cuenta cómo todo tiene que ver contigo? Porque ¿A quién le importa, por los motivos que sea, que la toalla esté tirada? Hombre, pero es que ¿Cómo va a haber una toalla tirada en el? Bueno, pues a lo mejor a esa otra persona le da igual y a lo mejor no le importa vivir con toneladas de ropa acumuladas en la silla. Si a ti te molesta, ordénalo tú.

    Quique Gonzalo [00:29:34]:

    Esto me recuerda, Raúl, a que en ese comportamiento que ponía en el caso del principio y en otros muchos, incluso más micro, es que aparece mi niño repelente, Vicente, de hacer todas las cosas perfectas. A mí me machaca que alguien apriete por el medio la pasta de dientes, con lo bonito que queda que la aprietes desde arriba hacia abajo, que queda todo simétrico.

    Raúl Hernández [00:29:59]:

    Alguien genérico, ¿No? ¿Te refieres a alguien genérico hipotético?

    Quique Gonzalo [00:30:03]:

    Alguien genérico no, alguien que conviva conmigo, que empiece por Z y termine por aquí. No, me refiero a nivel genérico. Y aquí es donde viene la ilusión muchas veces que tenemos por el cambio de argumentos. Hay una película que es un poquito mala, pero a mí me gusta, que se llama The Lady Killers, de los hermanos Coen, que está basada en una obra maestra, es así, que es El quinteto de la muerte. Y hay un momento en que Tom Hanks en The Lady Killers, os la recomiendo, que os vais a pasar un buen rato y os vais a reír. Si no fuera a pedir peras a un árbol, que si nadie te lo dijera, cualquiera diríamos que es un olmo. Y aquí viene Lope de Vega. Esa frase de pedir peras al olmo, decía Lope de Vega, lo he apuntado, no solo porque el olmo no pueda dar peras, sino que quien las pide conoce perfectamente lo que tiene delante y las sigue pidiendo.

    Quique Gonzalo [00:31:01]:

    De ahí viene pedir peras al olmo. Hay creencias que están debajo de todo esto. Y es que si argumentamos bien, si somos claros, si llegamos en el momento adecuado, la persona acabará cambiando. Y fíjate que seguimos una y otra vez en los mismos lugares que comentabas antes, Raúl. Necesitamos creer que podemos cambiar a los demás si aceptamos que el olmo no va a dar peras. Hay que tomar una decisión incómoda, quedarse sin peras o buscar otro árbol. Y ninguna de las dos gusta, pero es el comienzo para reconocer que desde ahí hay algo que sí que puede cambiar y que somos nosotros, que es quedarme sin peras o buscar otro árbol.

    Raúl Hernández [00:31:49]:

    Es que nos ponemos encima unas mochilas bastante absurdas si lo pensamos, que es intentar que todo el mundo se adapte a nosotros. Como vaya tarea más hercúlea. Hay otro chascarrillo de Internet que me gusta porque refleja muy bien esta idea. Es aceptar que me casé con una mujer que deja abiertos los cajones o aceptar que me casé con una mujer que aprieta por la mitad la pasta de dientes. Es decir, que este expresaba, dice, durante mucho tiempo a mí me frustraba que mi mujer fuese dejando abiertos los cajones. Iba a sacar unos cubiertos y los cajones abiertos. Iba a sacar algo del armarito y la puerta abierta. Y yo todo el rato detrás cerrándolo, encabronado, cerrado y diciéndole oye, ¿Por qué no cierra los cajones? Hasta que llegó un momento en el que me di cuenta de que me había casado con una mujer que dejaba abiertos los cajones, que formaba parte de su esencia y que por mucho que yo quisiera hacerle ver que la forma correcta de hacer las cosas era cerrar los cajones, incluso aunque ella en un momento determinado aceptase, sí, lo voy a intentar, lo voy a intentar al final, por su naturaleza, por sus características, y va a tender a volver a caer en lo mismo.

    Raúl Hernández [00:32:58]:

    Yo creo que todos podemos reconocernos también en esa persona que ha prometido cambiar, pero al final acaba volviendo. Porque eso es muy curioso. Somos muy sensibles a cuando los demás no quieren cambiar para adaptarse a nosotros. Pero cuando somos nosotros los que fallamos en cambiar para adaptarnos a los demás, en el fondo decimos, bueno, pero es que en el fondo yo tengo razón. En el fondo he dicho que sí por no tener lío, pero en el

    Quique Gonzalo [00:33:22]:

    fondo, fondo yo sé el ego escondido que dices, no, no lo tengo superado.

    Raúl Hernández [00:33:28]:

    No, amigo, qué coño escondido está ahí. Hola, ¿Qué tal? Soy el ego. Entonces esa visión de me he casado con la mujer que deja abiertos los cajones, me da mucha tranquilidad porque tengo dos opciones. Si eso es tan importante y tan frustrante para mí, me tengo que divorciar. Y si no es tan importante y tan frustrante para mí, voy a dejar de darle importancia y a estar permanentemente rumiando y enfadado y haciendo de esto un tema. Ya está, acéptalo como tal. Entonces viene a ser el olmo. Acepto que este árbol es como es y las peras que yo quería no me las va a dar, pero no me importan tanto las peras o las peras son tan importantes para mí que tengo que renunciar a este árbol y buscarme otro.

    Quique Gonzalo [00:34:13]:

    Decía epíteto esclavo del que hemos hablado alguna vez en el podcast de KENSO, que la distinción más útil que podemos tener es entre lo que depende de nosotros, que son nuestros juicios, nuestras elecciones, nuestras reacciones, la actitud, que es una libertad entre lo que pasa y lo que yo hago, es mi ejercicio de libertad, mi actitud. Y por el otro lado lo que no depende de nosotros, que es el comportamiento de los demás. Y para mí esto no es resignación, es lucidez. Porque justamente en esta segunda parte es donde la mayoría de las personas invierte la mayor parte de su energía en lo que no depende de ellas. Y yo creo que aplicado a las relaciones al final conlleva unas consecuencias que no resultan cómodas de escuchar. Y es que el único cambio, Yo creo que este es uno de los grandes aprendizajes de este episodio, el único cambio que puedes garantizar es el tuyo. Todo lo demás es influencia y la influencia no obedece. La influencia existe, pero no es lo mismo que hacer una presión directa.

    Quique Gonzalo [00:35:26]:

    Creo que es muy importante entender que el cambio de comportamiento que dura es el que surge de una motivación intrínseca. Quiero cambiar porque esto tiene sentido para mí y no del de la motivación o el de la presión externa. Oye, voy a hacer esto porque me dan una recompensa o voy a hacer esto porque me obligan a hacerlo. La motivación extrínseca puede producir cambios a corto plazo. Lo que van a ser seguro es que van a ser cambios no sostenibles en el tiempo y más allá. Deteriora la motivación intrínseca preexistente. Cuando yo presiono a alguien para que cambie, no solo no produzco el cambio que busco, es que reduzco las probabilidades de que esa persona cambie por sí misma. Creo que con todo esto tenemos el contexto suficiente como para empezar a darnos cuenta que si yo cambio, todo cambia.

    Quique Gonzalo [00:36:23]:

    Pero el cambio comienza en uno mismo, no en pensar que vamos a cambiar a los demás.

    Raúl Hernández [00:36:28]:

    Y el coste para la relación que tiene. Cuando intentamos empujar al cambio a los demás, ese momento en el que una persona se siente presionada, se siente juzgada, se siente incluso desde la parte más bien intencionada del mundo, ay, es que deberías, es que creo, lo que genera es un ataque tan grande a la propia autonomía, que genera mucho resentimiento, Incluso aunque se haga desde la parte de la aprobación, de pasarte la mano por el lomo, muy bien, esto es lo que tenías que hacer. En el momento que te das cuenta que te están intentando manipular, en el fondo eso es lo que están haciendo cuando están intentando llevarte al huerto, llevarte a hacer algo que no sale de ti. Frente a eso, la táctica o la forma de abordar el cambio de los demás tiene mucho más que ver con respetar los tiempos, ofrecer espacios en los que la persona pueda irse dando cuenta por sí misma de lo que quiere cambiar y de lo que no, de cuándo lo quiere cambiar, en qué sentido y con qué intensidad, más que aceptar o proponernos que tiene que cambiar en un determinado momento, en un determinado sentido. Claro, esto es muy difícil de gestionar en entornos profesionales, donde a lo mejor tienes un equipo y tú necesitas que ese equipo vaya hacia un sitio, o con un hijo donde te preocupa que vaya por un lado o vaya por otro, y tú quieres que vaya por camino, pero es que por muchas ganas de que tengas que eso funcione, no funciona. Entonces, por muchas veces que lo intentes y por muchas maneras diferentes que lo abordes, siempre vas a llegar al mismo punto, que la gente cambia cuándo y cómo quiere cambiar. Cuando tú quieres que cambies, tú quieres que cambie como tú quieres que cambie.

    Quique Gonzalo [00:38:19]:

    Yo creo que aquí hay que decir que hay algo en lo que sí que podemos ayudar. Porque vamos a suponer que ya hemos asumido que no podemos cambiar a alguien mediante argumentos, ni mediante presión, ni mediante obligación, que lo podemos hacer. Sí que va a tener consecuencias positivas. Desde luego, ya hemos visto que no. Sí que hay algo que podemos hacer, y es una distinción que en KENSO trabajamos mucho cuando trabajamos en equipos, cuando trabajamos con directivos, y es la diferencia entre cambiar a las personas y cambiar el contexto en el que operan, que es muy diferente. Hay un economista conductual que a lo mejor a algunos os suena, Richard Thaler, recibió el premio Nobel de Economía, sobre todo por un concepto que tiene un libro maravilloso que se llama Nut, el empujón. En él lo que desarrolla es la idea de que el comportamiento de las personas no cambia tanto por sus valores o su fuerza de voluntad, como por el entorno en el que toman decisiones. Si yo pongo fruta a la altura de Iago, de mi hijo, y escondo los dulces, las golosinas en el fondo de un cajón, es más probable que coma fruta no porque haya encabezado sus preferencias, porque he cambiado el contexto.

    Quique Gonzalo [00:39:43]:

    Es decir, si vuelvo a mi historia, la del principio, si hay alguien en tu equipo que nunca confirma que ha recibido las cosas, puedes hacer como yo y pasarte meses intentando convencerle, o puedes cambiar el proceso y en lugar de esperar que confirme, preguntar directamente. Entonces aquí es donde vemos que el comportamiento que uno iba buscando aparece no porque esa persona cambia, sino porque he conseguido cambiar el sistema. Yo creo que esto, como la portada del libro de Knuts Raúl, es que es muy. Ya lo explica muy bien, es un papá o una mamá elefante empujando con su trompa al elefantito. Yo creo que el contexto puede ayudar mucho a encontrar lo que estamos buscando en estas situaciones.

    Raúl Hernández [00:40:30]:

    Es como los hábitos atómicos de James Clear. En el fondo está aplicando el mismo criterio que nos lo podemos aplicar a nosotros mismos, porque probablemente a la persona que más cueste cambiar es a uno mismo. ¿Y quién no ha intentado dejar de fumar o comer menos o cualquier cosa? Darnos cuenta de que. Y ahí es donde viene un poco la paradoja. Qué poca vergüenza tenemos cuando intentamos cambiar a los demás con esa ligereza. ¿Te has visto tú cuántas cosas eras incapaz de cambiar en ti mismo como para pretender que tú vas a cambiar a los demás? ¿Pero quién te ha engañado? ¿Quién te ha engañado? Entonces esa es una parte importante. Yo creo que sí, el trabajar en el contexto es una parte muy importante. Y luego creo que hay otra herramienta que es fundamental, que lo podemos vincular también con la parte de comunicación no violenta.

    Raúl Hernández [00:41:27]:

    Es la parte de la escucha, de la empatía, del entender sin juzgar, de voy a hacer un esfuerzo porque esta persona se sienta cómoda explicándome por qué actúa como actúa, incluso aunque para mí sea incomprensible, incluso aunque para mí sea moralmente reprobable, incluso aunque con todo eso voy a intentar escuchar sin juzgar, voy a intentar que la otra persona me ponga ejemplos, me ayude a. Porque muchas veces, y esto lo sabes bien como coach, mientras la persona habla, el libro de la entrevista motivacional habla de esto, las personas "talk themselves to change", es decir, cambian a medida que hablan, a medida que van elaborando su relato, pueden darse cuenta por sí mismos, no porque tú se lo señales, no porque tú le pongas, sino pueden darse cuenta de cosas en el momento en que sienten que están pudiendo hablar sin juicio, sin presión, sin la sensación de que la otra persona me va a corregir en cualquier momento a decir lo que está bien o está mal, puede poner foco en lo que se llama la ambivalencia. En el libro hablan de ambivalencia. El que toma drogas ya sabe que tomar drogas tiene algo malo, el que fuma ya sabe que fumar tiene algo malo, el que come más de lo que debería, por ejemplo yo, ya sabe que estar gordo tiene unas potenciales consecuencias. No hace falta que tú vengas desde tu superioridad, desde tu slim privilege, a decirme lo que yo debería hacer. Probablemente si yo encuentro un entorno donde yo pueda hablar de por qué sí, por qué no, lo que he intentado, lo que ha fallado, que me siento mal conmigo mismo, que no hay un momento en que yo de manera autónoma toma la decisión. Si tú intentas empujarme hacia que tome una decisión, lo que voy a reafirmarme es la contraria. Voy a ejercer la reactancia.

    Raúl Hernández [00:43:33]:

    Vale, pues sí, mira, mira como chocate. ¿A que te jode? Esa parte de la empatía y de escuchar a la otra persona puede ser muy importante. Y luego, desde ese equilibrio de yo te respeto a ti y me gustaría ser respetado también viene bien exponer también por qué esa parte es importante para nosotros. Es decir, un hijo al que lo típico, ponte el abrigo que hace frío. Pues no hace frío, pues hace frío, ponte el abrigo, te vas a enfriar. En vez de insistir en que yo tengo la razón en que hace frío y tú debes ponerte la chaqueta, yo quiero escucharte, que tú me digas por qué no te gusta llevar la chaqueta. Y te voy a explicar por qué para mí es importante que te pongas la chaqueta y en el momento en que hacemos esa reflexión de por qué para mí esto es importante, por qué a mí me encabrona tanto que no lleves la chaqueta, por qué aquí que le encabronaba tanto que esta otra persona no respondiese en los mails, es cuando nos damos cuenta de que a veces no tenemos razones de peso para imponer el cambio a los demás. Oye, ¿Por qué para mí es importante que lleves la chaqueta? Hombre, pues porque soy tu padre y no quiero que sientas frío, porque el frío es incómodo, pero chica, si quieres pasar frío, allá tú, llovía hasta calentito en casa, no tengo problema, o me puede preocupar que cojas un resfriado y luego un resfriado para mí es un problema, porque si te pones mala tenemos que andar de médicos.

    Raúl Hernández [00:44:57]:

    Pero esa es mi preocupación.

    Quique Gonzalo [00:45:00]:

    Es que fíjate qué interesante lo que comentas, Raúl, porque muchas veces nosotros damos la asunción y anticipamos la solución a un problema que todavía no existe. Cuando yo le estoy diciendo a mi hijo en casa que estamos calentitos, que se ponga el abrigo, él todavía no ha experimentado el frío, nosotros sabemos que en la calle hace frío, pero es difícil que comprenda que porque me voy a poner algo más encima cuando en casa ya estoy caliente, que de hecho si me pongo todavía algo más caluroso voy a estar incómodo. Esto que es un ejemplo micro, podemos aplicarlo a otros niveles y darnos cuenta de que muchas veces anticipamos la solución sin que el problema haya aparecido y

    Raúl Hernández [00:45:49]:

    sin que a lo mejor ese problema que es un problema para mí, para el otro es un problema porque yo soy friolero y salir en la calle con frío me molesta, pero a lo mejor la otra persona no y está en manga corta la mar de a gusto.

    Quique Gonzalo [00:46:03]:

    Completamente. Y ahí es donde entra algo que para mí es fundamental, que es lo que los equipos de mayor rendimiento, y siempre cuando hablamos de equipos, ya sabéis que no hablamos únicamente de comités de dirección, el equipo de personas que trabajamos juntos en la empresa, mi equipo de compañeros, mis amigos, mi familia. Los mejores equipos no son los que tienen las personas más capaces, son los que tienen mayor seguridad psicológica. Y esto no se construye, como decía Raúl, presionando a las personas para que sean diferentes, se construyen diseñando contextos donde cada persona pueda ser quien es, expresando sus diferencias sin que haya un problema. Yo creo que esto es importante porque muchas veces a nivel profesional, yo he trabajado muchos años en recursos humanos y es algo que la gente lo tenía un poco como creencia que los desenganches de los empleados con las empresas estaban por el tema salarial y lamentablemente no es así. Recuerdo un estudio de Gallup que decía que en torno al 60% de lo que estaban desenganchados las personas era de cómo trabajaban con sus jefas y jefes. Entonces es muy importante, como decía Raúl, entender esa herramienta de la comunicación no violenta. Por cierto, En el episodio 98 hablamos con Pilar de la Torre sobre comunicación no violenta, es una de las mayores expertas en español España al respecto.

    Quique Gonzalo [00:47:38]:

    Y eso nos da una herramienta. Hemos visto contexto, hemos visto comunicación no violenta y creo que hay otro que puede funcionar muy bien que tiene que ver con esto que acabamos de hablar ahora de que yo tenga frío no significa que los demás tengan frío. Y es que a veces para cambiar un comportamiento es más eficaz reducir las fuerzas, las fuerzas que nos frenan, que aumentarlas que nos impulsan. Es decir, no buscar más presión, sino menos fricción. Como decía Raúl, no cambiar a las personas con argumentos, cambiamos buscando cambiar el contexto en el que operan. De hecho hay para mí un ejemplo muy claro de esto. Raúl es Ulises. Ulises de repente cuando va a pasar por la zona de las sirenas en su barco, no confía en su fuerza de voluntad y lo que hace es atarse al mástil.

    Quique Gonzalo [00:48:35]:

    Y es entender que también hay una capacidad de autorregulación que funciona como un músculo. No es infinita, es decir, nuestra fuerza de voluntad no es infinita, pero sí que podemos apoyarnos en ella para ayudarnos a diseñar un entorno que nos haga justamente no depender de ella. Pero en un momento para comenzar, oye, pues sí puedo tirar de esa parte de fuerza de voluntad.

    Raúl Hernández [00:49:01]:

    Adicionalmente, yo creo que podemos buscar fórmulas para autoinfluirnos. Dicen que somos la media de las cinco personas de las que nos rodeamos y si quieres, yo que sé, tocar más la guitarra, pues probablemente será bueno que tus amigos sean guitarristas, porque si nadie en tu entorno toca la guitarra, pues probablemente nunca toques la guitarra. Si quieres comer mejor, pues probablemente sea interesante que te dediques a ver contenidos relacionados con la nutrición y contenidos relacionados con el fitness, porque eso va a ayudar a que sin querer en tu día a día. Es decir, podemos tomar decisiones de diseño. Y ahí es donde volvemos a hablar de la mente mono y la mente que piensa. La mente que piensa puede tomar decisiones en sus pequeños momentos de lucidez que luego guíen a la mente mono. Pero aquí estamos hablando ya de cambiarnos a nosotros mismos y también de cambiar a los demás. Siempre aceptando que tenemos que ser lo suficientemente sutiles como para que la gente no sienta que me están llevando al huerto.

    Raúl Hernández [00:50:06]:

    Porque en el momento que alguien siente joder, se te está viendo como al Mago de Oz, se te está viendo las palanquitas que estás utilizando para hacerme el truco, pierde poder. Yo creo que en el fondo tiene que haber una honestidad en ese respeto a los demás, en entender los ritmos y entender las decisiones, incluso respetar que la gente haga cosas que no nos convencen. Y luego, en la medida en que tenemos que convivir en un entorno de trabajo, en un entorno social, en un entorno doméstico, intentemos llegar a acuerdos, pero acuerdos honestos, acuerdos que no sean de yo te estoy retorciendo el brazo y tú dices que sí a lo que yo digo, sino acuerdos que nazcan. Tú has expresado tu punto de vista, yo he expresado el punto de vista, y honestamente, vamos a buscar algo que nos medio satisfaga a los dos. Primero, porque ese es un compromiso que es más sostenible a medio largo plazo que el que se logra por la presión, o por la sanción, o por el miedo. Y segundo, porque es un compromiso al que vamos a poder regresar después para oye, acuérdate que habíamos llegado a este acuerdo. Si no funciona, veamos por qué no funciona y lleguemos a un nuevo acuerdo. Pero no nos empeñemos, como decíamos al inicio, en darnos golpes contra una pared, no nos empeñemos en que el olmo de peras, porque eso nos va a dejar unos chichones y una frustración que nos va a agotar muchísimo.

    Quique Gonzalo [00:51:38]:

    Ahora bien, tú que estás escuchando ahora este episodio, tienes completa libertad de decidir si lo aceptas o no, si cambias tú o esperas que cambien los otros. Lo interesante es que si te quedas esperando a que cambien los otros, no vas a estar presente en la relación real. Vas a estar viviendo una versión futura en la que para ti esa persona ya ha cambiado. Y es una relación que no existe. Y de hecho, lo que va a suceder es que vas a estar rumiando, vas a estar repitiendo mentalmente ese problema sin resolverlo. Y es exactamente lo que hacemos cuando esperamos que alguien cambie sin tomar ninguna decisión, sino que sean los otros los que cambien. Cuando hacemos esto, cuando vamos pensando ya cambiará, ya lo hará, se dará cuenta. Porque vives en esa relación futura ideal que no existe a día de hoy.

    Quique Gonzalo [00:52:33]:

    Lo que estás haciendo es aumentar de manera significativa los síntomas de ansiedad y de depresión. Y no es algo metafórico. El agotamiento es fisiológico porque la rumiación activa el eje del estrés de forma sostenida. Es decir, tiene un coste medible en tu salud mental y física. De hecho, Daniel Kahneman documentó que el sufrimiento no viene del valor absoluto de lo que recibimos, sino de la brecha entre lo esperado y lo recibido. Así que cuanto más tiempo mantienes esa expectativa sin resolver, mayor es la brecha y mayor es el sufrimiento. Y aquí podemos entrar en algo que a mí me gusta mucho, que es la importancia etimológica de las palabras. Y es qué distingue aceptar de resignarse.

    Quique Gonzalo [00:53:29]:

    Es decir, aceptar a alguien no significa estar de acuerdo con esa persona. Significa en cierto modo, dejar de gastar energía en algo que no depende de nosotros. Y eso cambia completamente la pregunta ¿Por qué? Porque ahí entramos algo que a mí me gusta mucho, que es un concepto de Brené Brown, que es encargar versus pertenecer. Encajar es convertirte en quien necesitan que seas. Y pertenecer es presentarte como eres y dejar que la afinidad ocurra o no. Y ahí sucede que en la mayoría de las relaciones, nuestro ego lo que quiere es que encajemos siempre. Y yo creo, Raúl, que tú puedes traer aquí algo que escribiste en tu newsletter que me gustó mucho de Gary Olman, que ya no es preguntar si voy a gustar a los demás, es preguntar si los demás me van a gustar a mí.

    Raúl Hernández [00:54:27]:

    Sí. Esta es una frase que él decía. Yo antes, cuando era más joven, solía entrar en las habitaciones pensando si yo les iba a gustar. Y ahora cada vez más, entro a las habitaciones y conozco gente pensando si ellos me gustan a mí. En el fondo. Y aquí entramos en la otra parte, en la parte de que durante muchas épocas de su vida ha sentido la presión por ser cambiado, por ser alguien que no es, por tener unas características que no son las suyas. Y podemos hablar de la presión en la familia, la presión social por unos determinados cánones de comportamiento, apariencia, de la presión por cuál es el camino correcto. Y la sensación que nos pasamos mucha parte de nuestra vida intentando, como dices, encajar, hacernos formas raras.

    Raúl Hernández [00:55:19]:

    No sé si habéis visto estos concursos japoneses donde vienen unas siluetas en formas extrañas y el concursante tiene que hacer contorsiones para intentar entrar. Y dices, John, ¿Por qué? ¿Qué agotador es eso? Qué agotador es estar todo el rato pendiente de las señales externas de si lo estoy haciendo bien o lo estoy haciendo mal. Que me tengan que sentar y decirme y aceptar una mirada por cómo voy vestido, por lo que me gusta o me deja de gustar, por mi forma de trabajar, por un montón de cosas. Hacerme sentir inadecuado. Esto también lo dice Tara Brach cuando en su libro de aceptación radical, el Trance of Unworthiness, el sentirse que no vales la pena, que siendo como tú no estás bien, que te falta algo siempre. Y qué distinto es eso a cambiar el chip, decir no, si estoy de puta madre. Yo ya sé que no soy perfecto en todo, pero es que así es como soy. Y a partir del así es como soy, en vez de estar buscando hacer contorsiones para encajar por los huecos que otro define, voy a buscar huecos donde yo encaje mejor, donde no tenga que hacer contorsiones para encajar.

    Raúl Hernández [00:56:32]:

    Y eso muchas veces significa cambiar de grupo de amigos, significa a veces cambiar de pareja, significa cambiar de cultura corporativa, cambiar de jefe, cambiar de muchas cosas. Eso es lo que implica aprender a poner límites. Y aquí hay una forma, que para mí también ha sido muy reveladora de entender que es poner límites. Poner límites no es pretender que los demás cambien su comportamiento. No me puedes volver a hablar así. No, es poner el foco en mi comportamiento. Cuando tú me hables así, yo me voy a marchar. Y si este comportamiento persiste, yo elijo no aceptarlo.

    Raúl Hernández [00:57:17]:

    Mi límite es mi comportamiento. Tú puedes hacer lo que te dé la gana, yo voy a tomar mi decisión. Si yo estoy en un sitio donde siento que no encajo y me siento juzgado, mi opción no puede ser decirles a los demás, no me juzguéis, mi opción va a ser buscar un sitio donde los juicios sean más favorables. Ese va a ser mi límite y ese va a ser mi cambio de chip. Y de nuevo te da una paz mental, te da una tranquilidad, te reduce. Y no porque quieras dejar de gustar a los demás, eso es algo que llevamos metido dentro. Pero el momento que aceptas que cada uno somos, como decía al inicio de nuestro padre, nuestra madre, que hay cosas tuyas que a alguien no le van a gustar nunca porque su forma de ver el mundo es distinta, ostras. Pues ni es culpa tuya, ni es culpa de la otra persona.

    Raúl Hernández [00:58:07]:

    Lo mejor es que busquemos, partamos peras, volviendo a hablar de peras, partamos peras y cada uno busquemos un entorno y esa persona busca a alguien que le satisfaga y yo busque un lugar donde sentirme bien recibido.

    Quique Gonzalo [00:58:21]:

    Qué maravilla de cierre, Raúl, como actitud responsable, honesta y en especial de esperanza y tranquilidad de espíritu. Para cerrar este episodio vamos a ir recogiendo lo que hemos visto a modo de resumen en el episodio de hoy. Y es que primero tendemos a querer cambiar a los demás como una forma de confirmar que nosotros tenemos razón, que ese ego construye una narrativa donde el otro es el difícil. Y mientras estamos ahí, no tenemos que observarnos o mirar hacia adentro en nosotros mismos. Hemos visto también que las expectativas no expresadas son contratos que nadie firmó y y que cuando no se cumplen, cuestionamos a la persona en lugar de revisar el contrato. Hemos visto también que el cambio real no viene de la presión, viene del diseño del contexto, viene de la comunicación no violenta, viene de cambiar el sistema, no a la persona. En ser conscientes de que el cambio empieza en uno mismo y no en el otro. Y que si el contexto no puede cambiarse, la pregunta honesta no es ¿Cuándo vas a cambiar? Sino ¿Es esto suficiente para mí o como decía ahora Raúl, tomo una decisión honesta, aunque puede ser que complicada? Raúl, antes de ir con el hábito de cierre, ¿Qué te llevas del episodio de hoy qué vas a poner en práctica?

    Raúl Hernández [00:59:51]:

    Me llevo una reafirmación, Un doble respeto, un respeto cada vez mayor por los demás, por cómo son, por cómo actúan, incluso aunque no sea como yo sería o como yo actuaría. Y a la vez mucho respeto también por mí mismo, por aceptar que está bien como estoy, que muchas veces el cambio que se nos sugiere o que se nos fuerza, tiene más que ver con los demás que con uno mismo y que al final merece mucho más la pena dedicar esfuerzo encontrar terrenos donde tú vayas a florecer que emperrarse en florecer en un terreno que no es el tuyo.

    Quique Gonzalo [01:00:50]:

    Maravilla, amigo. Y si vosotros también queréis, como Raúl, acompañaros de personas que quieren cambiar desde dentro hacia afuera, desde uno hacia los demás, podéis hacerlo en KENSO Círculo. Y es la comunidad de KENSO donde todos crecemos con retos, crecemos marcando también nuevas expectativas, compartimos conocimientos, acceso a muchos beneficios. Para ello solo tienes que acudir a KENSO es Circulo. Ya sabes que ahí te estamos esperando para formar parte de esta maravillosa comunidad. Y para terminar, el hábito KENSO de esta semana es que el ser humano es un ente legítimo frente a mí y autónomo en su capacidad de actuar. Nos vemos pronto.

    Raúl Hernández [01:01:36]:

    No cambie, no cambie. No cambie. No cambie. No cambie, no cambie. Hasta pronto, todos.

 

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