Conversaciones: Belleza

¿Estoy reconociendo mis propias bellezas, o tiendo a minimizarlas?

Episodio 395

¿Alguna vez te has preguntado por qué, aunque estamos rodeados de imágenes perfectas y cánones inalcanzables, seguimos buscando la belleza en lo cotidiano? ¿Qué es realmente lo bello y por qué nos impacta tan profundamente?

En este episodio, nos sumergimos en una conversación honesta sobre la belleza: cómo la hemos reducido a lo meramente estético y qué sucede cuando olvidamos su vínculo esencial con la ética y la bondad. Descubriremos cómo encontrar belleza en lo imperfecto, en el paso del tiempo y en los pequeños detalles que, muchas veces, nos pasan desapercibidos.

 

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Índice del programa

  • (00:00) No hay ética sin estética: primer acercamiento a la belleza

  • (01:33) Kant, Adorno y Santo Tomás

  • (05:16) El acto político de la estética

  • (07:20) El lado oscuro de la belleza

  • (11:54) La vejez como experiencia profunda

  • (20:23) El arte de percibir belleza

  • (23:46) Subjetividad universal

  • (32:59) Belleza en lo ordinario, el dolor y la vergüenza

  • (38:50) Ruina, destrucción y preservación de la belleza en la historia

  • (41:52) Lo invisible, educación sentimental y grandes bellezas del arte

  • (46:30) Reconciliación personal

  • (48:21) ¡Nos escuchamos muy pronto!

 
Deja de mirar la belleza y empieza a buscarla donde nunca te atreverías a encontrarla.
 

Recursos mencionados

 
  • Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí.
    Disculpa, si lees algún error en la transcripción.

    Quique Gonzalo:

    No hay ética sin estética.

    David Criado:

    Personas aparentemente bellas que tienen un cariz horrible.

    Quique Gonzalo:

    Mi mayor enemigo, si yo puedo encontrar belleza, un punto de belleza en él, existe un punto de conexión sobre el que podemos trabajar.

    Quique Gonzalo:

    Hoy hablaremos de la belleza, que está íntimamente ligada a nuestro capítulo anterior donde hablamos del bien y la bondad, porque la raíz de la palabra griega kalos significaba lo bello y lo bueno y en la palabra de raíz latina bellus era el diminutivo de lo bueno. Lo que sucede es que la belleza ha vivido una evolución semántica crucial y es la separación de lo bello y de lo bueno. Nos hemos quedado con lo estético, con todo lo que va hacia el exterior y hemos olvidado esa frase que no hay ética sin estética y que es algo fundamental. Por lo tanto, hablar de la belleza creo que nos va a reconciliar con seguir siendo buenas personas.

    David Criado:

    Solemos interpretar muchas veces que la belleza es lo bonito. Y claro, lo bonito puede ser objetivo a veces y subjetivo muchas de ellas. Pero fíjate qué definiciones más bellas y más bonitas aparecen en este libro que tenemos aquí. La crítica del juicio. Una maravilla del libro, el tercero de las grandes críticas. Después de la razón pura y de la razón práctica, de repente Kant escribe esta crítica del juicio y fíjate qué oraciones más bonitas, casi íntegramente dedicada a la crítica del juicio a la belleza. En el momento en el que decidimos tener esta conversación me acordé del libro porque me parece una maravilla. Muchas veces no valoramos que además de buen filósofo, era un gran autor de la palabra. Fíjate qué reflexiones más interesantes. La belleza, estas son frases literales, la belleza nos prepara para amar algo. Es decir, la belleza nos prepara para amar algo. Significa que el mero hecho de entender belleza en aquellas cosas que nos rodean nos hace amar algo. Quiero decir, el amor no está en «First dates». El amor no está en esas primeras citas o en esas oportunidades que duran un mes con la persona con la que estoy saliendo. El amor está primero en ver la belleza de lo que tengo delante, saber apreciarla para luego decidirme a amarla. Fíjate qué manera de entender la realidad tan sumamente maravillosa. Siguiente. Lo bello es lo que es representado sin concepto como objeto de una satisfacción universal. Voy a ello. Lo bello es lo que es representado sin concepto. Es decir, lo que antes de que pensemos o seamos capaces de pensar algo es representado. Naturaleza, representación. La representación que nos estamos haciendo sin concepto, ya la estamos haciendo intuitivamente y es objeto de satisfacción universal. Es decir, hay una belleza que todos podemos ver y a la que todos podemos acceder. La belleza como un sentido democrático de la vida. Accedemos a la belleza no como algo bonito, sino como algo a lo que más que tener derecho, deberíamos tener obligación. Y otra gran reflexión, tremendamente interesante, esta de la crítica del juicio, esta del segundo libro del que me acordé, claro, de la teoría estética de Adorno, la belleza es histórica porque siempre sobrevive. Claro, esto, mi gran defensa de esta reflexión de Adorno, que creo que es tremendamente cierta, es que algo bello sobrevive al tiempo, a la historia y a la propia época en la que se encuentra. Lo bello es perceptible y admirable desde cualquier ángulo. Por eso cuando me enfrento a amigos que tengo, arquitectos que adoran el brutalismo, les digo, pero hijos míos, dejad de leer ya a Ayn Rand y dejad de leer el puñetero manantial y empezad a apreciar bellezas que sobreviven, no solamente a nivel estético, sino a nivel estructural. Y son bellezas que además son perceptibles en el tiempo. Nosotros cuando paseamos por los barrios de las grandes ciudades y vamos al centro, podemos ver una diferencia estética muy grande entre las propias fachadas de los edificios que vemos en el centro, que nos invitan a una mentalidad acogedora, y las fachadas que vemos en un barrio de la periferia. Es decir, la estética también como acto político que sitúa a las personas que no pueden disfrutarla como meros usuarios de una estética que han decidido otros. Y cuando estamos en el centro, cuando vamos al centro, llega, por ejemplo, el puente que acabamos de tener hace poco, y la gente va al centro a ver las luces de Navidad, va al centro en Madrid, a la Puerta del Sol, en fin, Plaza Cataluña, en Barcelona, donde sea, y van al centro porque ven, disfrutan más de ese paseo. A nadie se le ocurre hacer un paseo, a nadie se le ocurre que esté viviendo, esto sería inédito en la historia de los movimientos urbanos, a nadie que esté viviendo en el barrio de La Latina en Madrid, se le ocurre ir al barrio de Carabanchel a ver las luces. A no ser que esté saliendo con una parienta que vive en Carabanchel y obligatoriamente tiene que ir porque le ha invitado para conocer a sus padres o para pasar la Navidad con ellos y se tiene que joder e ir a Carabanchel. Por cierto barrio digno en el que vivo, pero tremendamente feo, no posee dosis o elementos de belleza que sean sustentatorios de una mentalidad urbana compartida. Al barrio donde yo vivo se va a dormir, se va a tener los ojos cerrados. Fíjate qué acto, no se va a tener los ojos abiertos. Al centro de las ciudades es donde se va a tener los ojos abiertos. Y estas ideas de belleza son muchísimo más amplias que la idea de ver a una persona y decir eres guapo o es guapa o típica frase, este tío está muy bueno, esta tía está increíble. La belleza va más allá de eso.

    Quique Gonzalo:

    Fíjate porque me encanta la importancia que tienen los verbos que has expresado, contemplar la belleza, porque al final la belleza no es algo que miras, es algo que contemplas, porque cuando contemplas la belleza te acercas a la verdad. Es decir, como tú bien dices, esos edificios probablemente dentro de 80 o 100 años serán derruidos, a no ser que haya una guerra. Esperamos que muchos edificios del centro de cualquier ciudad histórico permanezcan y ahí es donde está la verdad. Me ha gustado mucho eso de cómo sobrevive, de que lo bello sobrevive. Lo pensaba el otro día, David, con un acto que tú me lo dijiste un día de refilón y me quedé con ello, llegó un cuchillo a casa que he comprado a mi hijo, con el que el primer día directamente se cortó. Entonces ya tuvimos un aprendizaje doble y lo observaba y decía este cuchillo qué bello es, está bien hecho, está bien hecho, tiene la punta, la precisión, el cómo está creado. Y me llevó a pensar todos aquellos objetos bellos que mantenemos en el día a día que han sobrevivido y de los que nuestra capacidad de no contemplar hacen que pasen desapercibidos. Un paso de peatones, un cuchillo, un tenedor, todo eso ha sobrevivido y es belleza porque conjuga los dos elementos que decíamos: el bien, el buen uso y la parte de de la propia estética. Y hay algo más que me traía tu reflexión que me gustaría comentar y me pasaba con el momento en el que Yago se cortó y es enamorarte también del lado oscuro de las cosas bellas. Es decir, estamos acostumbrados a que oye, el cuchillo sirve para cortar, es un utensilio, pero te puedes tú también hacer daño con él. Tu pareja, tu parienta, tu pariente, le puedes querer mucho, pero te aseguro, David, y a todos los que nos estáis escuchando, que vuestra pareja, parejo o lo que tuvierais el día que lo tuvierais, tiene sus lados oscuros. Y creo que es bello también querer descubrir y contemplar los lados oscuros de la belleza que tienen todo aquello que nos rodea.

    David Criado:

    En alguna conversación tú y yo hacíamos referencia a ese principio representativo, simbólico, muy estético y muy didáctico del yin y el yang. La idea de que dentro de lo bello está lo feo y dentro de lo feo está lo bello, dentro de lo bueno está lo malo, dentro de lo malo está lo bueno, es rigurosamente cierta. Es una idea absoluta, una idea que nos invita todo el rato a situarnos en los matices. De nuevo, nuestra obsesión en estas conversaciones es hacer que la gente habite los matices, no que se vaya a los extremos o a los purismos, sino que habite los detalles y los matices. No para caer en un relativismo, sino para tener una mentalidad informada respecto a su realidad y poder disfrutarla mejor. Porque al final los paisajes perceptivos de la belleza son múltiples. Uno puede disfrutar un horizonte de belleza allá donde va, en muy diferentes cosas. Hablabas de edificios, hablabas de cuchillos, yo hablaba de edificios, tú hablabas de cuchillos, pero podemos disfrutarlos en una gran cantidad de cosas. Vemos paisajes perceptivos de belleza en el alma, en el interior de una persona, si no queremos hablar de alma, porque nos parece muy trascendente, en la forma de ser, en la condición que tiene una persona. A mí me resultan espectacularmente bellas las personas ordenadas. Y es una belleza que yo percibo de forma subjetiva, pero donde más belleza veo, lo que me concita más atracción es la bondad, un tema del que en algún otro momento hemos hablado. Y la belleza, esa belleza que uno percibe y la belleza objetiva que uno comparte, también tiene esta historia estética que deberíamos conocer. Hacer las cosas... hacer ese cuchillo bien, es belleza porque es correcto y ha tenido una determinada disciplina. Se requieren determinados rudimentos de pensamiento técnicos para hacerlo, que te resultan bellos, hacen de eso un resultado bello.

    Quique Gonzalo:

    Y qué curioso también que nos has dado la pista que cuando llegan los momentos de puentes, de vacaciones, huimos normalmente de los lugares que habitamos en busca de la belleza. Curiosamente, a la naturaleza habitualmente, quiero decir, la playa, la montaña, un sitio verde, lo que cada uno pueda acceder a ello, o venir, como decías tú, a ver las luces de Navidad, a esos lugares donde encontramos unas tradiciones. Entonces hay una belleza muy ligada al legado, el legado histórico, que podemos hablar ya de los antiguos griegos, de cómo buscaban, lo decías tú antes, el orden, ellos en la proporción matemática, en la proporción áurea, toda esa belleza en el diseño que podemos encontrar. Y había una frase que a mí me encanta, bueno, ya es uno de mis autores favoritos, Dostoyevsky, que decía que la belleza salvará al mundo. Es muy difícil ir a la guerra si buscas lo bello.

    David Criado:

    Sí, lo que pasa es que...

    Quique Gonzalo:

    Te he puesto un aprieto, amigo.

    David Criado:

    Sí, claramente, porque no conocía esa cita de Dostoyevsky, pero quiero rebatirle, aún estando muerto, perdóname, Fiódor, pero...

    Quique Gonzalo:

    Levántale un momento ahí de la tumba.

    David Criado:

    Pero hay una enorme cantidad de personas aparentemente bellas que tienen un cariz horrible, una tez que a nadie le gustaría encontrarse, se reproducen como esporas, es una cosa bárbara, funcionan por mitosis y se van multiplicando como si fuera un virus. Es algo bárbaro. La definición que a mí más me gusta de belleza es la tomista, es la de Santo Tomás. Y Santo Tomás dice que la belleza tiene tres características. Santo Tomás, como siempre, es hiperclaro, de hecho es una de sus características. La belleza es proporción, la belleza es integridad y la belleza es claridad. Es decir, nos llaman atención las cosas íntegras o las personas íntegras, pero también las personas claras. Tú y yo en algún momento, en alguna de nuestras conversaciones, hemos hablado de personas que hablan demasiado claro, eso llama mucho la atención, pero la claridad, más que ese hablar claro, la claridad a la que se refiere Santo Tomás es una claridad benigna, una claridad evocadora, la claridad de quien va por delante con lo que es la claridad de quien no invita a ningún tipo de equívocos. Y eso es de agradecer, sobre todo en tiempos donde efectivamente hay incoherencias entre lo que una persona dice y lo que una persona hace a niveles estratosféricos.

    Quique Gonzalo:

    Fíjate que en cierto modo estábamos de acuerdo, porque el personaje, la crítica que hace al final en Dostoyevski, es que busca la belleza moral, es decir, esa capacidad moral donde entiendes la dignidad de los otros, no como un fin, o sea, perdón, no como ese medio en el que yo voy a conseguir gracias a ti, todo aquello que. Fíjate qué bien traído, porque el otro día recuperaba una anécdota de uno de nuestros últimos episodios y es del monje Jorge de Burgos, lo traigo de vuelta. Ahí está «El nombre de la rosa». Volvemos a ello, que no sé si sabías que estaba basado, lo he traído por aquí, en uno de nuestros autores favoritos, que es Jorge Luis Borges.

    David Criado:

    En alguno de sus cuentos, entiendo, por el libro que has traído.

    Quique Gonzalo:

    En el propio Borges. Y luego es verdad que estéticamente le ves y que tenía esa imagen de los últimos años ya con sus ojos más.

    David Criado:

    Bueno, y sobre todo porque es ciego, Entiendo.

    Quique Gonzalo:

    Totalmente. Pero es curioso cómo en el libro discierne quién puede ver y acceder a lo bello y quién no, y cómo. ¿Porque cuál es el mayor castigo? Te enveneno, la muerte y desapareces. Todo esto me lleva a algo que es fundamental y es entender que si somos capaces de habitar la belleza de las personas más allá de la estética, es decir, de adentrarnos más en la conexión profunda, es desde donde podemos encontrar esos rincones de conexión, David, que me parecen tan importantes para poder conversar. Es decir, incluso con mi mayor enemigo, si yo puedo encontrar belleza, un punto de belleza en él, existe un punto de conexión sobre el que podemos trabajar. Y esto nos puede pasar en una negociación con nuestra pareja, nos puede pasar con nuestros amigos, una discusión en cualquier momento, ser capaces, ojo, que ya digo que no es nada fácil, de encontrar ese punto de belleza, ese punto de unión.

    David Criado:

    Lo que pasa es que esto que decías de Dostoyevsky es como aquello que decía Unamuno, la belleza es el fin de la esperanza. Es algo parecido, es una reflexión parecida aquí, que yo no la conocía, me parece muy interesante. Decía, bueno, si al final la verdad es el fin del conocimiento, Unamuno, que siempre tiró por ahí, decía la belleza es el fin de la esperanza, la finalidad de la esperanza. ¿Que es lo que me estás diciendo que venía a decir Dostoyevsky. Me parece una forma de entender la belleza muy bonita, muy sólida, tremendamente arraigada. Estoy pensando, hay una belleza también en la prolongación continua del momento presente, la idea de no envejecer, que hoy nos parece bella y que antiguamente hubiera sido una blasfemia, hubiera sido algo demoníaco, propio de la brujería en la antigüedad, hoy nos parece algo increíble. Hacemos lo posible para no intentar envejecer, como si envejecer fuera algo malo, además de los achaques físicos y de salud, como si fuera un estigma social. Lo creemos porque en cierto sentido hemos convertido el envejecimiento en ese estigma social, lo hemos demonizado. ¿Pero hay belleza en la vejez, te pregunto?

    Quique Gonzalo:

    Yo creo que hay una de las más absolutas bellezas, porque no hay nada más precioso que querer cuidar, curar y mostrar las cicatrices que llevas del camino. Y eso solo lo puedes hacer cuando envejeces. Un cuerpo sin una sola cicatriz moral, física, de la que no hayas aprendido a convivir, es un cuerpo vacío. Cuando vas pasando a lo largo de tu vida, compartiendo momentos y empiezas a entender, yo creo que con poca, por así decirlo, cuando eres joven crees que lo sabes todo y conforme vas envejeciendo tienes más incertidumbres y menos certezas, hace que convivas con esa otra belleza que se encuentra a un nivel mucho más profundo. Justo lo comentábamos, que ese entendimiento para mí, David, va íntimamente ligado a la figura del legado. Y es que cuanto mayor te haces y envejeces, más empiezas a comprender la trascendencia de cuál va a ser tu legado. Algo que probablemente en la juventud yo no pensaba de aquella manera. Y podemos pensar en el legado acerca de lo que puedes dejar en tus hijos o en tu familia, o cómo quieres ser recordado, o si has tenido incluso mayores capacidades de impactos sociales. Pero creo que en el envejecimiento hay una de las bellezas más profundas del ser humano y más bonitas de observar. A mí me encanta sentarme con personas mayores que yo, y esto sí es cierto que lo hacía desde muy joven, y hacerles preguntas y escuchar, porque es un camino a recorrer. Es un camino a recorrer.

    David Criado:

    Bueno, tú decías, hacía referencia a tu suegra, creo que en otra conversación decías que te había dicho dónde yo estoy estarás, como advertencia, no como amenaza, como advertencia y como recordatorio, memento mori.

    Quique Gonzalo:

    Sí, sí.

    David Criado:

    Claro. Esto me hace pensar si la belleza se puede percibir solo de forma consciente o si podemos sentir o percibir algún tipo de belleza de forma inconsciente. Lo pienso ahora, según te estaba escuchando. Tal vez la belleza consciente hace que cualquier persona, cualquier corazón apresurado de nuestro tiempo se detenga y sepa estar en el momento, sepa estar presente. Porque yo sí que creo que consciente o inconsciente, no sé si se puede sentir esa belleza inconsciente, pero tal vez sí. Probablemente, no soy consciente de ello, pero sí que se necesita estar presente para percibir o para sentir esa belleza. Estar en el momento, estar en lo que está pasando, lo que ocurre. Y quizás esa belleza es hoy esquiva. Tengo la sensación al estar todo el rato en esta suerte de prisa, se nos escapa la capacidad de estar atentos a la belleza, que por cierto es una belleza fugaz, esa belleza que queremos perpetuar en el tiempo, ese momento que queremos hacer eterno. Yo creo que eso es una buena definición de de la percepción de la belleza. Y a lo mejor hoy se nos está escapando muchas veces en muchas de las cosas que hacemos con pérdida de foco.

    Quique Gonzalo:

    Estoy completamente de acuerdo contigo. Porque cuando tú paseas por las calles de una ciudad histórica, normalmente no levantas los ojos. Y eso es perder la capacidad de asombro. Porque probablemente, si buscas allá arriba encuentres elementos de belleza que te sorprendan. Eso mismo lo puedo llevar al nivel de las personas. Si yo todos los días, David, trato contigo de la misma manera, difícilmente voy a encontrar unos ojos que me permitan ver otros ángulos de ti. Y es lo que solemos hacer. Vamos tan apresurados que mantenemos los cánones de relaciones de la misma manera a todos los niveles. Hay un libro que he traído por aquí que a mí me gusta mucho porque es un concepto japonés, que es el wabi-sabi y es encontrar la belleza en las imperfecciones, en cuando algo se rompe, el cómo luego también empiezas a recomponerlo, cómo más allá de la percepción, como hablamos antes del canon de las perspectivas áureas o de las métricas áureas, hay una belleza en todo lo que es imperfecto. Porque, y aquí podríamos entrar, yo creo que otra buena conversación. Probablemente lo que para mí sea más bello no tiene por qué ser lo más bello para otras personas. Y eso creo que es importante reconocerlo, el por qué para otras personas esta mujer o este hombre, este coche o esta casa, este libro o esta canción, pueda ser lo más bello que existe. Porque creo que detrás de eso lo que hay, vamos a decirlo así, es una pequeña confesión.

    David Criado:

    Yo soy partidario, igual que lo era con el bien, de que la belleza se puede percibir de forma universal. Hay una belleza que todos percibimos, quizás con tiempo, quizá con aprendizaje, quizá con madurez se necesite esa madurez para percibirla, pero todos la llegamos a percibir. Y hay una belleza subjetiva. Yo también lo creo. En este libro que recomendabas se ve en la propia portada «El arte del kintsugi», uno de los dos, uno de los caminos de perfeccionamiento japonés basado en las manos, la reconstrucción. Probablemente aquí en el interior aparezcan algunos jarrones reconstruidos. Efectivamente, aquí está. Y son jarrones que tienen que ver con la realidad actual de ese jarrón. No estoy viendo el jarrón que me gustaría ver, sino que veo el jarrón que es y ahí es donde reposa o reside la belleza. Por tanto, esa belleza del presente como que totalmente aplicaría a ese libro que te gusta.

    Quique Gonzalo:

    Me encanta lo que decías del kintsugi, porque para gente que no lo conozca, es una práctica en la cual cuando algo se rompe, tú lo que haces es recomponerlo para que tenga más valor, cómo lo hacen ellos. Ese jarrón roto lo recompongo con papel de oro y entonces ya no es el mismo jarrón, pero es un jarrón al que todavía le doy más valor. Y como te decía antes, David, hoy era un momento de confesiones de qué es la belleza para cada uno. Entonces yo he traído aquí dos ejemplos de algo que para mí es tremendamente bello. Uno es este libro que se llama «Stoner». Es un libro de John Williams y es maravilloso. Un libro en el que aparentemente no sucede nada. Y ahí es la maravilla de la historia de la persona, de lo que hay detrás. Entonces esto es una confesión de lo que para mí es algo tremendamente bello. Y luego he traído este disco que la verdad, tengo que reconocer la historia. Lo compré, es el último CD que he comprado, David, y lo compré para regalárselo a Quique González, pero llegó un poco tarde. Entonces yo ya tengo una copia, pero me quedé con él y es un disco maravilloso de un cantautor que se llama Jeff Hanson, fallecido muy jovencito. Es un disco que yo diría que el 0,01 de la población a lo mejor lo conoce porque pasó desapercibido, pero a aquellos que les guste Jeff Buckley, Jeff Hanson, es una auténtica maravilla este disco en particular. Y esas son confesiones acerca de mi belleza, de lo que yo observo, contemplo, que me pueden parecer belleza. ¿Y en tu caso, David?

    David Criado:

    Le queremos a Quique aunque llegue tarde, siempre es una inspiración. En mi caso, la belleza es... Las mayores experiencias de belleza que he tenido han sido siempre facilitadas por dos representaciones fundamentales. La primera es el cuerpo humano. La relación que tengo con el cuerpo humano, como de forma totalmente abierta y sincera, me confieso heterosexual. La representación del cuerpo femenino me parece sublime, un adjetivo que todavía no hemos hablado, de lo bello y lo sublime como dos cosas diferentes, bien diferenciadas. Lo sublime es lo que trasciende lo bello, lo que nos lleva a lo perceptivo. Lo sublime es algo que, como su propia palabra indica, se sublima, es decir, adquiere niveles y estados superiores. El cuerpo humano, para mí, la experiencia del cuerpo humano es una auténtica belleza. Y luego hay otra forma de representación que a mí me encanta, entiendo que a todos los que nos estén escuchando también, que es el arte. La historia del arte, el propio arte en sí, me parece una maravilla, ya sea cinematográfico, pictórico, escultórico, literario, cualquier tipo de... arquitectónico, cualquier tipo de arte me llama la atención y me hace disfrutar mucho. Sin llegar a eso que tantas personas hoy en día se adscriben, ese síndrome de Stendhal, esa Cartuja de Palma, esa idea de quedarte totalmente ido, como si...

    Quique Gonzalo:

    ¿Te ha pasado alguna vez?

    David Criado:

    Sí, me ha pasado muchas veces, pero he de decir que no me pasa continuamente. La gente está muy en el rollo de que le pasa todos los días. Yo creo que precisamente los stendhalazos estos surgen ante eventos concretos. Recuerdo eventos muy claros en la historia de mi vida. La primera vez que vi el Moisés de Miguel Ángel, me causó una sensación, yo no podría describirla, pero me impresionó muchísimo que el ser humano hubiera sido capaz de hacer algo parecido a eso, porque si bien había visto otras esculturas, no había visto una escultura tan realista como esa. Vi primero el David, luego, claro, flipé todavía más porque estando en Florencia fui a ver el David de Miguel Ángel. Una vez visto el Moisés, vi el David y el David fue otra especie de stendhalazo fuerte, porque era algo maravilloso. Es una especie de culto a la imperfección humana muy absoluta. Y me tocaba de cerca por la propia historia y la etimología de mi nombre. Y entonces recuerdo esos momentos con mucho cariño. Recuerdo momentos también cuando era adolescente en el Prado, o recuerdo cuando veía obras de teatro, una obra de teatro que vi de Buero Vallejo me impresionó mucho.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuál?

    David Criado:

    Cuando era adolescente nos llevaban en el cole, hacían estas cosas. Yo no sé si lo siguen haciendo hoy en día. Entiendo que sí. «Historia de una escalera». Había obras que eran una pasada y nosotros veíamos y lo tenían como algo dentro del currículum. Era una experiencia de belleza. Yo creo que la belleza se educa. Cuando hablábamos el otro día de educación intelectual, espiritual y sentimental, la educación en la belleza es la educación sentimental.

    Quique Gonzalo:

    Querida Valle, que nos escuchas hoy, puedes ver cómo tu abuela ha sido partícipe, creadora de un momento stendhalazo para David Criado. Valle es una amiga y Buero Vallejo pensó parte de esa obra pensando en ella.

    David Criado:

    Qué bueno, qué bueno.

    Quique Gonzalo:

    Creo que hay una de las cosas que alguna vez te dije que la tenía que traer sí o sí, y era una canción de Luis Eduardo Aute que se llama «La belleza».

    David Criado:

    Sí, señor, la conozco.

    Quique Gonzalo:

    Aparte de que es una auténtica maravilla melódica. Hay unas estrofas que me gustaría recitar porque creo que es importante para entenderlo. Decía antes iban de profetas y ahora el éxito es su meta. Mercaderes, traficantes, más que náusea dan tristeza. No rozaron ni un instante la belleza y me hablaron de futuros fraternales, solidarios, donde todo lo falsario acabaría en el pilón. Y ahora que se cae el muro ya no somos tan iguales. Tanto vendes, tanto vales, Viva la revolución. Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo. Ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza. Este último creo que transmite los ojos que nos ayuden a contemplar en nuestro día a día donde se encuentra esa belleza.

    David Criado:

    Luis Eduardo Aute además tenía un sentido de la belleza casi ecuménico. Era cantante, pero además era poeta, pero además era pintor y de vez en cuando esculpía alguna que otra cosa. Era una persona con un sentido de la belleza casi integral. Podríamos decir un polímata de la belleza. Digamos que cuando te encuentras a una persona así, creo que hay que disfrutar la manera en la que entiende esas sensibilidades. Es una maravilla. La primera vez que escuché esa canción fue en un doble disco, la cantaron en la plaza de toros de Las Ventas con Silvio Rodríguez. Debe ser eso, principios de los 90 o cosas así.

    Quique Gonzalo:

    Fue un mal momento en mi vida porque me lo regaló una ex que luego me dejó.

    David Criado:

    Vaya.

    Quique Gonzalo:

    Sí, sí. Entonces escuchaba esa cinta sin parar.

    David Criado:

    Pero no viste belleza en que te dejara ninguna.

    Quique Gonzalo:

    Sí, sí, sí, completamente fascinado por ella, porque una mujer que me ha marcado con una canción, con una canción no, con un disco «Mano a mano», se llamaba, Aute y Silvio Rodríguez es una auténtica maravilla porque hay un libro que tú me recomendaste, lo tengo por aquí, que tiene que ver con la lentitud, los lentos. Y es curioso porque un mundo en el que cada día recibimos entre 4.000, 10.000 impactos diarios visuales, el cerebro como mecanismo de defensa, lo que ha hecho es fragmentar nuestras capacidades de atención, que lo decías tú con anterioridad. Estamos viendo esas habilidades que decías de la integridad, de la claridad, del foco, porque creo que es bueno que volvamos a remarcar, como decía Santo Tomás, que lo necesitamos mantener el foco para encontrar belleza. Es muy difícil hacer lo mismo todos los días y seguir encontrando belleza en ello, sobre todo cuando no ha sido elegido ese día a día.

    David Criado:

    Sí vemos belleza en lo extraordinario o lo ajeno y no vemos belleza en lo ordinario o lo propio, somos incapaces de valorar como bello aquello que se presenta inmediato a nuestros ojos y por tanto olvidamos que lo más bello es lo que siempre está presente. Aquellas personas que ven la belleza en lo que cada día tienen, creo que han alcanzado esa tranquilidad de espíritu de la que tanto hablamos y son personas tremendamente realizadas. Creo que es complicado que las personas, efectivamente, en nuestras sociedades lleguen ahí y creo que es posible que lleguen ahí siempre y cuando sean capaces de parar, de detenerse, de estar en ese momento, de prolongar ese momento a partir de esa mirada diferente. Y por otro lado, has dicho una cosa que no se me tiene que pasar resaltar antes de que cerremos, que es la idea de que para experimentar la belleza o entender la belleza, para ver y poder vivir la belleza se necesita entender qué es el placer, pero sobre todo qué es el dolor. Cuando hablabas de las cicatrices, que no se me pase recordar eso, porque es muy importante, Quique, eso que has dicho, la idea de hacer visible el dolor, no de presumir de ello, no de publicitarlo como si fuera un escaparate, una exposición, pero sí hacer posible el dolor sin vergüenza.

    Quique Gonzalo:

    Acabas de decir algo que yo creo que es fundamental, la vergüenza. ¿Por qué muchas veces nos avergonzamos de nuestras bellezas?

    David Criado:

    Bueno, hay gente con la que yo he hablado, diría que la mayoría de la gente, ahora que lo estoy pensando, que no identifican su propia belleza. Y esto me parece tremendamente cruel, me parece una condición humana continua, que yo creo que le pasa a mucha gente, que no ven sus propias bellezas. Vamos a ir a los fragmentos y creo que es muy importante aprender a reconocer, por esa idea de la belleza que tú decías antes, de la sombra y la luz, cuáles son tus luces, para partir de ellas y tratar no de ocultar tus sombras, pero de superarlas con tus luces. Y nos cuesta muchas veces. Tienes razón, yo creo que nos cuesta.

    Quique Gonzalo:

    A mí, una de las cosas de las que me puedo sentirme orgulloso al respecto es la capacidad de enamoramiento. Y no es, quiero decir, sensual, sexual, primeros momentos, muy al contrario, quiere decir el enamoramiento de todas las personas con las que convivo en mi día a día, es decir, de ti, de Jon, de Marcos, que están hoy aquí con nosotros. De cada una de esas personas yo en cierto modo tengo que reconocer que me enamoro, porque busco algo que siempre me parece que es bello y porque lo admiro y me gusta tenerlos cerca y me gusta compartir lo que hablábamos de con todo el mundo hablo, pero decido con quién hablo más. Eso me permite vivir una vida en la que se retroalimenta todo aquello que recibo.

    David Criado:

    La idea de vivir en el enamoramiento, que es casi como querer vivir en una drogadicción constante, benigna, es una idea muy romántica, es una idea de nuevo de la modernidad y es una idea muy del XIX. Es una idea tremendamente ligada a la voluntad de querer perpetuar el momento presente, hagamos lo que hagamos por cualquier medio. Es una idea lícita. Pero yo defiendo que hay belleza y la gran belleza viene después del enamoramiento. Me estoy acordando de Paolo Sorrentino. La gran belleza viene después del enamoramiento, cuando llega la ruina. Eso es la belleza de verdad, es la belleza de este gran cineasta. Hay una capacidad infinita en detectar pequeñas bellezas que nos enamoran o que nos generan cierto impacto y podríamos estar viviendo de ellas todo el rato. Pero creo que el hábito de amar también representa en sí mismo una belleza a perpetuar, a considerar, a cuidar.

    Quique Gonzalo:

    Hablas de la ruina y me estaba apuntando una idea que me venía a la cabeza, David, y es cuántas veces a lo largo de la historia se ha destruido belleza. Si lo pensamos, es curioso porque es un ejercicio de supremacía, de poder, preservar la belleza incluso cuando tú no lo has creado, construido. Para mí significa un ejercicio de humildad. Me lo llevo más allá de hechos históricos. Es decir, la Alhambra de Granada, aparecen nuestros Reyes Católicos y la terminan habitando. Hemos también destrozado parte de eso, pero también pasa con nuestro día a día, parejas a las que ese ejercicio de poder hemos destruido y hemos convertido también un ejercicio de abuso de la belleza.

    David Criado:

    Fíjate en esto que acabas de ese episodio histórico que acabas de comentar es un ejemplo fascinante de cómo la belleza universal se reconoce. Los reyes cuando llegan a la Alhambra quedan completamente fascinados. No es que nunca hayan visto arquitecturas similares, las habían visto en antiguos reinos de taifas. El propio rey de Aragón podría haber visto perfectamente en alcazabas, en castillos árabes que había reconquistado anteriormente, su propia estirpe, su familia, podía haber visto formas arquitectónicas similares. Lo que les extraña es ver tanta belleza reunida. Lo que les genera esa especie de placer que no pueden evitar es ver la belleza del agua junto a la del jardín, junto a la arquitectónica, junto a la pictórica, y quedan totalmente deslumbrados y son incapaces de destruirla. Lo que hacen es crear un edificio que en parte destruye algún edificio colindante, pero crean un edificio no ya ellos, sino Carlos V. Luego cuando llega, se atreve a crear un palacio renacentista circular sobre una forma cuadrada, el famoso palacio de Carlos V de la Alhambra, porque él también ve belleza y él también quiere perpetuar su estilo de belleza que vuelve a cambiar. Y luego has mencionado en la Alhambra, pero también en la Mezquita de Córdoba, existe cuando entras a la Mezquita de Córdoba. Es imposible no quedar extasiado ante un bosque infinito de columnas, todas ellas distintas, que sostienen un techo al que parece que no acabas de llegar y que se amplía durante sucesivos siglos. Es una barbaridad, es muy bello, valga la redundancia, ese ejercicio de belleza, esa idea. Veo algo, no necesito destruirlo, sigo con ello hacia delante perpetúo, sumo de forma aditiva mi belleza a la que había para tener cierta autoridad en esto de la belleza y que digan que lo que yo hago es bello.

    Quique Gonzalo:

    En el mes de noviembre reseñamos para Kenso Círculo un libro que fue «El hombre en busca de sentido», David. Y había un momento que lo quería traer para este episodio en concreto, para esta conversación, y era. Bueno, pongo en contexto Víctor Frank le arrebatan absolutamente todo, su familia, para llevarlo a un campo de exterminio, su trabajo. Y una de las cosas que contaba es que una noche en el barracón donde se encontraba dentro del campo de concentración, le despertó un compañero a toda prisa, le dijo ven conmigo para ver el amanecer. Y ahí vuelvo a todas aquellas cosas magníficas, bellas, que han perdurado y sobrevivido, que no nos pueden arrebatar y que podemos seguir encontrando en el día a día.

    David Criado:

    En Viktor Frankl reside una capacidad tremendamente útil para la detección y el disfrute de la belleza, que es ver lo invisible, ser capaz de apreciar lo invisible, ver que hay algo más allá de lo que estamos... más allá de la miseria absoluta y de la denigración humana total en la que estamos. En este campo de concentración hay personas y nunca les podrán arrebatar su dignidad, aunque las meen encima, aunque las golpeen, aunque las echen a la calle. Si ellas mismas no se dejan arrebatar, su dignidad nunca les podrá ser arrebatada. Él lo ve y construye alrededor de eso una forma de entender las relaciones humanas que ha dado frutos tremendamente fértiles. Ver lo invisible es esencial para ser capaces de disfrutar la belleza. Cuando yo estoy delante de algo, veo más allá de lo que está delante de mí, y eso es lo que me hace disfrutar de la belleza. Por eso la historia del arte es tan importante. La gente me dice, gente con la que hablo a diario, acompaño directivos y me dicen, yo les recomiendo libros de historia del arte para educar, para tener esta educación sentimental, ampliar miras y que su razonamiento, su capacidad de lógica y de decisión aumente y se enriquezca. Y me dicen ¿para qué quiero saber historia del arte? Yo veo un cuadro, veo que es bonito. Digo no, porque además de que veas que es bonito por los colores, por las formas, si entiendes el cuadro, si lo sabes interpretar, si lo compones dentro de un contexto y una época, si sabes esa historia, entonces puedes acceder a una belleza que es más sublime, es decir, que te sitúa en un estadio de disfrute mayor y que te contextualiza a ti mismo dentro de las decisiones que estás tomando. El otro día hablábamos de algunos cuadros que a mí me gustan de la pintura barroca. Hoy he hablado de edificios, del centro de las ciudades y de algunas esculturas, pero tú has estado hablando también en otras conversaciones de películas, y cualquiera de esos grandes impactos de belleza se entienden y se disfrutan mejor si uno tiene cierto conocimiento de lo que está ocurriendo, por ejemplo, en esa película, si uno sabe cuándo ocurrió esa película. ¿Por qué de repente hay muchas películas...? Esto es un dato freak que aporto a la gente. ¿Por qué de repente hay muchas películas que se graban en la gran época joven de Robert Redford, en la que aparece un cartel de una corrida taurina en el fondo del apartamento, en los sitios en los que están? Porque en aquella época España era considerada algo completamente exótico, en aquellos años 40 o 50, y se tenía ese cartel como quien hoy tiene un cartel de Queen o de Lady Gaga o de quien sea. Era algo diferente. Y uno no es capaz de entenderlo si no entiende por qué se producía esa fascinación. Y era porque España todavía vivía en un estado autárquico, totalmente aislado, e ir allí era como un ejercicio hippie, contracultural, alternativo. Uno iba a Mallorca a componer canciones, o de repente iba a Barcelona a hacer cosas, con independencia de que hubiera una dictadura. Pero eso no iba mucho con él. Él estaba centrado en la belleza de lo puro. Iba a España y veía borricos por la calle, en las islas, y eso le gustaba. Veía belleza en lo que era frecuente. Entonces, si uno ve esas películas y no conoce esa intrahistoria, las disfruta de otra forma. Simplemente se queda solo en lo estético aparente.

    Quique Gonzalo:

    Y con esto que comentabas, David, una reflexión para terminar. ¿Hay belleza en la esperanza?

    David Criado:

    Hay esperanza en la belleza yo diría con Unamuno, lo que decíamos antes. Yo no sé si hay belleza en la esperanza. Yo soy una persona tremendamente esperanzada. Siendo tan crítico, constructivo y gustándome dar palos tanto como me gusta dar, como decías antes, es totalmente cierto. Siendo así, soy un ser tremendamente esperanzado porque tengo mucha esperanza en la propia condición humana. No ha parado de demostrarme que es fértil a largo plazo. Esta es la putada, que es fértil a largo plazo. A pequeño muchas veces hace una gran cantidad de mierdas que nos cuesta luego solucionar. Pero a largo plazo soy partidario de mantener firme la esperanza. Y yo creo que hay esperanza en la belleza. No sé si belleza en la esperanza. Hay esperanza en la belleza porque es lo que nos reconcilia con lo mejor y lo peor de lo que somos. Es el espejo, el escaparate de todo lo que somos. Cuando uno ve un Rubens, o cuando, por ejemplo, está en el Danubio y va a una gran ciudad, o de repente aparece en San Petersburgo y atraviesa uno de los grandes caminos que van a uno de los grandes edificios, a los museos, y ve las representaciones escultóricas, se reconcilia con algo de lo que se siente parte. Y en eso sí que creo que hay mucha esperanza, porque ir más allá de nosotros mismos consiste en eso, en superar ese individualismo. Y ahí hace un ejercicio pedagógico brutal la belleza.

    Quique Gonzalo:

    Pues yo creo que, David, no hay nada mejor para terminar esta conversación que empezar a ver con nuestros ojos belleza a nuestro alrededor, dejar de mirarnos para observar y contemplar todo aquello que sí que nos rodea y es tremendamente bello. Un placer como siempre, amigo.

    David Criado:

    Encantado.

 

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Jeroen Sangers

Anfitrión del Canasto. Mentor artesano especializado en la Efectividad 2.0 para personas y equipos de trabajo.

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