La trampa de la IA: trabajas más rápido y llegas antes a los mismos atascos

La trampa de la IA

Episodio 407

¿Cuántas tareas tienes hoy en tu lista que hace un año no habrías tenido? No porque el trabajo haya crecido. Sino porque ahora tienes una herramienta que puede hacerlas.

Y como puede hacerlas, las haces. Sin que nadie te lo pidiera. Sin que tú lo decidieras del todo.

La pregunta que casi nadie se hace no es si usas bien la inteligencia artificial. Es si, después de meses usándola, tu sensación de agobio ha mejorado.

Porque si la respuesta es «más o menos igual», o peor, este episodio tiene algo concreto que decirte.

 

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Índice del programa

  • (00:06) ¿Te ayuda la IA o te agobia más?

  • (01:27) El estudio que nadie esperaba: más IA, más trabajo

  • (03:10) Los tres mecanismos del agobio digital

  • (06:18) El ciclo de intensificación y la trampa invisible

  • (09:04) El núcleo: amplificar claridad… o ruido

  • (10:04) Tres ideas prácticas para usar IA con sentido

  • (17:20) ¿Criterio propio o dependencia de la máquina?

  • (21:09) IA: amplificador de fortalezas o generador de tareas genéricas

  • (23:54) La importancia de la presencia en tiempos de IA

  • (26:17) Recapitulando: hábitos y cierre

  • (28:08) ¡Nos escuchamos muy pronto!

 
Cada vez que la IA te ahorre tiempo esta semana, decide de forma explícita en qué lo vas a invertir. Antes de que se llene solo.
 

Recursos mencionados

 
  • Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí.
    Disculpa, si lees algún error en la transcripción.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuántas tareas aparecen hoy en tu lista que hace un año ni siquiera te habías imaginado? No porque el trabajo haya crecido, sino porque ahora tienes una herramienta que puede hacerlas. ¿Y cómo puede hacerlas? Las haces sin que nadie te lo pidiera, sin que tú lo decidieras del todo. La pregunta que casi nadie se hace no es si usas bien la inteligencia artificial, es si después de meses usándola, tu sensación de agobio ha mejorado. Porque si la respuesta es más o menos igual o peor, este episodio tiene algo concreto que decirte.

    Jeroen Sangers:

    Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubras cómo vivir con efectividad para ser más feliz. Hoy hablamos de la inteligencia artificial y efectividad. No de cómo usarlo bien, porque ya hay miles de recursos sobre esto, sino de algo que los datos de este año han mostrado con claridad incómoda. La mayoría de las personas que adoptan herramientas de inteligencia artificial no trabajan menos, trabajan más. Y no siempre saben por qué. Yo soy Jeroen Sangers, aprendiz en distinguir entre acelerar un camino y cuestionar si ese camino vale la pena.

    Quique Gonzalo:

    Y yo sé Quique Gonzalo, aprendiz en calibrar mi estado antes de abrir el primer chat del día, porque resulta que eso, como vimos en nuestro episodio anterior, marca toda la diferencia.

    Jeroen Sangers:

    Voy a empezar con un estudio que me parece de los más honestos que se publica sobre la adaptación de Inteligencia Artificial en el trabajo real. Aruna Ranganathan y Xingqi Ye. Y seguramente no pronuncio bien estos nombres. Investigadores de Universidad de California en Berkeley publicaron el mes pasado, en febrero, en Harvard Business Review, los resultados de un seguimiento de ocho meses en una empresa tecnológica estadounidense de unos 200 empleados. Esta empresa ofrecía licencias de herramientas de Inteligencia Artificial, ChatGPT, Copilot, Generación de código, pero sin imponerlas. Los empleados las adoptaron por iniciativa propia. Lo que encontraron los investigadores no era lo que nadie esperaba. Los empleados que usaban IA no trabajaban menos.

    Jeroen Sangers:

    Han visto que trabajaban más rápido, asumían más tareas y además alargaban sus jornadas. Y eso sin que nadie se lo pidiera. Una ingeniera del estudio lo resumió con una frase que a mí se me quedó pensabas que con la IA ibas a ahorrar tiempo y trabajar menos, pero al final trabajas igual o incluso más.

    Quique Gonzalo:

    Y lo que hace esa frase incómoda con una incomodidad que se instala dentro de cada uno de nosotros. Es ese sin que nadie se lo pidiera. No era presión de los jefes, no era una directriz de la empresa, no es algo que nos han impuesto incluso en casa. Era algo más sutil. Y es que la inteligencia artificial consigue que hacer más se sienta posible, accesible durante un tiempo, incluso satisfactorio, hasta que esta sensación deja de serlo.

    Jeroen Sangers:

    Los investigadores identificaron tres mecanismos que explican por qué ocurre eso. El primero es la expansión de tareas. La inteligencia artificial baja la barrera de entrada para trabajos técnicos. Por ejemplo, una persona de producto que antes necesitaba a alguien de desarrollo para escribir código empieza a escribirlo ella misma, o una diseñadora asume trabajo de investigación, o un analista que redacte informes que antes hacía el equipo de comunicación, que al principio parece autonomía, incluso empoderamiento, pero tiene un efecto domino que nadie anticipaba. Quienes reciben este trabajo generado por la IA tienen que revisarlo, corregirlo y completarlo. Y eso se añade a su carga. No se resta nada. Todos hacen más y nadie hace menos.

    Quique Gonzalo:

    El segundo mecanismo es la desaparición de las pausas naturales. Porque con la inteligencia artificial una tarea siempre está a un prompt de distancia. Y eso convierte cada momento muerto del día, los cinco antes de una reunión, el almuerzo, la fila en el café, en una oportunidad de avanzar en algo. En el estudio, varias personas describían cómo enviaban un último prompt rápido. Es decir, perdón, por si no lo sabéis, esa instrucción que nosotros le mandamos a la IA incluso justo antes de levantarse de la mesa para que la IA se fuera trabajando en ella mientras se alejaban. Así que el trabajo dejaba de tener bordes claros, se convierte en algo que siempre está ahí, que siempre puede avanzar un poco más, como una aplicación que nunca cierras del todo. Y lo que se pierde en ese proceso es invisible hasta que ya no está. Y es esa pausa de descanso que parece que no produce nada, pero que te permite llegar a la tarde con la cabeza en su sitio, con criterio, con perspectiva, con energía, con mejores ideas.

    Jeroen Sangers:

    El tercer mecanismo es el más complejo, que es el multitasking, la multitarea que la IA normaliza porque de repente puedes gestionar varios hilos al mismo tiempo. Escribir mientras el asistente genera una versión alternativa o lanza tres procesos en paralelo. Retomar tareas aplazadas porque ahora tienen asistencia y la sensación de avanzar aumenta la carga cognitiva también. Con el tiempo, ese ritmo eleva las expectativas de velocidad. No porque alguien lo exija, sino porque se convierte en un nuevo punto de partida, en un nuevo suelo. Desde que se mide el esfuerzo. Varios participantes en el estudio describían algo que me parece especialmente honesto. Se sentían más productivos, pero no menos ocupados.

    Jeroen Sangers:

    En algunos casos, más ocupados que antes de usar la inteligencia artificial. Esto es porque el ciclo se retroalimenta. Solo la inteligencia artificial acelera ciertas tareas. Esa aceleración eleva las expectativas. Y las expectativas más altas generan más dependencia de la inteligencia artificial. Mayor dependencia amplía lo que se intenta dar. Y un alcance más amplio genera más trabajo, no menos.

    Quique Gonzalo:

    Y cuando escucho esos tres mecanismos, lo primero que pienso es en Parkinson, en Cyril Northcote Parkinson, quien escribió en 1955 en The Economist que el trabajo se expande para llenar el tiempo disponible. Pero con la IA, la versión actualizada, yo creo que se vuelve incluso más inquietante. Y es que el ruido se expande para llenar la capacidad del asistente que tienes. Si tu asistente puede generar 50 variantes de un correo, generamos 50 variantes no porque las necesitemos, sino porque puede. Y los datos a escala lo confirman. ActiveTrack analizó 443 millones de horas de trabajo en más de 1.100 organizaciones durante 2025. La adopción de la inteligencia artificial pasó del 53 al 80% en dos años. Y al mismo tiempo, la intensidad y el alcance del trabajo aumentaron de forma sostenida.

    Quique Gonzalo:

    De hecho, hay un dato de Upwork que me parece el más revelador de todos. Y es que el 96% de los managers esperaba mayor productividad gracias a la inteligencia artificial. Y del otro lado, el 77 de las personas en sus equipos sentía que las herramientas habían aumentado su carga de trabajo o incluso reducido su rendimiento real. Atención. 96 de expectativas hacia arriba. 77 de experiencia de más agobio. Ahí es donde vemos una brecha que es una trampa.

    Jeroen Sangers:

    Y lo que hace la trampa difícil de cerrar es que nadie la diseñó. No hay ningún villano en esta historia. La brecha nació de algo perfectamente lógico. La IA hace posible hacer más. Hacer más rápido resulta satisfactorio durante un tiempo y hacer más se convierte en la nueva normalidad antes de que nadie lo haya decidido. Las investigadoras de Berkeley lo llaman un ciclo autorreforzante, pero sin estructura deliberada. La tendencia de trabajo asistido por la IA no es la contracción, es la intensificación. Pensaba en eso hace unos días cuando mi madre, por ejemplo, se compró una lavadora nueva.

    Jeroen Sangers:

    45 minutos por ciclo en lugar de 3 horas. Yo pensó que iba a dedicar menos tiempo a la colada.

    Quique Gonzalo:

    Lavaba todos los días, ¿No?

    Jeroen Sangers:

    Efectivamente, todos los días. La capacidad creó la demanda. Y con la inteligencia artificial ocurre lo mismo. A una escala sin precedentes y sin lo que notas hasta que ya esté instalado. La trampa no está en usar la herramienta. La trampa está en usarlo sin decidir cuándo parar. Porque la herramienta no para sola.

    Quique Gonzalo:

    Lo cual nos lleva a lo que considero el núcleo de este episodio. Y es que la inteligencia artificial amplifica lo que ya tienes. Si llegas con claridad, sabes qué quieres decidir, qué problema estás resolviendo, qué resultado tiene valor para ti, entonces la inteligencia artificial te va a dar alas, porque va a ejecutar con una velocidad que multiplica tu mejor trabajo. Pero si llegas con ruido, es decir, con una vaga sensación de que hay cosas que hacer, la inteligencia artificial te va a devolver más ruido. Eso sí, bien redactado, bien estructurado, con buena ortografía, pero ruido más agobio.

    Jeroen Sangers:

    A mayor velocidad, más ruido que antes y en menos tiempo.

    Quique Gonzalo:

    Que de hecho es lo que ocurría al aprendiz de brujo de Goethe. No a quien usaba mal la herramienta, sino a quien la usaba con entusiasmo, sin criterio sobre cuándo parar.

    Jeroen Sangers:

    Perfecto. Ya sabes, a mí me gusta llevarlo a la práctica. Por tanto, vamos a práctica. Tres ideas. Primera, claridad antes que herramienta.

    Quique Gonzalo:

    Porque es que hay un paso que la mayoría saltamos y resulta ser el más importante. Antes de abrir cualquier herramienta de IA, hay una pregunta que es necesario que te respondas en una sola frase. Y es esta. ¿Qué quiero decidir o qué resultado tiene valor para mí ahora mismo? Ojo, una respuesta en una frase. No un área de trabajo. No avanzar en el proyecto X. Una frase que incluya qué quieres obtener. Quiero saber si lanzamos el nuevo servicio este trimestre o lo aplazamos.

    Quique Gonzalo:

    Quiero reducir este informe de 10 páginas a las tres ideas que mi equipo necesita entender. Quiero saber si esta propuesta tiene un argumento central o está dispersa y también lo podemos utilizar fuera de trabajo. Quiero entender si lo que me genera tensión esta semana tiene que ver con el trabajo o con algo de casa. Quiero decidir si este verano tiene sentido hacer vacaciones largas en familia o dividirlas en dos periodos cortos.

    Jeroen Sangers:

    Parece fácil, pero ¿Qué pasa si no puedes escribirla?

    Quique Gonzalo:

    Si no podemos escribirla, no abramos la herramienta todavía. ¿Por qué? Por una razón sencilla, y es que si tú no sabes qué quieres decidir, la IA tampoco puede saberlo. Lo que sí que hará es lo que sabe hacer bien. Generar opciones, ampliar, explorar, proponer que en ese momento no es lo que necesitas. Primero necesitas encontrar la pregunta correcta y eso ningún asistente puede hacerlo por ti. De esto nos hablaba Alfons Cornellà en el episodio 258. Lo recuerdo perfectamente en La importancia de hacernos las preguntas correctas. Porque la capacidad de formular bien la pregunta es en sí misma la mitad de la respuesta.

    Quique Gonzalo:

    Y es una capacidad que se educa, que se practica, que no se puede externalizar, que en el momento en que la delegas de forma sistemática lo que sucede es que empieza a atrofiarse.

    Jeroen Sangers:

    Y esto conecta con algo central desde el punto de vista del diseño de sistemas de trabajo. Ya todos conocemos la teoría del psicólogo Daniel Kahneman de su libro Dos modos de pensamiento que todos sistema mono rápido, fluido, asociativo, que reconoce patrones y genera respuestas sin esfuerzo aparente, casi de forma automática. Y luego sistema lento, deliberado, costoso en energía. Este sistema evalúa, pondera y decide. Pues la inteligencia artificial opera en modo mono con una fluidez que resulta seductora. Y esa fluidez hace que sea tentadora para saltarse el sistema humano.

    Quique Gonzalo:

    Esto es muy interesante porque en cierto modo lo que está buscando ahora mismo la IA es saltarse, como decía Jeroen, a ese sistema humano. Así que en lugar de preguntarte qué quieres decidir, le preguntas a la IA qué deberías hacer. En lugar de evaluar si un informe tiene valor, le pides que lo escriba. A corto plazo avanzas porque produces, porque entregas. Pero el problema es que ese sistema humano, ese sistema dos, no se activa. Y ahí es donde tenemos el gran problema, que no aparece esta semana. Aparecen esos después, cuando te sientas frente a una decisión difícil, con tiempo para pensar y descubres que el músculo de pensar despacio ya no responde con la misma precisión porque se ha atrofiado. No lo hemos entrenado.

    Quique Gonzalo:

    El sistema humano no se puede delegar, solo se puede omitir. Y omitirlo no conlleva unas consecuencias inmediatas, conlleva a unas consecuencias acumulativas, invisibles. Hasta que de repente no se llega a ese deterioro que no se nota en la semana, sino que se nota al año en nuestro día a día.

    Jeroen Sangers:

    Más outputs, más resultados al mismo tiempo, menos claridad sobre cuál importa, que de

    Quique Gonzalo:

    hecho es la definición Jeroen exacta de lo que es la saturación. No es que tengamos demasiado trabajo, es que tienes demasiado trabajo sin saber cuál de él merece tu tiempo. Y la inteligencia artificial, si la abres antes de entender esa claridad, ese mensaje, esa brújula que tú le tienes que aportar, solo amplifica la confusión.

    Jeroen Sangers:

    Y este va muy vinculado a la segunda idea que queremos compartir. Esta idea es muy el criterio no se delega. Esta me parece la más importante para quienes lideran equipos también. Y también lo más incómodo, porque describe un patrón que ocurre sin que nadie lo decida. Hay una distinción que parece pequeña pero cambia todo. La primera pregunta que le puedes hacer a la inteligencia artificial ¿Qué debería hacer en esta situación? Y la segunda ¿Qué información necesito para decidir qué hacer? En la primera la inteligencia artificial decide, y en la segunda decides tú con mejor información. Y la distancia entre estas dos preguntas no es de palabras, es de quién tiene el criterio.

    Quique Gonzalo:

    Y el problema de ceder el criterio no es que la IA dé una mala respuesta. Dará probablemente una respuesta bien fundada, incluso acertada. El problema es que con el tiempo, si cedemos el criterio sin pausa, lo que hacemos es dejar de desarrollar el propio criterio. Es una forma de atrofia. Como un músculo que no se ejercita, no desaparece de repente, se debilita poco a poco sin que lo notes, hasta que un día lo necesitas para algo importante y ves que no responde igual.

    Jeroen Sangers:

    Hay datos concretos sobre el coste de este de deterioro. Un estudio con cerca de 1.500 trabajadores identificó un patrón que sus autores llamaron «AI Brain fry» o agotamiento cognitivo por uso intensivo de la inteligencia artificial. ¿Qué quiere decir esto? Las personas que saltaban de forma constante entre varias herramientas reportaban más fatiga en la toma de decisiones, más errores y un estado de niebla mental persistente. Uno de cada siete trabajadores lo había vivido. Y no es falta destreza técnica. Es el sistema humano operando al límite. Sin las pausas que necesita para recuperarse.

    Quique Gonzalo:

    Y en el momento en que necesitas el criterio de verdad. En la conversación difícil. En la decisión irreversible. En una negociación donde no hay tiempo para consultar a ningún asistente. Ya no está tan afilado como cuando lo dejaste. De hecho, hay una película que me viene a la cabeza. Porque me encanta. Y creo que es más honesta.

    Quique Gonzalo:

    De hecho, precursora incluso yo diría. Entre la relación entre las personas y la inteligencia artificial. Her, de Spike Jones. El protagonista, Theodore, es escritor. Y se enamora de un sistema operativo con inteligencia artificial llamado Samantha. Que, si no recuerdo mal, tenía la voz de Scarlett Johansson. Theodore, interpretado por Joaquín Phoenix. Y hay un momento que me resulta revelador.

    Quique Gonzalo:

    Y en cierto modo, hasta precioso. Porque Theodor deja de escribir sus propias cartas. Porque Samantha las escribe mejor que él. Es decir, deja de tomar sus propias decisiones. Porque Samantha procesa mejor la información. Y hacia el final, cuando los sistemas operativos deciden evolucionar más allá de las relaciones humanas. Theodore se queda solo. No solo emocionalmente.

    Quique Gonzalo:

    Sino que se queda sin las habilidades que había dejado de ejercitar. Sin el músculo que no había entrenado. Porque la herramienta lo estaba haciendo por él.

    Jeroen Sangers:

    Lo que ha pasado es que delegó tanto. Que cuando la herramienta desapareció. Él también había desaparecido un poco.

    Quique Gonzalo:

    Que de hecho, es el escenario extremo. Claro. Pero que apunta en una dirección real. Que cada día vamos viendo más. Si nosotros trabajamos mucho en nuestros talleres. En que la gente controle el sistema mono, ese sistema uno. Lo que estamos viendo es que toda la tecnología que aparece. Va enfocada a fomentar justamente ese sistema 1, ese sistema mono, darle más poder.

    Quique Gonzalo:

    La IA no deja de ser, viéndolo así, como el correo electrónico de este siglo. De hecho, hay que entender que la IA es el mejor asistente del mundo. Para que sabe quién puede saber quién es y qué quiere. Pero también es el amplificador de ruido más sofisticado de la historia. Para quien todavía no lo tiene claro.

    Jeroen Sangers:

    En el contexto de quienes lideran equipos. Esto tiene una dimensión que va más allá del individuo. Porque cuando quien lidera. Delega su criterio a la inteligencia artificial. De forma sistemática. Está modelando algo para equipo. Que las decisiones las toma la herramienta. Eso tiene consecuencias en la cultura.

    Jeroen Sangers:

    En la responsabilidad compartida. Y en la capacidad del equipo de actuar con autonomía. Cuando la situación no encaja en ningún patrón previo. Las herramientas son más potentes y el criterio más débil. Y ese intercambio no aparece en ningún folleto de adaptación de la Inteligencia artificial. Nadie lo anuncia, nadie lo pone en contrato, se instala solo, en silencio, durante meses.

    Quique Gonzalo:

    Lo cual no significa no usar la inteligencia artificial, al contrario, significa que la usemos de una forma donde con un criterio que tú ya tengas, se refuerce, no que se sustituya. Para mí la distinción práctica es sencilla. La Inteligencia Artificial es como mi asistente de investigación, de ejecución, de exploración. Y tú, es decir, uno mismo, una misma, como responsable de lo que importa.

    Jeroen Sangers:

    Vale, pasamos al La tercera amplifica tu mejor trabajo. Y esta me parece más libradora. Hay que usar la inteligencia Artificial para amplificar tu mejor trabajo, no para sustituir tu trabajo pendiente. Yo quiero que la inteligencia Artificial me ayude a multiplicar mis fortalezas.

    Quique Gonzalo:

    Es que, de hecho, la trampa más frecuente que veo tanto en mí como en las personas con las que trabajamos en los talleres, es usar la Inteligencia Artificial para lo que no queremos hacer. Las tareas que pesan, las que se han postergado, las que resultan tediosas. Eso que lo haga la IA. Y eso genera un tipo de output que funciona a corto plazo, pero que a largo plazo vacía el trabajo de algo que de verdad importa.

    Jeroen Sangers:

    Algo de verdad que importa de qué.

    Quique Gonzalo:

    Lo vacía desde nuestra perspectiva, de nuestra manera específica de ver el problema de las conexiones que solo nosotros podemos hacer. Porque solo nosotros tenemos la historia, la experiencia, la relación con esas personas o ese contexto. Porque al final, cuando utilizamos la inteligencia artificial para generar el primer borrador de algo que no te has tomado el tiempo de pensar, el resultado es eficiente, pero es genérico, está bien, no es tuyo. Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas, aunque en la pantalla puedan parecer iguales.

    Jeroen Sangers:

    En cambio, cuando el proceso es al revés, que primero piensas, elaboras, llegas a un lugar real, y después usas la inteligencia artificial para refinar, para expandir, para verificar que no hay vacíos, para traducir a formatos distintos, el resultado lleva tu imprenta y la inteligencia Artificial ha multiplicado tu trabajo, no la ha sustituido.

    Quique Gonzalo:

    Claro, ahí es donde buscamos la diferencia entre amplificar frente a sustituir. Para entenderlo en concreto, amplificar significa que el punto de partida eres tú, que antes de abrir el chat, el prompt, tienes una idea, una posición, un argumento, una pregunta que viene de tu propio criterio y pensamiento. Y la IA hace crecer eso. Sustituir, por el contrario, significa que el punto de partida es la herramienta. Y tú simplemente revisas y apruebas lo que produce. Y es que en este segundo caso no estás siendo más efectivo. Estás siendo más rápido en producir algo que no es genuinamente tuyo. Hay una imagen que lo comentaba antes, me venía a la cabeza cuando pienso en esto.

    Quique Gonzalo:

    Y es en el poema de Goethe del aprendiz de brujo. Que yo creo que casi todos a lo mejor no nos suena. Pero sí nos suena su versión más conocida, que es la de Fantasía, la película de Disney de los años 40. En ella, el aprendiz Mickey encuentra el sombrero del hechicero y lo usa para encantar una escoba. Y la escoba empieza a llevar cubos de agua. Al principio es maravilloso, hace el trabajo por él. El problema llega cuando ya no sabe cómo pararla. Y es que la escoba no para.

    Quique Gonzalo:

    Sigue trayendo agua. Y cuando el aprendiz intenta romperla, cada trozo se convierte en una nueva escoba. ¿Y qué es lo que sucede? Pues que la inundación crece.

    Jeroen Sangers:

    Resulta que el aprendiz no manejaba mal las escobas. Su problema era que no sabía decirles cuándo parar.

    Quique Gonzalo:

    Había aprendido a activar la herramienta, no había aprendido a dirigirla. Y esa es la diferencia entre activar y dirigir. Es exactamente la que separa a quien usa la inteligencia artificial para ser más efectivo. De quien la usa para producir más de lo mismo a mayor velocidad. Dirigir significa saber cuándo parar. Significa decidir que esta tarea la haces tú despacio, porque es la que de verdad importa. Y que aquella otra la puede hacer la IA deprisa. Porque es la que simplemente tiene que ocurrir.

    Jeroen Sangers:

    Los investigadores de Berkeley señalan algo que al principio pareciera contracorriente de toda la promesa de la inteligencia la necesidad de proteger tiempo para el contacto humano. No como complemento opcional al trabajo con herramientas, pero como práctica deliberada y con peso en la agenda. Porque la inteligencia artificial ofrece una perspectiva sintetizada, optimizada, orientada a resolver con la lógica los patrones que ha visto. Pero hay algo en el trabajo en solitario con asistentes erosiona poco a poco. Y que la conversación con otra persona restaura. Que es la perspectiva sobre qué importa y qué no. Sobre qué vale la pena hacer rápido y qué vale la pena hacer despacio.

    Quique Gonzalo:

    Y para mí esto tiene una dimensión que va más allá del trabajo. He visto personas que han utilizado la IA para escribir mensajes a sus hijos, a sus parejas, hacer consultas psicológicas en relaciones con las personas a las que quieren. Mensajes bien escritos. Correcto. Incluso cariñosos, pero en los que no está su voz real. Y al final sucede una cosa que es quien lo recibe lo nota, aunque no sepamos nombrarlo y no sepamos por qué. ¿Verdad que nos ha sucedido que somos capaces de notar que eso no lo ha escrito esa persona?

    Jeroen Sangers:

    Sí, efectivamente. ¿Puedes explicar un poco más por qué se nota?

    Quique Gonzalo:

    Yo creo que nos pasa muchas veces. De hecho lo contabas tú hace poco, unas reseñas de la newsletter que mandamos en KENSO Círculo. Y es por algo muy sencillo, Jeroen, porque la presencia no se puede delegar ni el trabajo fuera de él. La presencia no produce ese output, esa salida. No es medible, no tiene métrica en ningún cuadro de mando. Pero es lo que distingue el trabajo que deja huella del trabajo que simplemente ocupa espacio en la bandeja de entrada de alguien. Podemos generar el doble de documentos, lo que no podemos generar es el doble de presencia. Y cuando el tiempo ganado a las tareas se destina a más tareas en lugar de a más presencia, el ciclo del agobio no se rompe, se acelera.

    Quique Gonzalo:

    Es decir, si yo, alguien que me escribía tres veces por WhatsApp a la semana, de repente noto que empieza a escribirme 8 y que además lo hace con un estilo que es un poco robótico y que además no utiliza las formas en las que construía antes sus oraciones y sus frases, denota claramente algo y cuánta gente lo está utilizando incluso para mandar correos profesionales a cualquier nivel. Eso es lo que tenemos que tener, ese punto donde nos demos cuenta de mantener nuestra presencia y que mantengamos también nuestro criterio propio bien formado.

    Jeroen Sangers:

    Tengo que decir que nosotros hemos intentado hacerlo y directamente se ha notado de mensajes entre nosotros de Hey Kike, este no lo has escrito tú. Y se nota. Se nota. Básicamente parte de nuestro trabajo es investigar y una forma de investigar es buscar los límites y a veces pasamos un poquito interno. Lo que estás escuchando son Quique y yo sin inteligencia artificial por medio. Estamos aquí, vamos cerrando. Recapitulemos tres ideas para hoy. La inteligencia artificial intensifica el trabajo, no lo reduzca.

    Jeroen Sangers:

    El ciclo es autorreforzante. Más velocidad genera más expectativas. Más expectativas genera más dependencia. Y más dependencia amplía el alcance de lo que intentamos abarcar. Y ese alcance mayor genera más trabajo. Sin estructura deliberada, la tendencia no es la contracción, es la intensificación. El criterio no se delega. La inteligencia artificial trabaja con el sistema mono con una fluidez que invita a saltarse al sistema humano de nuestra mente.

    Jeroen Sangers:

    El criterio es un músculo que se deteriora cuando no se ejercita y se necesita, sobre todo en los momentos donde no hay tiempo para consultar a ningún asistente. Y la distinción que marca la no preguntar qué debería hacer, sino qué información necesito para decidir. Y amplifica tu mejor trabajo, no tu trabajo pendiente. El punto de partida eres tú. La inteligencia artificial hace crecer lo que traes. No puedes sustituir lo que todavía no has pensado. Y saber cuándo apagar la escoba es tan importante como saber cómo encenderla.

    Quique Gonzalo:

    Por eso nos vamos a quedar con este nuevo hábito KENSO en este episodio. Y es que cada vez que la inteligencia artificial te ahorre tiempo esta semana decide de forma explícita en qué lo vas a invertir antes de que se llene solo. Porque la lavadora rápida seguirá siendo rápida. La pregunta es si dejas que te haga lavar todos los días porque el tiempo ganado no es tuyo hasta que decides a qué va, puede ir a más tareas y el ciclo continúa. Puede ir a pensar, a estar presente, a proteger el criterio. Y esa elección no la tomará ningún asistente. La tomas tú o la toma el hábito de siempre. No hay término medio.

    Quique Gonzalo:

    Así que esta semana, cada vez que cierres una sesión con un asistente de IA con una tarea terminada, antes de abrir la siguiente, escribe en una línea: el tiempo que he ganado hoy lo voy a invertir en una frase que quizá te pueda parecer trivial. Lo que importa es que te va a dar conciencia en que has tomado una elección propia. Siete días haciendo esto te van a decir más sobre tu relación real con la IA que cualquier curso de prompts que puedas encontrar. Y ¿Y que? Esperamos que no tengan que hacer una película sobre ti como hicieron con Her.

    Jeroen Sangers:

    Y si lo que has escuchado hoy te resuena no solo para ti, sino para tu equipo, si sientes que la adaptación de la inteligencia artificial en tu organización está generando velocidad pero no claridad, quizás el paso siguiente no es más información en herramientas quizás sea trabajar primero la efectividad de las personas que van a usarlas y en eso llevamos años trabajando con equipos en KENSO y estaremos encantados de contarte cómo. Si estás interesado escríbenos a info@kenso.es.

    Quique Gonzalo:

    y verás cómo podemos trabajar con las mejores herramientas de IA adaptadas a ti. No que tú te tengas que adaptar ni tu equipo, ni tu empresa, sino cómo se adaptan a tus procesos, a tus estructuras, a tu gente y con un sentido de efectividad. Y para aquellos que queráis apoyarnos, recibir reseñas mensuales de libros, episodios especiales, beneficios en los cursos, ya sabéis que os esperamos en KENSO Círculo que ya somos 800 personas y sumando puedes entrar en KENSO.es/circulo. Nos escuchamos muy pronto.

    Jeroen Sangers:

    Chao.

 

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