La vuelta de vacaciones no te pide un hábito nuevo. Te pide una renuncia.
Episodio 430
Cada septiembre repites el mismo ritual: estrenas libreta y escribes la lista de todo lo que esta vez sí vas a empezar. Un idioma, una rutina de mañanas, ese proyecto que llevas dos años acariciando.
Lo que nunca aparece en esa hoja es qué vas a dejar de hacer para que quepa lo demás. Y por eso, en la segunda semana de octubre, la estructura cruje.
En esta píldora, Quique y Jeroen le dan la vuelta a la vuelta de vacaciones: por qué sumamos por defecto, por qué nos cuesta tanto renunciar a lo que ya no nos aporta, y cómo un inventario de renuncias puede cambiar tu otoño.
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La idea para llevarte
«Una casilla vacía en el calendario no es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando.»
Índice del programa
(00:06) El dilema de septiembre: sumar o soltar
(02:09) La trampa de los nuevos propósitos
(04:05) Sumar por defecto: el sesgo de añadir
(08:01) Movimiento frente a dirección: el coste de no restar
(13:09) Inventario de renuncias: tres preguntas clave
(25:10) Renunciar no es fracasar: cuando soltar libera
(31:36) Una sola renuncia: por qué no ejecutar la lista entera
(35:04) El vacío como sistema: resistir la tentación de rellenar
(41:49) Liderazgo y ejemplo: proteger los huecos
(43:19) Hábito KENSO de la semana: antes de empezar, decide qué soltar
(45:38) ¡Nos escuchamos muy pronto!
Lo que aprenderás en este episodio
Por qué tu cerebro busca siempre qué añadir antes que qué quitar, y qué basta para invertir ese sesgo (con un estudio publicado en Nature).
La diferencia entre lo que descansa de ti y lo que te descansa a ti, y cómo usar agosto como el auditor más honesto de tu agenda.
Las tres preguntas del inventario de renuncias para decidir qué soltar sin culpa, incluida la que de verdad escuece.
Por qué una casilla vacía en tu calendario no es un error que rellenar, sino la señal de que tu sistema funciona.
El Hábito KENSO de este episodio
Antes de decidir qué empiezas, decide qué sueltas.
Dedica media hora, papel y bolígrafo, a tu inventario de renuncias. Elige una sola renuncia, ponle fecha en el calendario, escribe en una línea qué le vas a decir a quien la espera de ti, y no rellenes el hueco que deje. Una renuncia sostenida vale más que diez propósitos entusiastas.
Recursos mencionados
Científicas
Gabrielle Adams, Benjamin Converse, Andrew Hales y Leidy Klotz: People systematically overlook subtractive changes, Nature (2021). El sesgo aditivo y el experimento de las piezas de construcción.
Hal Arkes y Catherine Blumer: «The psychology of sunk cost» (1985). La falacia del coste hundido.
William Samuelson y Richard Zeckhauser: «Status Quo Bias in Decision Making» (1988). El sesgo del statu quo.
Christopher Hsee, Adelle Yang y Liangyan Wang: Idleness Aversion and the Need for Justifiable Busyness, Psychological Science (2010). La aversión a la inactividad.
Culturales
Antoine de Saint-Exupéry: Tierra de los hombres. La perfección como el punto en el que no queda nada más que quitar.
Miguel Ángel y la escultura como sustracción: retirar del bloque de mármol lo que sobra.
Herman Melville: Bartleby, el escribiente. El «preferiría no hacerlo» como arte de la renuncia sin excusas.
Hermann Hesse: Siddhartha, reseña 44 en KENSO Círculo.
El búho de la aplicación de idiomas, como símbolo cotidiano de la primera renuncia pendiente.
En KENSO
Episodio 427: De la vuelta de vacaciones al primer éxito: cómo reincorporarte con foco.
Formación para empresas | KENSO
Cursos online | KENSO
Coaching personal | KENSO
Y la música de KENSO gratis para Podcasts y YouTube | Uppbeat
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Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí. Disculpa, si lees algún error en la transcripción.
Quique Gonzalo: ¿Y si lo que te falta este septiembre no fuera un hábito nuevo, sino el coraje de soltar uno que ya te sobra? Te cuento dónde me encontraba hace unas semanas, última de vacaciones en Asturias, y esa calma rara de quien ha dormido ocho horas seguidas varios días y ha leído algo por gusto, sin subrayar nada, y encima de esa calma, dos opciones sobre la mesa. La primera, apuntarme a una certificación de coaching del nivel más alto, la que llevo varios años rondando y que sé que va a quedar muy bien en mi biografía, en mi currículum, y esa que me va susurrando al oído que sigo creciendo. El segundo camino es el que no cabe en ninguna biografía: es poder recoger a mi hijo a la bajada del autobús tranquilamente y tener la cabeza para escuchar cada respuesta que me quiera contar a lo largo de lo que ha pasado en su día. Y en ese momento caí en algo que me removió, y es que las dos cosas no caben, y no es por horas, es por mi cabeza. Si meto la certificación, voy a llegar a recogerle con el móvil en la mano, la reunión al mismo tiempo y sin estar conectado. Así que la pregunta no era cuál de las dos elegía, era otra, y es la que quiero abrir y compartir hoy contigo: ¿por qué nuestra lista de septiembre tiene diez casillas para empezar cosas y ni una sola para que dejemos algo de lado?
Jeroen Sangers: Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubrirás cómo vivir con efectividad para ser más feliz. Y hoy retomamos algo que dejamos a medias, porque hace unas semanas hablamos de cómo volver de vacaciones sin quemar en cinco días la calma que te costó tres semanas construir. Aquel episodio miraba el primer día en la oficina, y hoy vamos un paso antes, a la libreta, a ese momento en que, antes de pisar el trabajo, escribes la lista de todo lo que esta vez sí vas a hacer. Septiembre pensamos que es el enero de los adultos, porque estrenamos libreta, estrenamos propósitos y fingimos que el edificio donde vamos a colocarlos está vacío, pero no lo está. Volvemos con la agenda de junio intacta. Los mismos compromisos, los mismos grupos, las mismas reuniones que nadie ha revisado desde que se crearon, y encima de este edificio ya lleno colocamos una planta más. Después nos extraña que la estructura cruja en la segunda semana de octubre o antes. Pues yo soy Jeroen Sangers, aprendiz en resistir la tentación de rellenar cada hueco que consigo abrir en mi calendario.
Quique Gonzalo: Y yo soy Quique Gonzalo, aprendiz en soltar aquello que me costó años conseguir cuando descubro que ya no me devuelve lo que me quita.
Jeroen Sangers: Que es la parte difícil, yo creo. Pero, oye, no venimos a darte un método para hacer más, venimos a lo contrario. Porque este año, antes de decidir qué empiezas, vamos a ayudarte a decidir qué sueltas. Y quédate con este episodio, porque lo que viene te va a incomodar un poco, del buen modo, obviamente.
Quique Gonzalo: Yo creo, Jeroen, que es importante que te devuelva, en cierto modo, la pregunta con la que abrí, porque estoy seguro de que a cada persona que nos está escuchando ahora mismo le puede pasar algo parecido. Sabemos que tenemos una capacidad, que sabemos restar; llevamos años ayudando a otras personas a que quiten de su agenda aquello que les sobra, aquello que no suma. Y, aun así, nuestra lista de septiembre, si la abrimos en un momento, yo creo que la vamos a encontrar llena de verbos de arranque: empezar, montar, retomar, aprender. ¿Por qué nos sale el sumar por defecto?
Jeroen Sangers: Pues no es un defecto tuyo ni mío; de hecho, es un sesgo con nombre y con laboratorio. La última y más famosa publicación viene de 2021, escrita por un equipo de la Universidad de Virginia con Gabrielle Adams y Leidy Klotz al frente. Han publicado en la revista Nature un trabajo con un título que yo creo que lo resume todo: las personas pasamos por alto los cambios que consisten en restar.
Quique Gonzalo: Me parece genial, así que cuéntame qué has sacado de ese nodo que tú tienes ahí en tu universo de estudios, porque yo creo que hay uno que lo deja claro y cristalino.
Jeroen Sangers: Sí, sí. Y lo puedes hacer en casa porque, seguramente, si tienes hijos, tienes estas piezas de Lego. Y de ahí empiezo, con estas piezas de construcción. Lo que dicen en este experimento es que daban a las participantes una estructura de Lego con un tejadito sostenido por una sola columna en una esquina. Y la tarea era muy sencilla: hay que dejarla firme para que aguante un ladrillo encima sin derrumbarse. Y un detalle: añadir una pieza cuesta dinero y quitar una pieza es gratis. Y había, obviamente, una solución evidente, que es retirar esta columna y apoyar el techo sobre la base, y ya está, gratis y estable. Pero la mayoría de las participantes no la veía. Lo que hicieron fue añadir columnas por los otros lados, pagando por cada una con su propio dinero.
Quique Gonzalo: Vamos, un poco lo que nos sucede cuando retomamos este septiembre, este octubre: pagamos por complicarnos aquellas cosas que se podían haber resuelto quitando cosas de encima.
Jeroen Sangers: Sí, eso es. Y yo creo que aquí está el matiz que lo cambia todo. Cuando al otro grupo le recordaban en el enunciado, en la explicación, con una sola frase, que quitar piezas también valía como solución, las respuestas por sustracción se disparaban. No es que no supieran restar, simplemente es que la opción de restar no se les presentaba sola, había que invocarla.
Quique Gonzalo: Yo creo, Jeroen, que lo que dices es enorme. Al final, nuestra cabeza, cuando le ponemos un problema delante, lo que va a buscar es qué puede añadir antes de pensar en qué puede quitar, y lo hace por defecto. Y basta con que alguien te recuerde que quitar es una opción para que en ese momento empieces a verla.
Jeroen Sangers: Sí. Y hay una explicación bonita del porqué. Porque añadir deja una huella visible. Si pones una columna, ahí está: se ve, se toca, demuestra que has trabajado. Pero quitar algo deja un hueco, y un hueco no luce. En un mundo que premia lo que se nota, restar tiene una desventaja de origen, porque es invisible. Y los investigadores lo probaron fuera del laboratorio, con recetas de cocina, con itinerarios de viaje, hasta con ensayos que la gente tenía que mejorar. Y, en todos los casos, la primera reacción era engordarlo, no aligerar.
Quique Gonzalo: Al final, esto yo creo que nos pasa mucho. Ese párrafo que sobra en un informe, que, en lugar de acortar, solemos añadir una nota al pie para justificarlo; esas presentaciones que vamos rellenando, siempre con más texto, con más imágenes, siempre sumar, sumar, sumar.
Jeroen Sangers: Sí, añadir una diapositiva más que no aporta nada, porque hay que tener veinte diapositivas, ¿no? Porque diez parece que era justito. Y la que, en vez de borrarla, le metemos una animación para hacerla más bonita. Siempre sumamos, hasta cuando el problema es el exceso.
Quique Gonzalo: Y es interesante, porque la razón emocional que podemos encontrar debajo de todo esto tiene un sentido. Añadir lo sentimos como avanzar. Así lo hemos vivido durante todas nuestras etapas de la vida. Y restar, en cierto modo, siempre lo hemos asociado a perder. Cuando sumo un curso, tengo la sensación de que voy hacia algún sitio. Cuando quito un compromiso, aunque sepa que me sobra, siempre notamos esa pequeña punzada de «me estoy rindiendo, lo estoy dejando».
Jeroen Sangers: Sí, y esta punzada miente, porque confundimos movimiento con dirección. Efectivamente, estás corriendo, sí. La pregunta es hacia dónde. ¿Y este rumbo lo eligió alguien o solo se fue acumulando?
Quique Gonzalo: Corriendo, corriendo, con la agenda de otra persona que, normalmente, es la que nos carga.
Jeroen Sangers: Sí, y con la agenda de un año que ya no existe, porque lo que tienes hoy en el calendario lo diseñó, en buena parte, una versión tuya con otras circunstancias: otro puesto, otro jefe, otros hijos, otra energía. Y esa agenda vieja sigue mandando sobre tu presente como un gobierno en funciones que nadie ha vuelto a votar.
Quique Gonzalo: Fíjate que esto, Jeroen, me parece realmente interesante, porque quizá mi mayor aprendizaje de la efectividad fue en el momento en el que decidí hacer menos, que es algo que decimos mucho en KENSO. Y lo veo en las personas que me rodean, incluso en las que más quiero, porque intentan llenar hasta el último espacio para ir corriendo, para ir a toda velocidad, para sentir que su tiempo importa. Ese es el gran engaño de esa palabra, la productividad personal: parece que ahora el tiempo libre tiene que ser productivo. ¿Qué es lo que sucede? Que cuando tú descargas, quitas, dejas ese espacio, vives más presente. En lugar de estar solo en la operativa, estás en la estrategia, tienes mayor capacidad. Y esto lo vemos si trasladamos este ejemplo a nuestra libreta de septiembre. Porque nos encontramos una capa más, y esta no es de la cabeza, es social. Fíjate en la diferencia. Empezar es algo que anunciamos. Curiosamente, muchas de las cosas que son coleccionables comienzan en septiembre o en enero.
Quique Gonzalo: ¿Coincidencia? Seguro que no. «Hoy voy a empezar a hacer esta colección de libros de grandes clásicos», y lo contamos y se lo decimos a la gente. Esto siempre lo anunciamos. Sin embargo, dejar lo tenemos que explicar. Por ejemplo, cuando me apunto a la certificación de coaching, te lo cuento a ti y me dices: «Oye, qué bien, Quique, que sigues formándote, elevando el nivel». Sin embargo, cuando te sales de un comité de empresa en el que llevas tres años, no hay aplauso. Hay una conversación incómoda con alguien que contaba conmigo y una cara de «bueno, ¿y eso por qué?».
Jeroen Sangers: Al final, sumar es una decisión que tomas tú solo, y renunciar casi siempre lo negocias con otra persona u otras personas.
Quique Gonzalo: Sí. Y, a veces, con la más difícil de todas, que es con la versión de uno mismo que hace años peleó por conseguir justo eso que ahora está sobrando. Yo lo recuerdo en la época en que dejé la empresa privada, hace ya muchos años: era complejo explicarme a mí mismo cómo algo por lo que había luchado tanto, después del máster, de los estudios, de llegar a una posición tan relevante, lo dejas todo, lo decides y te lo cuentas, y luego se lo cuentas a los demás.
Jeroen Sangers: Porque esta versión antigua tuya tiene mucha fuerza. Los economistas del comportamiento le pusieron un nombre: la falacia del coste hundido. Está documentada por Hal Arkes y Catherine Blumer ya en el año 1985. Lo que encontraron es que cuanto más hemos invertido en algo, en tiempo, dinero, esfuerzo, orgullo, más nos cuesta abandonarlo, aunque hoy no nos devuelva nada. No sostenemos el proyecto por lo que nos da, lo sostenemos por lo que nos costó.
Quique Gonzalo: Y es curioso, porque entonces lo que hacemos es defender el pasado con las horas del presente.
Jeroen Sangers: Sí. Y si añadimos un tercer ingrediente, ya tenemos el cóctel completo: el sesgo del statu quo, que fue estudiado por William Samuelson y Richard Zeckhauser en el año 1988. ¿Qué dice este sesgo? Pues que ante la duda dejamos las cosas como están. Lo que ya existe en tu agenda tiene una ventaja injusta sobre lo que podrías poner en su lugar. La reunión recurrente no se cuestiona, sigue ahí, y nadie la vuelve a mirar.
Quique Gonzalo: Al final, si sumamos las tres cosas, tu cabeza no ve la resta, la sociedad no la aplaude y tu yo del pasado la vive como una traición. Esos tres elementos. Con razón la lista de septiembre está llena de arranques. Y con razón también, en diciembre, esa lista es un cementerio.
Jeroen Sangers: Sí, un cementerio de buenas intenciones que no cabían.
Quique Gonzalo: Bueno, pues yo creo que, entonces, vamos a proponer algo. Y va en serio para quien nos escuche y de verdad quiera hacer este reseteo, porque este año puedes invertir el ritual. Antes de decidir qué empiezas, siéntate media hora, papel y boli, y simplemente decide qué sueltas. En KENSO lo llamamos el inventario de renuncias, y no es una lista de tareas. Es una conversación con tu propia agenda, con tres preguntas que te van a aclarar, de verdad, aquello que merece la pena en tu vida.
Jeroen Sangers: Aquí tengo que pararte un momento, Quique, porque antes de que sueltes esta lista, tal vez hay un problema, y yo creo que los oyentes lo van a pensar también. Esto que acabas de proponer, ¿no es simplemente hacer una lista más? ¿No estamos añadiendo una lista más? ¿Otra tarea en septiembre? ¿Otra planta encima del edificio?
Quique Gonzalo: Objeción aceptada. La gran diferencia es que esta lista no va a añadir nada; al contrario, vacía. Va a ser la única media hora del año que va a trabajar para quitarte peso, no para ponértelo. ¿Qué te parece, Jeroen?
Jeroen Sangers: Me parece estupendo. En lugar de media hora, una hora también lo compro. Eso sí, yo creo que vale la pena hacer este ejercicio en papel, no en tu móvil, no en el ordenador, en nada digital, porque en el móvil, mientras estás escribiendo, te entran tres avisos que te recuerdan justo lo que no deberías sumar.
Quique Gonzalo: Y la gran magia del papel es que no te interrumpe para venderte una planta más, de las que hablábamos con anterioridad. Papel, boli, media hora sin pantalla y, si quieres, tu buena música. Ya solo eso es una pequeña renuncia con la que empezar. Así que vamos a la primera pregunta, que quizá resulte la más amable, y es: ¿qué no echaste de menos?
Jeroen Sangers: Esta es la pregunta de agosto, ¿no?
Quique Gonzalo: Sí, la pregunta de todos nuestros agostos. Porque en el fondo está muy bien traído, Jeroen: durante las vacaciones hay decenas de cosas, algunas conscientes, otras inconscientes, que dejamos de hacer sin proponérnoslo. El grupo de WhatsApp que silenciamos y no se volvió a abrir, la app que no miramos, la reunión que no existió, y el mundo sigue girando. Así que escribe todo eso que no volvió a tu cabeza ni una vez durante las vacaciones, ni en tres semanas.
Jeroen Sangers: Y yo creo que eso tiene algo hermoso, porque el trabajo ya está hecho: has ido de vacaciones. Yo creo que agosto es el mejor auditor que vas a encontrar, porque es gratis, es honesto y no tiene piedad. Tú desconectaste para descansar y, sin saberlo, montaste un experimento perfecto: ¿qué pasa con tu vida cuando dejas de hacer cada una de estas cosas? Y la respuesta es que, en casi todos los casos, no pasa absolutamente nada.
Quique Gonzalo: Comparto la mía para que se entienda. Hay un grupo profesional de esos de doscientos mensajes al día; doscientos a lo mejor es exagerar un poco, pero sí de los que van contando, poniendo todo lo que van descubriendo, artículos, vídeos. Pues mira, en tres semanas ni apareció en mi vida. ¿Y sabes qué descubrí al volver? Que lo importante, de verdad, ya me había llegado por otro lado. Y que, en cierto modo, esto era ruido con emoticonos, y de gente a la que aprecio. Así que, simplemente, tres semanas de prueba y el veredicto, señoría, es incontestable.
Jeroen Sangers: Aunque yo creo que hay una trampa, porque ya la veo venir. Seguramente alguien está pensando: «Mira, yo en agosto tampoco he echado de menos hacer ejercicio, y no por eso lo voy a dejar». Yo creo que es una buena objeción, porque hay cosas que no echas de menos y sí que te importan.
Quique Gonzalo: Esto va por Aarón, mi entrenador personal: que sepas que te quiero mucho y que te aprecio, y que ya estoy a punto de volver.
Jeroen Sangers: Esto va por ti.
Quique Gonzalo: Así que es cierto. Por eso, en este caso, la pregunta no es «¿lo elimino?». No, es simplemente «¿por qué sigue aquí?». Quizá el ejercicio no lo echamos de menos, pero sé que en el momento en el que lo recupere me devuelve la energía. Con lo cual, eso se queda. Sin embargo, un grupo de doscientos mensajes tampoco lo eché de menos y, cuando lo recupero, lo que sí me devuelve es ruido. Entonces, eso se va. La prueba de agosto no te dice qué quitar, te dice dónde poner tu foco de atención.
Jeroen Sangers: Sí, al final distingue lo que descansa de ti de lo que te descansa a ti.
Quique Gonzalo: Claro, y son cosas distintas, eso es.
Jeroen Sangers: Sí. Y ahí quien escucha ya está pensando en la suya. Todos tenemos una: ese algo que no tocaste en tres semanas y que el lunes vuelve a tu agenda como si tal cosa, por pura costumbre. Pues quédate con esta imagen, porque a eso vamos.
Quique Gonzalo: Y vamos con la segunda pregunta. Esta ya, probablemente, rasque un poquito más, y es: ¿qué sigue en mi agenda por inercia y no por decisión? Aquí entran las reuniones heredadas, esas suscripciones que se renuevan solas, ese cliente que te consume más energía de la que te deja en la factura y, quizá mi favorito, porque lo he visto en cientos de talleres, ese informe que preparamos cada mes y que sospechas que no está leyendo nadie.
Jeroen Sangers: Y para eso yo creo que hay una prueba de laboratorio que puedes hacer tú mismo, aunque requiere un poco de valentía: simplemente deja de enviarlo. Durante un mes no envías este informe. Y cuenta los días que tarda alguien en reclamarlo.
Quique Gonzalo: Y yo creo que es una de las pruebas más honestas, Jeroen, que podemos hacer. Y no solo en ese aspecto, sino en muchos otros: cuántas cosas simplemente están ahí porque las heredamos algún día, han continuado, pero ya no tienen el valor que un día tuvieron.
Jeroen Sangers: Sí, es una prueba honesta e incómoda, como he dicho antes, porque a veces no lo reclama nadie. Y ese silencio te dice dos cosas. Primero, que llevabas meses fabricando algo que no servía, que has perdido mucho tiempo. Y segundo, y esto es peor, nadie se atrevió a decírtelo. Y fíjate que nada de eso se decidió este año: se decidió una vez, hace mucho, y luego se quedó. Y lo que empezó siendo una decisión terminó siendo un mueble.
Quique Gonzalo: Sí, un mueble que vas arrastrando de piso en piso, sin recordar por qué lo compraste.
Jeroen Sangers: Sí. Tú, Quique, que tienes experiencia en mudanzas, pues esta caja que va de casa a casa, pues es esto.
Quique Gonzalo: Ahí está.
Jeroen Sangers: Y déjame afinar esa idea, porque el statu quo del que hablamos vive justo en esta pregunta. La reunión de los lunes a las nueve no está en tu agenda porque alguien haya decidido este año que aporta; está porque nadie decidió lo contrario. Y, por tanto, la inercia no es que las cosas sigan, es que nadie las vuelve a elegir.
Quique Gonzalo: Yo creo que esto, para aquellos que lideran un equipo, es oro puro. Y recordad que cuando hablamos de liderar un equipo no significa únicamente a nivel profesional, sino también la familia, los amigos. Y es entender que tú tienes el poder de convocar esa media hora con tu gente y preguntar, de una en una, por cada una de esas reuniones recurrentes: ¿esto lo mantenemos porque aporta o porque siempre ha estado ahí? Y vas a descubrir que la mitad de la agenda de esas personas la puso alguien que ya ni trabaja ahí o, a lo mejor, ni está presente.
Jeroen Sangers: Y esa media hora de inventario le devuelve a tu equipo más horas que cualquier curso de productividad que pagues.
Quique Gonzalo: Incluso que el nuestro. De hecho, podemos compartir un caso sin nombres. En uno de los talleres que tuvimos, un director de operaciones nos contó que llevaba seis años enviando un informe semanal de quince páginas a todo el comité. Seis años. Cuando le propusimos el experimento, dejar de mandarlo simplemente un mes y esperar, pasaron tres semanas literales, veintiún días, hasta que alguien preguntó. Y ojo, aquí viene lo interesante: no preguntó por el informe, preguntó por un solo dato de una página en concreto.
Jeroen Sangers: Un dato, de quince páginas.
Quique Gonzalo: Claro, eso es, un dato. Ese hombre había convertido cuarenta minutos de su viernes durante seis años en un ritual que servía para una cifra que cabía en un mensaje de móvil. Y lo peor no eran sus viernes: era que tres personas de su equipo dedicaban horas de la mañana del jueves a alimentar ese informe.
Jeroen Sangers: Así que la inercia de uno se multiplica por el equipo entero.
Quique Gonzalo: Siempre. Esas tareas, Jeroen, que tú describes como tareas zombis: cada tarea zombi que tú arrastras, alguien de tu equipo también la está sosteniendo, de manera visible o invisible, por debajo. Por eso es tan importante que seas consciente de que cuando lideras, tus renuncias liberan horas que ni siquiera son tuyas.
Jeroen Sangers: Y esa es la cara que no se ve en el calendario lleno de un jefe o una jefa: las agendas llenas de toda la gente que trabaja para él o ella.
Quique Gonzalo: Así que con esto vamos a la tercera de las preguntas, que quizá es la que más incomode, y es: ¿qué defiendo porque me costó conseguirlo? Y aquí vuelvo a mi certificación de coaching, porque es este espejo exacto. En cierto modo, yo creo que es como las máquinas tragaperras: uno empieza, en mi caso hace más de veinte años, con su formación en coaching, va escalando niveles, pero siempre hay un nivel más alto. Y pasa en todo. Siempre en tu liga hay una liga superior; siempre, cuando estás coleccionando discos, hay alguien que tiene más discos; siempre hay algo más. Lo interesante es si yo esa certificación la quiero por lo que me va a aportar o la quiero porque llevo dos años diciéndome que la voy a hacer. Porque sería el siguiente peldaño, porque me costaría, y algo dentro de mí cree que si me cuesta, que si hay sacrificio, que si escalo todavía un punto más en la escalera, va a merecer la pena.
Jeroen Sangers: Este es el coste hundido en primera persona, porque yo creo que ya estás altamente cualificado para hacer coaching, ya tienes dos certificaciones. Este es el máximo que puedes hacer, que tal vez no te aporte tanto ya.
Quique Gonzalo: Correcto, y es verdad, porque incluso los beneficios son más para ser formador de formadores, en cierto modo. Pero hay que vivirlo en carne propia. Yo, que soy de estos que empieza un libro y por tozudez lo termina hasta el final, pues cuando empiezo una carrera de formación digo: venga, hasta el final. Simplemente, si miramos en nuestra vida, hay proyectos, hay cargos, hay rutinas que sostenemos por lo que invertimos en ellos y no por lo que nos devuelven hoy. Y aquí está, quizá, ese giro, como dicen en el cine: renunciar a eso no es admitir un fracaso, es reconocer que la persona que lo eligió y la persona que lo mantiene ya no son la misma.
Jeroen Sangers: Por favor, Quique, repite eso, porque creo que esta frase que acabas de decir es el corazón de este episodio.
Quique Gonzalo: Sí, Jeroen. Yo creo que, además, esto tiene mucho que ver con una de las reseñas que hicimos, en el episodio 421, que era el libro Siddhartha, de Hermann Hesse. Y es que quien eligió aquello hace tres años y quien lo sostiene hoy ya no tienen por qué ser la misma persona. Ese Quique que se apuntó hace veinte años a comenzar su carrera de coaching tenía otras prioridades, otra energía, no tenía hijos; de hecho, no estaba ni casado. Entonces, es entender que soltar no es traicionar a quien fui, es dejar de obligar a quien soy hoy a vivir según las decisiones de alguien que ya no está.
Jeroen Sangers: Y ojo con lo que estás diciendo, Quique. Yo interpreto que no es una excusa para abandonar todo lo que cuesta: hay cosas difíciles que valen la pena justo por difíciles. El matiz yo creo que es otro. La pregunta no es si me cuesta o no; la pregunta es: ¿elegiría eso hoy desde cero, sabiendo lo que sé ahora mismo?
Quique Gonzalo: Claro, esta es la pregunta correcta, Jeroen, me encanta. ¿Por qué? Porque si yo me retrotrajera veinte años atrás, cuando tomé esa decisión, y en ese momento hubiera tenido a mi hijo, la decisión hubiera seguido siendo recoger a mi hijo y estar con mi hijo. Pero hace veinte años no existía. Entonces, era una persona distinta. Por eso me gusta lo que acabas de plantear: si yo elegiría esto desde cero sabiendo lo que sé ahora. Si la respuesta es sí, adelante, aunque duela. Y si la respuesta es que lo mantengo solo porque ya lo empecé, ahí tienes una potencial renuncia.
Quique Gonzalo: No sueltas lo que cuesta, sueltas lo que solo pesa.
Jeroen Sangers: Y ahora, Quique, aplícate a tu caso. ¿Esta certificación de coaching pasa tu propia pregunta o no?
Quique Gonzalo: Ya he hecho spoiler: no, no la pasa. Los años, la inercia, el tiempo, cómo está ahora mismo mi vida. Yo sé que me esperan unos meses muy potentes e intensos. Sé que necesito mantener cuanta más energía y más espacio disponible, mejor, Jeroen. ¿Por qué? Porque me va a permitir tener la capacidad de anticipar las cosas que están por venir, y para aquellas que no anticipe y vengan como un choque, tener la energía para poder resolverlas. Sé que, además, me va a dejar hueco para poder tener una mente más afilada. Entonces, lo interesante es saber que cuanto más espacio dejas en ti, más capacidad tienes para estar presente en lo que de verdad te importa.
Jeroen Sangers: Sí, y esto conecta con algo que repetimos siempre en KENSO: compárate con tu yo de ayer, no con el de nadie más. Porque aquí es lo mismo, con un giro: no te midas con tu yo del pasado, y tampoco dejes que te gobierne.
Quique Gonzalo: Y mira que lo veo en gente valiosa, lo veo a todas horas. Personas que siguen en una asociación a la que ya no pueden dedicar más tiempo y van a las reuniones a sentirse, en cierto modo, culpables por dentro. Que mantienen proyectos, incluso después de no haber despegado, porque cerrarlos sería admitir que nos equivocamos al abrirlos. Son personas que no lo sostienen por futuro, lo sostienen por pasado.
Jeroen Sangers: Sí, y el pasado no paga facturas ni cría hijos, solo pesa.
Quique Gonzalo: Sí. Además, hay una frase que llevo conmigo; de hecho, el otro día, en la boda de mi hermano, también salió, la mencionó el párroco. Hay un libro de Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El principito, llamado Tierra de hombres, y habla del diseño de los aviones, porque él era aviador. Y dice: «Parece que la perfección se alcanza no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no queda nada más que quitar».
Jeroen Sangers: Y eso lo decía un hombre que diseñaba máquinas para volar. Cuanto más quitaba, mejor volaban. Entonces, imagínate.
Quique Gonzalo: Claro. Lo que comentaba antes, Jeroen: con nuestras vidas es igual. Nos han vendido que crecer es acumular: más formación, más proyectos, más responsabilidades, más pestañas abiertas, más patrimonio. Y hay una tradición antigua que dice todo lo contrario. A Miguel Ángel, cuando le preguntaban cómo hacía sus esculturas, hay una respuesta que se le atribuye, sobre todo con ese David precioso. Y él decía: la figura ya estaba dentro del bloque de mármol, yo solo retiré lo que sobraba. Y es que tu mejor septiembre quizá no esté en lo que vas a añadir; quizá está debajo de lo que todavía no te has atrevido a quitar.
Jeroen Sangers: Me gusta, me gusta mucho, pero seamos prácticos, porque quien nos escucha ha hecho ya el inventario en la cabeza y probablemente tiene una lista larga. Entonces, ¿qué hace con ella?
Quique Gonzalo: Bueno, pues aquí va la advertencia, y es importante: no la ejecutes entera, que esto es otra de las tradiciones que llevamos soportando en esta sociedad tan capitalista. ¿Por qué? Porque el maximalismo de la renuncia no deja de ser otra forma de septiembre inflado. Querer soltarlo todo de golpe es la misma ansiedad de siempre, disfrazada de monje budista y zen, Jeroen.
Jeroen Sangers: Claro, porque renunciar a quince cosas el mismo lunes no es renunciar a ninguna.
Quique Gonzalo: Correcto. Entonces, seamos conscientes, y de esa lista, de esas quince cosas que te hayan aparecido, elige una, una sola, y focalízate en ella de verdad. Ponle fecha en el calendario, como una cita contigo. Escribe en una línea qué le vas a decir a quien espera eso de ti y ya no se lo vas a dar, porque esa conversación incómoda es el precio real de la renuncia. Y, además, decide de antemano qué vas a hacer cuando intente colarse de nuevo, porque esto, te lo puedo asegurar, quiere seguir viviendo contigo.
Jeroen Sangers: Claro, siempre vuelve. La reunión que quitaste reaparece con otro nombre, y el comité te escribe: «Solo por esta vez».
Quique Gonzalo: Claro. Y si tú no decides antes lo que vas a responder, es más fácil que vuelvas a decir que sí, que vuelvas a aceptar. Por eso es clave entender que la renuncia se diseña y no se improvisa. Hay un personaje de la literatura que a mí me encanta, Jeroen. Quizá a la gente le suene más Herman Melville por otro libro, que es Moby Dick, pero escribió un libro que a mí me apasionó; lo leí hace seis o siete años, y se llama Bartleby, el escribiente. Y era un personaje que, cada vez que le pedían algo, ante cada nueva petición contestaba lo mismo: «Preferiría no hacerlo». No daba más explicaciones, no se justificaba. Es una historia preciosa, breve, que os puede encantar.
Jeroen Sangers: Yo creo que nos falta mucho Bartleby en este mes de septiembre.
Quique Gonzalo: Sí. A mí me falta muchas veces, Jeroen, esa parte de «preferiría no hacerlo», dicho con calma, sin culpa, con seguridad. Y te aseguro una cosa: ahora que ya me estoy convirtiendo un poco en experto en decir «preferiría no hacerlo», tengo que decir que es una de las cosas más maravillosas de la vida. Porque, al final, una renuncia sostenida vale más que diez propósitos entusiastas.
Jeroen Sangers: Y ahora, Quique, la trampa final, yo creo, la más elegante de todas. Porque imagina que lo hace, que suelta el comité, que libera dos horas a la semana. ¿Qué va a pasar entonces el martes siguiente a las once, cuando vea ese hueco en el calendario donde antes había esa reunión?
Quique Gonzalo: Pues te vas a reír, Jeroen, pero es que, antes de este episodio, justo he quitado una cosa que tenía todas las semanas. Y cuando he visto ese hueco, porque me he ido paseando hacia el calendario, los ojos se van a ese hueco libre. Te arden las manos. Y la tentación es inmediata: meter algo dentro. Un curso, un proyecto lateral, este de coaching que yo te decía. Mira tú por dónde, ya tengo hueco. Porque cuando encontramos un hueco vacío, una casilla vacía, un espacio por rellenar, lo vemos como si fuera un error que hay que corregir.
Jeroen Sangers: Sí. Y esta observación yo creo que es la clave, y aquí quiero ser muy rotundo, porque es la idea más contraintuitiva de todo el episodio. Esta casilla vacía en tu calendario no es un fallo del sistema. Esta casilla vacía es justo el sistema funcionando tal como debería funcionar.
Quique Gonzalo: Cuesta creerlo, ¿verdad? Porque, en cierto modo, nos han educado para que el vacío nos dé mal cuerpo, mala sensación.
Jeroen Sangers: Sí, pero tiene respaldo científico también. Hay un estudio de Christopher Hsee, de la Universidad de Chicago, publicado en el año 2010, sobre lo que él llama la aversión a la inactividad y la necesidad de una ocupación justificable. Pues Christopher descubrió que preferimos estar ocupados haciendo cualquier cosa, aunque sea inútil, antes que quedarnos quietos, y que basta darle a esta ocupación la excusa más floja para que la elijamos. Porque estamos diseñados para llenar espacios, para llenar el vacío. El vacío nos genera una ansiedad casi física.
Quique Gonzalo: Claro. Y por eso tendemos a rellenar los huecos que tanto nos costó abrir, con lo cual no hemos restado nada: hemos movido una silla de sitio. Y esto es lo que comentábamos antes acerca de que el tiempo libre se considere productivo. Yo, siempre que veo esos huecos, Jeroen, pienso que son mis huecos para tener todavía la capacidad de estar más presente y tener más foco, de saber que me estoy cuidando. Cuando veo un calendario de alguien que tiene los eventos duplicados, repetidos, sin un solo hueco, pienso, y lo digo con admiración: guau, ¿esta persona cuánto podría ganar simplemente liberando espacio? Porque iría a mucha más velocidad, alcanzando cotas más altas con mayor calidad, solamente dejando más espacio en su vida.
Jeroen Sangers: Correcto. Porque alguien que llena este hueco, básicamente, cambia las reuniones de la fundación por un curso que va a hacer, y sigue con este edificio lleno. Solo que ahora la planta nueva te gusta más, y tardas más en darte cuenta de que esta también te aplasta, igual que antes.
Quique Gonzalo: Y ojo, porque esto también tiene una versión doméstica, que yo conozco y reconozco bien. Hay quien ordena su casa entera, tira bolsas y bolsas, se queda con lo que le hace ilusión y, tres meses después, oh, sorpresa, todos los cajones, como por arte de magia, se han vuelto a llenar. Ordenar objetos sin cambiar el criterio con el que compramos no sirve de nada. Con la agenda pasa lo mismo. Vaciar el calendario sin cambiar tu relación con el vacío es perder el tiempo dos veces, tan sencillo como eso.
Jeroen Sangers: Y, entonces, ¿qué tenemos que hacer con ese hueco? ¿Cómo podemos evitar volver a llenarlo de cosas que no aportan?
Quique Gonzalo: Nada, Jeroen, y te lo digo por experiencia propia. Tú ves mi calendario y está, vamos a decirlo entre comillas, bastante vacío cada vez que puedo. Defiendo que esté vacío. Y lo digo con todas las letras porque cuesta, porque sé que ese hueco es donde ocurre lo que no se puede planificar. Esa conversación que de verdad merece la pena y se alarga porque no miras el reloj. Esa idea que aparece cuando dejas de perseguirla: en la ducha, andando por la calle. La tarde del sábado en la que tu hija te pregunta algo y tú tienes cabeza, y cuando digo cabeza digo cabeza de verdad, para dar una respuesta, para escuchar su contrarrespuesta. Eso es la vida.
Jeroen Sangers: Me estoy acordando de una cosa que pasó hace muchísimos años, en uno de mis primeros talleres de productividad. Entre otras cosas había hablado de cómo gestionar tu calendario, y en la pausa vino una chica a verme y me dijo: «Yo tengo un problema, es que no tengo agenda, porque no tengo reuniones ni citas». Y mi respuesta fue intuitiva: no tienes ningún problema. Tú estás justo donde todos queremos estar. Porque cuanto más espacio libre hay en tu agenda, más espacio tienes para improvisar y para hacer más cosas. Y hay algo que la ciencia respalda, aunque suene a frase de sofá: las mejores ideas no llegan cuando aprietas, llegan cuando aflojas. Las ideas pueden venirte en la ducha, paseando, fregando platos. Pero para que estas ideas lleguen, tu cerebro necesita ratos sin tarea para conectar de formas nuevas lo que ya sabe, para hacer estas conexiones entre cosas dispersas. Y si llenas cada minuto, si siempre estás enfocado solo en esta cosa, le estás quitando el taller a las ideas.
Quique Gonzalo: Y, en lo personal, os puedo anticipar que es donde más escuece el calendario lleno. Porque esa conversación de verdad que puedes mantener con tu hijo no cabe en quince minutos entre dos reuniones. Mi hijo no habla cuando yo tengo hueco: habla cuando se siente seguro y, ahora que además acaba de comenzar el colegio, ocurre cuando nota que no tengo prisa. Presencia no es estar, es estar presente sin prisa. Con la tarde llena me es imposible, aunque mi cuerpo esté presente en el sofá con él.
Jeroen Sangers: Y fíjate que esto vale para el trabajo tanto como para casa. El equipo que tiene la agenda al cien por cien no es el más productivo, es el más frágil, porque no queda margen para lo inesperado, que en el trabajo es casi todo. Un hueco en la agenda de un equipo no es tiempo perdido, es capacidad de respuesta.
Quique Gonzalo: Porque la efectividad no consiste en llenar mejor el día, consiste en decidir qué merece ocuparlo. Y eso incluye la decisión de no ocuparlo con nada. Y esto, para quien lidera, es doble responsabilidad, porque tu equipo mira tu calendario, y si tú rellenas cada hueco, el mensaje que cae en cascada es que el hueco está mal visto, y todos empiezan a rellenar por miedo, no por criterio.
Jeroen Sangers: El vacío, cuando lo protege quien manda, se convierte en permiso para todos.
Quique Gonzalo: Y déjame hablarle a la cara a quien nos escucha un segundo, porque sé lo que te está frenando. No es que no sepas dejar el hueco vacío; es que quizá te da miedo lo que van a pensar cuando vean tu calendario con un martes despejado. Que dirán que no haces nada, o pensarán que no eres imprescindible.
Jeroen Sangers: Pero es justo al revés, porque la persona imprescindible no es la que tiene la agenda llena; es la persona que tiene cabeza cuando surge lo que de verdad importa. Quien va a tope no puede ayudarte cuando lo necesites, solo puede decirte: «Mira, no puedo, porque voy a tope». Por lo tanto, una agenda llena no demuestra que eres valioso, demuestra que no has decidido.
Quique Gonzalo: Demuestra que priorizas la cantidad sobre la calidad, y ahí es donde reside el liderazgo. La esencia del liderazgo no es enseñar a tu gente a hacer más, es darles permiso para hacer menos y hacerlo mejor.
Jeroen Sangers: Yo creo que ya no vamos a aportar más, y vamos a resumirlo, vamos a recoger, que ha dado de sí. Sumamos por defecto por tres razones que hoy hemos puesto sobre la mesa: primero, el cerebro no ve la resta; la sociedad no la aplaude; y nuestro yo del pasado la vive como una traición. Y la salida no es un método nuevo: simplemente es hacer un inventario de renuncias con estas tres preguntas honestas que hemos visto. ¿Qué no he echado de menos?, precisamente después de agosto. ¿Qué sigue por inercia? ¿Y qué defiendo solo porque me costó? Y entonces, con este inventario, eliges una renuncia, una sola, le pones fecha y conversación, y el hueco que abras lo dejas abierto, no lo llenes con nada.
Quique Gonzalo: Y de ahí sale el hábito KENSO de esta semana, la frase, para que puedas repetirla mañana sin mirar: antes de decidir qué empiezas, decide qué sueltas. Y esta semana hazlo con las manos. Coge la libreta nueva de septiembre, la que ibas a estrenar con la lista de propósitos, y antes de escribir el primer «empezar con», dedica la primera página a una sola renuncia, la que te ha venido a la cabeza mientras nos escuchabas en el coche, en el gimnasio, dando un paseo; esa que has intentado apartar, pero que ha vuelto a ti. Ponle fecha. Escribe en una línea qué le vas a decir a quien la esperaba de ti. Y no rellenes, como te decía Jeroen, el hueco que deje. Y si esta semana no te ves con la conversación incómoda, haz solo la mitad: nómbrala y ponle la fecha. Simplemente con escribirla en la primera página ya has hecho lo más difícil, que es mirarla a los ojos, mirarla de frente.
Jeroen Sangers: Y si esto que has escuchado hoy te resuena, no solo para ti, sino también para tu equipo, si sientes que en septiembre vuelves a cargar a tu gente con una planta más sobre un edificio que ya cruje, quizás el paso siguiente no sea otra herramienta de productividad ni otra app de tareas. Quizá el siguiente paso sería trabajar primero la efectividad de las personas que van a sostener todo eso. Y nosotros en KENSO llevamos años acompañando a equipos, ayudándoles a decidir qué merece su tiempo y qué no. Y estaremos encantados de contarte cómo si nos escribes a info@kenso.es.
Quique Gonzalo: Y a ti, que has llegado hasta aquí, te dejo con lo mismo que me dije yo delante de aquellas dos opciones, esos dos caminos. La certificación seguirá estando el año que viene. La tarde de mi hijo de tres años, no. Este septiembre, si en esa libreta nueva solo escribes una línea, que sea una renuncia. Y una última cosa, para acabar con una sonrisa. Si tienes una app de idiomas que lleva desde noviembre mandándote avisos con un tono cada vez más pasivo-agresivo, vale que sea de idiomas, vale que sea de meditación, vale que sea de ejercicio físico, lo que tú quieras, tú sabes de cuál te hablo: enhorabuena, ya tienes tu primera renuncia identificada.
Quique Gonzalo: El búho siempre supera estas cosas, los búhos son criaturas resilientes y, además, no pagan tu suscripción. Nos escuchamos muy pronto.
Jeroen Sangers: Chao.
Ya sabes suficiente.
Ahora empieza lo tuyo.
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donde por fin lo aplicas.
Escuchar el episodio es la parte fácil. Lo tuyo empieza el lunes.
En KENSO Círculo lo trabajas con gente que está en lo mismo: minicursos con los que sales con una pieza de tu sistema funcionando, sesiones de enfoque cada semana, un consultorio mensual con tu caso encima de la mesa, y dos clubes donde quien enseña es el grupo. Además, la biblioteca completa y los episodios antes que nadie, sin publicidad.
Entras gratis y decides desde dentro.