No te falta tiempo: te faltan recuerdos
Episodio 431
¿Puedes recordar una sola semana del mayo pasado? No una reunión, no un dato de la agenda. Una semana entera, con su textura, con la luz que había, con algo que la separe de la de abril o de la de junio.
Diciembre pasado. Quique estaba en su mesa cerrando el año, con el calendario abierto para planificar el siguiente. Doce meses delante, casilla por casilla: talleres, propuestas, aviones, reuniones. Un año lleno hasta el borde. Y entró su hijo y le preguntó, sin ninguna maldad: «Papá, ¿qué hicimos este año?». Se quedó en blanco. Y no porque no hubiera hecho nada, al revés: había sido su año más productivo. El más productivo y el que menos huella le dejó.
Ahí está la confusión que casi nadie nombra: tener un año lleno no es lo mismo que tener un año vivido. Puedes cerrar todos los objetivos, facturar lo previsto y entregar cada proyecto, y llegar a diciembre sin nada que contar. Como la hoja de cálculo va bien, no salta ninguna alarma. Nadie audita los recuerdos.
Hoy le damos la vuelta a la queja de siempre. El reloj mide las horas; la memoria mide otra cosa distinta. Y si el año se te ha evaporado, quizás tu problema no sea de gestión del tiempo.
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Índice del programa
(00:06) ¿Año lleno o año vivido? El dilema invisible
(02:07) Por qué los años se sienten más cortos: la proporción
(06:40) El reloj y la memoria no miden lo mismo
(08:05) Anotar lo que merece la pena recordar
(13:47) El poder de la novedad para alargar la vida
(20:10) Sentir más, no hacer más: sustituir en vez de sumar
(26:34) Rutinas que apagan o iluminan a un equipo
(34:40) Hábito KENSO de la semana: dale a cada semana algo irrepetible
(37:41) ¡Nos escuchamos muy pronto!
Recursos mencionados
Time Warped: Unlocking the Mysteries of Time Perception de Claudia Hammond | Amazon
La montaña mágica de Thomas Mann | Amazon
The distribution of autobiographical memories across the lifespan de David Rubin y Matthew Schulkind | Memory & Cognition
Attention and the subjective expansion of time de Peter Tse, James Intriligator, Josée Rivest y Patrick Cavanagh | Attention, Perception & Psychophysics
Principios de psicología de William James | Wikipedia
Atrapado en el tiempo de Harold Ramis | Wikipedia
Time de Pink Floyd, del álbum «The Dark Side of the Moon» | Spotify
Episodio 386: No todas las opiniones son respetables con José Antonio Marina | KENSO
Episodio 377: Pedro Ruiz sobre el arte de mantenerse vivo | KENSO
Formación para empresas | KENSO
Cursos online | KENSO
Coaching personal | KENSO
Y la música de KENSO gratis para Podcasts y YouTube | Uppbeat
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Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí. Disculpa, si lees algún error en la transcripción.
Quique Gonzalo: ¿Puedes recordar una sola semana del mayo pasado? No te pregunto por una reunión, no por un dato de la agenda, no por una actividad. Te pregunto por una semana entera, con su textura, la luz que había, algo que la separe de la de abril o de la de junio. Te lo pregunto porque a mí me pasó una cosa el diciembre pasado de la que no me he podido librar. Estaba en mi mesa, cerrando el año, preparando mi palabra de 2026, con ese calendario abierto para planificar lo siguiente. Doce meses delante, casilla por casilla: talleres, propuestas, aviones, reuniones. Un año lleno hasta el borde. Y entró Yago y me preguntó, sin ninguna maldad: papá, ¿qué hicimos este año? Me quedé en blanco. Y no porque no hubiera hecho nada, al revés: había sido un año productivo a todos los niveles, fue el año más productivo y el que, quizá, tengo que decir que menos huella me dejó en cierto modo. Ahí entendí que llevaba tiempo confundiendo dos cosas que no son la misma: tener un año lleno y tener un año vivido. Y luego te contaré lo que le enseñé a mi hijo Yago.
Jeroen Sangers: Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubrirás cómo vivir con efectividad para ser más feliz. Y hoy vamos a pasar por algo que casi nadie nombra y que todo el mundo siente al llegar diciembre: esa sensación de que el año se ha ido a una velocidad que no encaja con lo mucho que lo llenaste. Y traemos una idea que le da la vuelta a la queja de siempre, y la queja es «no tengo tiempo». Lo que vamos a defender hoy es que quizás tu problema no sea de tiempo. Soy Jeroen Sangers, aprendiz en distinguir un calendario eficiente de una vida que se recuerda.
Quique Gonzalo: Y yo soy Quique Gonzalo, aprendiz en llenar la agenda hasta el borde y descubrir en diciembre que, sin darme cuenta, había vaciado el año.
Jeroen Sangers: Me gusta esa frase. Empezamos por el fondo, por el inicio, porque esto no es una anécdota tuya, es un patrón. Hay un dato que a mí me dejó dándole vueltas. Cuando le preguntas a alguien de cincuenta años por qué siente que los años pasan más deprisa que a los veinte, casi todos responden lo mismo: pues será la edad. Y hay una explicación mejor que la edad. La propuso un filósofo francés del siglo XIX, Paul Janet, y la recogió después William James en sus «Principios de psicología», también en el siglo XIX ya. La clave es que se trata de una proporción, porque para quien tiene diez años un año es la décima parte de todo lo que ha vivido, pero para quien tiene cincuenta ese mismo año es una cincuentava parte. El año dura lo mismo en un reloj, pero pesa mucho menos en la experiencia.
Quique Gonzalo: Interesante. No es que el tiempo corra, es que cada año nuevo ocupa una porción más pequeña del total del que ya llevamos a la espalda.
Jeroen Sangers: Y hay una forma de verlo que a mí me heló. Piensa en un verano de tu infancia, de estos de cuando tenías seis o siete años. Seguramente recuerdas que julio y agosto duraban un siglo, que había mil tardes distintas, y que el mes de septiembre no llegaba nunca. Y ahora piensa en el agosto pasado. ¿Cuánto duró? Pues nada, un pestañeo. El mes tenía los mismos treinta y un días. El que había cambiado eres tú. Esa es la diferencia.
Quique Gonzalo: Y lo curioso es que de niños no hacíamos nada para que durase, duraba solo. El primer mar, la primera vez sin ruedines, el primer amigo del pueblo. Todo era estreno, el tiempo se estiraba sin pedirte permiso. De adulto, en cambio, te lo tienes que ganar, y casi nadie te avisa de eso.
Jeroen Sangers: Sí, y si estás liderando un equipo lo tienes aún peor, porque vives dentro de una creencia que nadie discute: que un año productivo es un buen año. Lo medimos en objetivos cerrados, en facturación, en proyectos entregados, y esas métricas pueden estar todas en verde mientras tu memoria del año está en blanco.
Quique Gonzalo: Me gusta eso, porque creo que es esa trampa tan sutil, tan perfecta, en la que podemos haber tenido un año excelente, que la hoja de cálculo aparezca todo, como decías, en verde, y sin embargo, y al mismo tiempo, para la misma persona, un año pobre en nuestra biografía. Y como la hoja de cálculo va bien, no nos salta ninguna alarma. Nadie audita los recuerdos. No existe un informe trimestral de vida vivida.
Jeroen Sangers: Y esa es la primera capa. Pero hay una segunda, y esta ya no depende tanto de la edad, depende de ti. Y aquí es donde el asunto se pone interesante para quien lidera un equipo, una familia, y vive con la agenda a reventar.
Quique Gonzalo: Cuéntame, cuéntame, que lo has dejado ahí, porque eso de la proporción me consuela poco. Me dices que esto es inevitable, me estás diciendo que me rinda.
Jeroen Sangers: No, no es inevitable, y esta yo creo que es la buena noticia de este episodio, porque la segunda capa la explica una psicóloga británica, Claudia Hammond, en un libro que se llama «Time Warped», es del año 2012 ya, y ella le puso nombre a algo que todos hemos vivido: la paradoja vacacional. Te lo explico, piénsalo. Una semana de vacaciones llena de cosas nuevas se te pasa volando mientras la estás viviendo. Y sin embargo, cuando la recuerdas meses después, te parece larguísima, densa, llena. Y en cambio, una semana normal de trabajo se te hace eterna el miércoles a las seis de la tarde y quieres que ya llegue el viernes por la tarde, pero cuando la buscas en tu memoria tres meses después no encuentras nada. O sea, se ha esfumado.
Quique Gonzalo: Vamos a parar aquí, porque esto es importante. Nos estás diciendo que el reloj y la memoria no miden lo mismo.
Jeroen Sangers: Efectivamente, no miden lo mismo, y esa es la llave de todo lo que viene hoy. El reloj mide las horas, la memoria mide otra cosa distinta: mide cuántos recuerdos nuevos has creado. Lo repito: el reloj mide las horas y la memoria mide la vida.
Quique Gonzalo: Entonces, cuando llegamos a diciembre y sentimos que el año se ha evaporado, en el fondo no estamos midiendo nuestras horas, porque las horas están todas ahí. Las trabajamos, las vivimos, las ocupamos una por una. Lo que medimos son nuestros recuerdos, y si tengo pocos, por eso algunos, ante la pregunta de sus hijos en diciembre, se pueden quedar en blanco. No es que no tuvieras horas que contarle, es que quizá no tenías recuerdos que merecieran la pena contar.
Jeroen Sangers: Sí, y ahí está la frase que me parece el corazón de todo esto, y que hemos puesto como título de este episodio: no te falta tiempo, sino que te faltan recuerdos. Cuando alguien de tu equipo o tú mismo dice «este año se me ha pasado sin enterarme», no está describiendo un problema de gestión del tiempo o de gestión de tareas. Esa persona está describiendo un año pobre en experiencias nuevas, y eso yo creo que sí se puede cambiar.
Quique Gonzalo: Y déjame anticipar, Jeroen, un poco una herramienta, que es con la que yo le contesté a Yago. En mi caso, desde hace más de seis años, cada semana, cuando termina, junto con Zaira, mi mujer, llenamos en la aplicación de notas, que todos tenéis una aplicación de notas en el móvil, en el ordenador, llenamos una carpeta que se llama «todas las cosas para recordar», y apuntamos todas las cosas que han merecido la pena ser vividas. Por ejemplo, hoy es 14 de septiembre, este fin de semana pasado se casó mi hermano y, entonces, ayer domingo la fuimos rellenando mientras volvíamos en el tren. Entonces, ¿qué apuntamos? Pues apuntamos que estábamos especialmente felices, el cómo estaban los amigos, el primer «¡vivan los novios!» que a la salida de la iglesia lo dijo Gabo gritando, o cosas divertidas, como que Gabo se puso a llorar porque, cuando la gente estaba comulgando, él también quería merendar y estaba frustrado porque no le dejaban merendar. Todo eso es lo que, cuando llegue el 31 de diciembre, podré revisar con él, o cuando me lo pida, o muchas veces cuando necesitas un chute de energía, recordar todas aquellas cosas que merecieron la pena ser recordadas. Entonces, lo que vamos a compartir es que entendáis muy bien cómo funciona ese mecanismo, el mecanismo de por qué la rutina borra el tiempo y la novedad lo llena, porque si lo entendemos lo podemos cambiar, y si no, nos vamos a quedar viviendo en la queja.
Jeroen Sangers: Pues, como siempre, empezamos desde la ciencia. Hay un hallazgo de la psicología de la memoria que yo creo que lo explica muy bien. Dos investigadores, David Rubin y Matthew Schulkind, estudiaron algo que se llama el pico de reminiscencia. Y si le pides a una persona mayor de cuarenta años que recuerde los momentos más vivos de su vida, no los reparte por igual entre todas sus décadas. Se le concentran en una franja, entre los quince y los treinta años.
Quique Gonzalo: Que entiendo que es cuando suceden las primeras veces.
Jeroen Sangers: Que es cuando pasa casi todo por primera vez. Primer trabajo, primer amor, la primera ciudad en la que vives solo, el primer viaje que organizas tú. Y después de los treinta, para mucha gente, la vida entra en una repetición más cómoda, y el cerebro, que no es tonto, pues deja de grabar lo que ya conoce, porque si no hay novedad no hay nada interesante que guardar.
Quique Gonzalo: Y, de hecho, esto explica algunas cosas que a veces no entendemos. Quizá soy capaz de recordar muy bien el primer taller que impartí contigo, Jeroen, hace años en la EOI para la Fundación 11, fíjate, con detalles casi absurdos: la ropa que llevábamos, el nombre de la persona que estaba justo a nuestro lado, Antonio, lo que desayunamos ese día. Y, sin embargo, soy incapaz de reconstruir el taller número 427, que incluso puede que fuera mucho mejor, que lo hicimos mejor, y no lo recuerdo, porque el primero, como tú nos has explicado, entra en ese territorio virgen donde se puede pintar en ese lienzo en blanco, y el cerebro anotó todo. El 423 ya era casa conocida, y la casa conocida, aunque tenga cosas buenas, ya no se fotografía de la misma manera.
Jeroen Sangers: Sí, y esa metáfora me gusta porque, últimamente, Quique, ¿cuántas fotos has hecho de tu casa? No lo hacemos, no lo hacemos. Y le ocurre a cualquiera con su trabajo también. La primera reunión de dirección la recuerdas con nervios, con la silla, con quién te miró raro. La del martes pasado ya no. No porque fuera peor, sino porque tu cabeza decidió que no valía la pena guardar otra copia de algo que ya tenía archivado, porque guardar cuesta energía. Y el cerebro es un administrador tacaño: se queda con lo nuevo y tira lo repetido a la papelera sin avisarte.
Quique Gonzalo: Sí, que el problema no es que hagamos demasiadas cosas.
Jeroen Sangers: ¿No? No, no.
Quique Gonzalo: No, no, no. El problema es que las hacemos siempre iguales, y lo que se repite el cerebro deja de grabarlo. No lo guarda como recuerdo nuevo, lo archiva encima del anterior. Por eso doscientas reuniones parecidas no dejan doscientos recuerdos, dejan uno borroso con el nombre genérico de «reuniones». Y por eso un año de semanas calcadas se recuerda como una sola semana.
Jeroen Sangers: Y hay incluso un experimento que mide esto en pequeño. En el año 2004 un grupo de investigadores, Tse, Intriligator, Rivest y Cavanagh, describió lo que se llama el efecto de lo insólito. Si te enseñan una serie de imágenes iguales y de repente aparece una distinta, tu cerebro percibe que esa imagen distinta ha durado más en pantalla que las otras, aunque haya durado exactamente lo mismo. Lo nuevo se percibe como más largo, lo repetido se encoge.
Quique Gonzalo: Así que el laboratorio confirma lo que la vida nos grita: que lo distinto se agranda y lo igual se encoge. Y esto, en lugar de deprimirme, a mí, personalmente, me aporta esperanza, porque me quita el problema de encima del reloj y me lo pone aquí, en las manos.
Jeroen Sangers: Y ahí creo que está el giro que a mí me parece liberador. Si el tiempo se acortara solo por la edad, y esto tú y yo, Quique, estamos llegando aquí cada vez a años más cortos, no habría nada que hacer, a rendirse tocan. Pero si se acorta por falta de novedad, y la novedad sí depende de ti, porque no puedes comprar más horas, pero sí puedes fabricar más recuerdos, y estos salen casi gratis.
Quique Gonzalo: Fíjate lo que acabas de decir, porque es hermoso y terrible a la vez. Porque significa que el propio cerebro nos está dando la receta. ¿Quieres que un día dure más en tu memoria? Incluye algo que no estuviera ayer. Y ahora viene la parte incómoda, la que va contra todo lo que nos enseñan sobre productividad.
Jeroen Sangers: Dila, dila, Quique.
Quique Gonzalo: Y es que nosotros, los que vivimos de la efectividad, nos hemos pasado años optimizando justo lo contrario. Automatizamos la mañana para no pensarla, estandarizamos las reuniones para que sean iguales, encadenamos semanas idénticas porque son cómodas, porque rinden, porque no hay que decidir nada, funcionan, va fluido. Lo que sucede es que cada una de esas decisiones, que en el día parece un acierto, en el año se convierte en una amnesia. Cuanto más exprimes la agenda, más rápido se te evapora el año.
Jeroen Sangers: Espera, que aquí yo creo que hay algo importante que acabas de decir, porque acabas de decir algo que choca de frente con lo que hemos estado explicando durante años. Siempre hemos defendido el valor de las rutinas, hemos ayudado a gente a crear sistemas que producen cada día exactamente lo mismo, y ahora resulta que la rutina es el enemigo.
Quique Gonzalo: No, y me alegro de que lo pongas encima de la mesa, porque el matiz que salva el episodio es el que vamos a compartir ahora. La rutina, muy lejos de ser el enemigo, es una herramienta maravillosa para las cosas que, entre comillas, no quieres recordar. Jeroen, ¿tú quieres tener un recuerdo vivo de cómo te cepillas los dientes?
Jeroen Sangers: No me importa mucho.
Quique Gonzalo: Pues entonces lo podemos automatizar, y cuanto más al fondo lo llevemos, mejor, porque el problema no es tener rutinas. El problema es que la rutina se coma también aquello que sí querías vivir. La rutina no ahorra tiempo, lo vuelve invisible, y cuando lo invisible se traga tu año entero, llegas a diciembre con la sensación de las manos vacías.
Jeroen Sangers: Y esto tiene una versión cultural que lo toca también. Hay una película que yo creo que ya alguna vez hemos mencionado en este podcast, es del año 93 ya, se llama «Atrapado en el tiempo», la de Bill Murray, que vive el mismo día una y otra vez, el día de la marmota. Y lo que da miedo de esa historia no es el sufrimiento, es la repetición idéntica. El infierno que retrata la película es un día perfecto que se repite sin dejar rastro. Y muchas personas con una vida cómoda están viviendo una versión suave de eso sin verlo.
Quique Gonzalo: Y hay una novela que lo cuenta desde dentro, una novela tan maravillosa como densa y compleja a veces de leer, que es «La montaña mágica», de Thomas Mann. En casa la tengo, y tengo a alguien en mi casa que ha intentado empezar a leerla cinco veces y ha llegado hasta la página 90. No pasa nada, en algún momento se conseguirá. El protagonista sube a un sanatorio en los Alpes para pasar tres semanas y acaba quedándose siete años, y Thomas Mann describe con una precisión que asusta cómo, cuando los días se vuelven todos iguales, el tiempo se contrae, los meses se funden unos con otros y un año entero cabe en un suspiro. Un lugar sin acontecimientos. Y, como él dice al final, un lugar sin acontecimientos lo que hace es que el tiempo casi desaparezca.
Jeroen Sangers: Y luego está Pink Floyd, claro, que aquí tenemos que poner.
Quique Gonzalo: Que salir aquí. Hemos ido a por la del cine, a por la de la literatura y a por la musical, y no podrían ser tres mejores, Jeroen. También hay que decirlo.
Jeroen Sangers: No, no, no. La canción de la que estoy hablando es «Time», del álbum que todos conocemos o deberíamos conocer.
Quique Gonzalo: Voy a hacer aquí un inciso, perdonad, vamos a contaros una intimidad. Teníamos tres anécdotas para meter, nos gustaban tanto las tres que dijimos: ¿con cuál nos decidimos? No había consenso, dijimos: pues las tres. Así que para que veáis cómo funciona este podcast.
Jeroen Sangers: Sí, sí. Fue esto. El álbum «The Dark Side of the Moon», un clásico. Toda la canción «Time» es esa sensación de que dejas correr los días pensando que ya vivirás más adelante. Y un día levantas la cabeza y descubres que se te han quedado diez años atrás sin que te dieras cuenta. Cincuenta años después seguimos poniéndola porque nadie lo ha hecho mejor.
Quique Gonzalo: Y fíjate que las tres, la película, la novela y la canción, hablan de lo mismo: personas que están perdiendo su vida sin dolor, sin drama, con una agenda perfecta, incluso. Pero eso es tan difícil de ver que nos cuesta. El burnout, es decir, el estar quemados de tanto estrés, duele, y como nos duele lo atendemos, le prestamos atención para que no duela. ¿Qué es lo que sucede? Que esto que hoy os estamos contando, al contrario, no duele. Esto solo nos vacía, y lo notamos un martes de diciembre, cuando tu hijo te suelta esa pregunta de la aparente nada.
Jeroen Sangers: Y aquí quiero que paremos un segundo por quien nos escucha. Porque, mientras oyes esto, es probable que estés intentando reconstruir qué hiciste el mes pasado, o en mayo, como hemos lanzado al inicio, y que te esté costando. Pues quédate un momento con esa dificultad, no la apartes, porque no es un fallo de tu memoria. Simplemente, ese fallo de memoria es una radiografía de tu último mes, y la buena noticia es que el mes que viene lo escribes tú.
Quique Gonzalo: Eso, me encanta, siempre desde el lado positivo, Jeroen, porque la salida no es la que vende la mitad del sector, que es «aprende a exprimir mejor el día para que te quepa más». Ya sabéis, quienes estáis aquí, que ni en el liderazgo ni en la comunicación ni en la productividad, en todo eso que en KENSO trabajamos con las empresas, no es donde ponemos el foco. Eso es acelerar el coche cuando el problema es que vas por la carretera equivocada. Nuestro camino es otro: no vives más despacio haciendo menos, sino sintiendo más.
Jeroen Sangers: Explícalo, porque «sentir más» suena bonito y no se puede poner en la agenda del lunes. ¿Cómo se hace esto?
Quique Gonzalo: Me encanta, porque tienes toda la razón, Jeroen. Siempre me cuesta a veces ser más específico, realista, bajado a la tierra. Ya sabéis que mi parte amarilla es lo que tiene. Así que vamos a intentar concretar un poco más. Sentir más, y cuando digo sentir más me refiero a sembrar, me refiero a propósito, me refiero a generar acontecimientos que tu cerebro deba grabar como nuevos. Y ojo, no hace falta que sean ni grandes ni caros ni excepcionales, porque probablemente te acuerdes de lo que hiciste el mes pasado porque eran tus vacaciones de verano. Pero ¿sabes qué sucede? Que eso sucede una vez cada once meses. Así que no hace falta que sea excepcional, hace falta que sea distinto, diferente. Por ejemplo, comer con alguien a quien llevas dos años diciéndole «tenemos que vernos». Una reunión de equipo hecha andando por la calle en lugar de sentados en la sala de siempre.
Quique Gonzalo: Elegir un camino distinto para volver a casa, escuchar canciones nuevas mientras estás haciendo deporte, no tus listas de siempre. Un viernes en el que cierras el portátil dos horas antes y no te pones a recuperarlas el domingo por la tarde. Cada una de esas cosas es un ancla, y al final del año tu memoria no cuenta horas, cuenta anclas.
Jeroen Sangers: Suena muy bien, pero también me suena como mucho trabajo. Yo creo que aquí te voy a hacer un poco el abogado del diablo, porque quien escucha lo estará pensando ya: bueno, pues muy bien, muy bonito, Quique, pero yo no tengo hueco ni para comer. Entonces, ¿de dónde saco el rato para inventarme experiencias nuevas?
Quique Gonzalo: Bueno, pregunta correcta, respuesta incómoda. ¿Te parece bien, Jeroen? Siempre. Ya lo hablábamos en el capítulo anterior, porque creo que esto es clave. No se trata de añadir, se trata de sustituir. No te pido que metas una hora más en tu día, que ya está a reventar. Te pido que cojas una de las cuarenta horas que vas a olvidar de todos modos y la conviertas en una que vayas a recordar. La reunión de los lunes la vas a tener igual. Oye, pues hazla caminando por el pasillo de la oficina, o hazla de pie. No te va a costar ni un minuto extra, pero hay algo ya distinto, hay algo diferente.
Quique Gonzalo: Lo que nos cuesta es decidir, lo que nos cuesta a veces es salirnos del carril preestablecido.
Jeroen Sangers: O sea, no es un problema de agenda, sino simplemente un problema de atreverse a romper un molde.
Quique Gonzalo: Claro. Y el otro día estaba escuchando a una persona que fue uno de los altos directivos de Inditex, y el consejo que le daba a sus hijos era: poneos siempre en primera línea, en primera línea de la vida, de hacer las cosas, de marcar la diferencia. Y es justo eso, porque la novedad no reclama más minutos, reclama más presencia, atrevernos. Y aunque la presencia da un poco de vértigo, hay que entender algo, porque vivir en automático es cómodo y decidir cansa. Pero ahí es donde se encuentra toda la diferencia entre un año que te pasa por encima y un año que habitas.
Jeroen Sangers: Y para que no suene abstracto, Quique, por favor, dame un ejemplo tuyo de este año, algo que hicieras distinto y que sí todavía hoy en día recuerdas.
Quique Gonzalo: Mira, un día que me marcó, un día cualquiera de la semana, tenía que ser entre un lunes y un viernes, porque fui a recoger a Yago y a meternos en esa rutina de la tarde, de las cosas que ya hacías un poco: oye, vamos al parque, merendamos juntos, preparamos luego el volver a casa, la ducha, la cena, jugar, leer, que es genial, es genial. Pero hice otra cosa distinta. A Yago le encanta todo lo que tiene que ver con cosas enormes, gigantes, a motor. Pues simplemente lo llevé a ver cómo aterrizan los aviones. Y nos sentamos aquí a las afueras de Madrid, cerca de un sitio donde trabajaba mi padre, que entonces yo lo conocía de hace años porque me llevaba mi padre, y nos sentamos cerca del aeropuerto simplemente a que viera cómo pasaban los aviones. Una hora. O sea, no preparé nada, no fue nada especial, simplemente llevarlo. Y lo recuerdo con nitidez, y él lo recuerda todavía de manera más profunda. Sin embargo, esa hora la recuerdo mucho más clara, mucho más precisa, con muchos más detalles de olores, de lo que sonaba, que quizás semanas enteras de trabajo.
Quique Gonzalo: Y por eso todavía lo menciona, porque fue una hora, vamos a decirlo así, Jeroen, barata contra un mes caro, y ganó la hora barata. Fíjate que, al final, el salir de esas rutinas que luego se dispersan y se borran, simplemente con dar ese salto y buscar una hora que marque la diferencia.
Jeroen Sangers: No es tanto buscar una hora, es reubicar una hora, porque esa hora existía igual, ibas a pasarla con tu hijo igualmente, no le has robado tiempo a nadie ni a nada. Solo has cambiado el uso de una hora que de otro modo se habría fundido con las demás, en la que te lo habrías pasado bien, pero no tan bien como esta hora.
Quique Gonzalo: Correcto. Y lo mismo, para mí, lo podemos aplicar al trabajo. Tenemos, Jeroen, momentos en los que, a lo mejor, hemos sacado a un equipo de una formación de la sala y hemos tenido la formación con ellos en un parque que había justo al lado. Y entonces se pudieron abrir para hablar de lo que de verdad les preocupaba. Yo creo que lo recuerdas muy bien, ¿verdad, Jeroen? Todas esas personas hicieron cosas que jamás antes habían hecho. Y todo fue porque sacamos de contexto algo, que es ese cerebro que estaba en esa sala, que estaba enfocado todo en el trabajo, y cuando les sacas simplemente a cincuenta metros, que había un parque maravilloso en sus instalaciones, les ayudó a que vieran la vida de otra manera. Y te lo recuerdan y nosotros lo recordamos. Y entonces el cerebro dice: esto sí me lo apunto, esto sí me lo tatúo, esto sí que me lo guardo.
Jeroen Sangers: Y eso conecta con lo que me parece el punto ciego de las personas que dirigen equipos o dirigen una familia. Porque quien lidera un equipo no solo se hace esto a sí mismo, se lo hace al equipo. Si tienes cincuenta semanas iguales, con las mismas reuniones, con las mismas rutinas, el mismo orden del día, el mismo ritual sin sorpresa, y luego nos preguntamos por qué la gente llega a diciembre agotada y con la sensación de no haber avanzado, de estar estancada, aunque los números, el Excel, claramente digan que están en verde y que hemos avanzado.
Quique Gonzalo: Me encanta esta reflexión. Es que, al final, es que entendamos que el piloto automático, como decía antes, es cómodo para el día a día. Lo que sucede es que también es demoledor para el año. El equipo, o sea, preguntádselo la última semana antes de iros de vacaciones. Simplemente, ese equipo que no recuerda su año no es un equipo que haya trabajado poco, es un equipo que ha trabajado en gris. Y un equipo en gris no se retiene dejando fruta en la oficina o con beneficios sociales. Se retiene dándole un año que merezca la pena ser recordado.
Jeroen Sangers: Y no es teoría. Yo me acuerdo de una clienta de coaching, una directora que me contó que llevaba tres años en un mismo puesto y que no sabía separar un año del otro, que los tres se habían fundido en uno. Tenía buenos resultados, un ascenso incluso, y una sensación rara de estar viendo su propia vida desde la ventanilla de un tren que pasaba. Y lo único que propuso ella fue algo mínimo, que a nivel de mes cambia una reunión de seguimiento por una conversación distinta con alguien del equipo. Simplemente, que fuera con esa persona sin guion, sin pantalla, sin acta. Ya está. Sorpréndenos, sorpréndenos. Pues pasó algo que no nos esperábamos, porque no solo mejoró su recuerdo del año, también mejoró su vínculo con el equipo, porque esas personas dejaron de ser casillas uniformes y volvieron a tener nombre y biografía e historia.
Jeroen Sangers: Por ejemplo, simplemente, son doce conversaciones distintas en un año que dejan doce recuerdos. Doce reuniones calcadas no dejan ninguna.
Quique Gonzalo: Y ahí se encuentra el puente con lo que nosotros hacemos, porque cuando una empresa nos llama casi nunca dice «mi equipo no recuerda el año», ¿verdad? Ese no es el problema. Dice: mi equipo está quemado, se me está yendo la gente. Lo que sucede es que debajo, muchas veces, lo que nos encontramos es personas que llevan años en gris ejecutando semanas idénticas, sin un solo acontecimiento que les haga sentir que ese tiempo fue suyo y no un calendario ajeno.
Jeroen Sangers: Sí, y aquí está la doble cara de todo esto, que es lo que a mí personalmente más me interesa. Lo que sirve para tu equipo sirve idéntico para tu casa. El hijo que crece y del que un día no sabes recuperar un solo momento distinto del último trimestre, o la pareja con la que llevas dos años y con la que las semanas se han vuelto una sola semana repetida. Y todo esto no es falta de amor, simplemente es falta de novedad. Es el mismo mecanismo en la oficina y en el salón de tu casa o con tus amigos.
Quique Gonzalo: Sí. De hecho, ahora que lo mencionas, Jeroen, esto es muy importante para el tema de la familia, recuerdo. En el capítulo 386 entrevistamos a José Antonio Marina, el filósofo, y una de las cosas que más recuerdo, fíjate, al final, como en todas las entrevistas, hay cosas que se te quedan grabadas. Recuerdo una cosa que dijo, que era entender cómo la definición del amor a lo largo de la vida de una pareja iba mutando, y que tú la enriquecías. Esto es lo que tú nos acabas de compartir, y creo que es muy importante saber cuidar a la gente a la que quieres. A mí, por eso, este tema me toca hondo, porque hay años en los que parece que esa vida conyugal o esa vida con la gente a la que quieres la vas dejando ir. Y lo hilo con otra cosa que me dijo Pedro Ruiz, a quien entrevistamos en el podcast. Yo le preguntaba en un momento, esto me parece que no está en la entrevista, pero lo hablamos él y yo después. Le dije: ¿por qué te tiras todos los días? Se tira todos los días a la piscina, todos los días hace un mortal y se tira.
Quique Gonzalo: Dice: porque mi madre, Quique, me dijo una cosa, y es que lo que tú abandonas te acaba abandonando, y eso no vuelve.
Jeroen Sangers: Me gusta que también lo digas sin culpa, que yo creo que es lo importante. Porque la culpa es otra trampa. No se trata de flagelarse por el año que se fue, que has perdido, porque no lo vas a recuperar, sino que se trata, yo creo, de entender el mecanismo para que el año que viene sea distinto, o el mes que viene, o la semana que viene. Porque la memoria no es un juicio sobre lo que has hecho en el pasado, simplemente es un mapa de dónde estuviste presente.
Quique Gonzalo: Claro. Y eso tiene algo poderoso, y es que nos consuela y nos ordena a la vez. Porque no es que viviéramos mal ese año, sino que a lo mejor lo vivimos ausentes, que no es lo mismo. Estábamos en todas partes sin estar en ninguna, y eso es lo que nos piden nuestros hijos, nuestras parejas, nuestros equipos. Nos piden un líder, un padre, una pareja, un amigo con el que recordar el año. Entonces, lo que buscan es una persona presente, no una persona eficiente.
Jeroen Sangers: Y esa distinción, yo creo que presente contra eficiente, sirve igual para el despacho. Tu equipo no te necesita más eficiente, te necesita más presente. Y lo segundo, la presencia, deja recuerdos; lo primero solo deja el Excel en verde.
Quique Gonzalo: Claro, porque presente, no eficiente. Esa podría ser la frase que resuma el episodio entero de todo esto.
Jeroen Sangers: Pues vamos a resumirlo un poco más amplio, pero a nivel de esencia, antes del hábito. Primero, el reloj y la memoria no miden lo mismo, y lo que se te escapa en diciembre no son horas, son recuerdos. Lo segundo que hemos visto es que el cerebro solo graba lo nuevo, así que las semanas calcadas se funden en una sola y desaparecen de tu memoria. Lo tercero que hemos visto es, y este es el giro que nos incomoda, que la cultura de optimizarlo todo, que también nos funciona en el día, es la que nos vacía el año. Y la cuarta cosa que hemos visto es que la salida no es hacer menos ni correr más, sino simplemente meter novedad a propósito en el trabajo y en casa.
Quique Gonzalo: Y de ahí sale el hábito de esta semana. La frase es corta para que la puedas repetir mañana teniéndola presente, y es: dale a cada semana algo que la haga irrepetible. Y la práctica es esta: el domingo, cuando planifiques la semana, antes de llenarla de tareas, simplemente reserva una sola casilla, un solo hueco, para algo que no puedas confundir con otro momento. Y no te pido siete, te pido uno. No hace falta que montes un proyecto, uno. Si tienes margen, pues que sea con otra persona, porque los recuerdos compartidos se graban con más fuerza. Y si no tienes margen esta semana, que sea algo pequeño: un almuerzo fuera, una llamada que llevas posponiendo, una tarde sin pantalla. Al final de la semana te vas a acordar de ese momento por encima de las otras cuarenta horas, y al final del año vas a tener cincuenta y dos anclas en lugar de un borrón. Tú ya sabes que yo llevo muchos años haciéndolo, te lo he compartido con todas aquellas cosas para recordar. Y este diciembre, cuando mi hijo me vuelva a hacer esa pregunta, ya sabes, le volveré a presentar todas las cosas para recordar.
Jeroen Sangers: Y un añadido para quien lidera un equipo, porque el hábito escala. Haz lo mismo con tu gente. Una vez por semana, algo que rompa el molde: una comida juntos, una sesión fuera de las cuatro paredes de siempre, un reconocimiento que no sea otro correo. No es perder una hora de productividad, es simplemente sembrar el único recuerdo que esa semana va a dejar en el equipo.
Quique Gonzalo: Y si nos escuchas y piensas «esto en mi equipo es imposible porque vamos a tope», que sé que alguno lo está escuchando, te devuelvo la pregunta del principio. Dentro de un año, cuando mires atrás, ¿qué preferirías que recordara tu gente de este trimestre? ¿Las cifras o el día que hiciste algo que mereció la pena contar en casa? Porque una de las dos se va a borrar, y no va a ser la que crees, y una de las dos es la que va a hacer que tengas un equipo comprometido, con ganas de seguirte, con ganas de sumar. ¿No sabes cuál va a ser cada una de ellas?
Jeroen Sangers: Y si lo que has escuchado hoy te resuena no solo para ti, sino para tu equipo, si sientes que la gente llega a fin de año agotada y con la sensación de no haber vivido nada, aunque los resultados digan lo contrario, pues quizás el paso siguiente no sea otro plan de incentivos ni otra herramienta. Quizás sea trabajar primero la efectividad de las personas que van a habitar este año y no solo a ejecutarlo. En esto llevamos años trabajando con equipos en KENSO y estaremos encantados, como siempre, de contarte cómo lo hacemos. Si estás interesado, escríbenos a info@kenso.es.
Quique Gonzalo: Porque un equipo, igual que una vida, no se mide por lo lleno que estuvo su calendario, se mide por lo que recordará de él, y eso, a diferencia del tiempo, sí lo puedes decidir tú. Muchas gracias, como siempre, por acompañarnos hasta aquí, y esta semana ya lo sabes: dale a cada día algo que puedas hacer para que se convierta en un día distinto. Nos escuchamos pronto.
Jeroen Sangers: Chao.
Ya sabes suficiente.
Ahora empieza lo tuyo.
El Círculo es la comunidad de KENSO
donde por fin lo aplicas.
Escuchar el episodio es la parte fácil. Lo tuyo empieza el lunes.
En KENSO Círculo lo trabajas con gente que está en lo mismo: minicursos con los que sales con una pieza de tu sistema funcionando, sesiones de enfoque cada semana, un consultorio mensual con tu caso encima de la mesa, y dos clubes donde quien enseña es el grupo. Además, la biblioteca completa y los episodios antes que nadie, sin publicidad.
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