Entrena tu cerebro: neurociencia aplicada con Ana Ibáñez

Ana Ibáñez

Episodio 354

¿Cuántas veces has sentido que tu mente te confina en patrones mientras anhelas la libertad de reinventarte?

Ese es el tema principal del programa de esta semana, donde aprenderás cómo la curiosidad se puede convertir en el motor más poderoso para transformar tu cerebro y conquistar esa libertad interior que tanto buscas de la mano de Ana Ibáñez.

Ana es una revolucionaria de la mente. Como especialista en neurociencia aplicada y fundadora de Mindstudio, ha desafiado las convenciones al demostrar que podemos entrenar nuestro cerebro con la misma precisión con que entrenamos nuestros músculos.

Lo fascinante es que este conocimiento nació de su propia necesidad vital. A los 3 años, se enfrentó un cáncer que, lejos de limitarla, encendió en ella una extraordinaria sed de vida que la acompaña hasta hoy. Su trayectoria refleja esa misma ruptura de límites. Ingeniera química, piloto de helicópteros, construyó un hotel en soledad de la Patagonia chilena y, finalmente, científica que transforma cada día la vida de personas atrapadas en jaulas mentales.

En su libro «Sorprenda tu mente», y a través de Mindstudio, Ana nos invita a redescubrir esa plasticidad cerebral que tuvimos de niños, pero que fuimos perdiendo.

 

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Índice de la entrevista

  • (01:31) Reencuentro con Ana: sorpresas del último año

  • (07:05) Propósito de Ana y su significado

  • (13:10) Importancia del cambio y la sorpresa

  • (19:57) Concepto de belleza mental

  • (23:46) Cerebros infantiles versus adultos

  • (34:22) Tipos de cansancio y descanso

  • (37:51) Estrés controlado: importancia y ejemplos

  • (44:15) Perfección versus realidad en la planificación

  • (54:23) Miedos y su impacto en nuestros objetivos

  • (57:00) Futuro de la neurociencia y el cerebro

  • (1:00:37) Cuestionario KENSO

  • (1:03:40) Resumen y despedidas

 
Cuando camines por tu propio sendero, confía en que la vida conspirará orgánicamente a tu favor.
 
 
  • Aviso: el transcriptor a veces no nos entiende, pero vosotros seguro que sí.
    Disculpa, si lees algún error en la transcripción.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuántas veces has sentido que tu mente te confina en patrones mientras anhelas la libertad de reinventarte? Ese es el tema principal del programa de esta semana, donde aprenderás cómo la curiosidad se puede convertir en el motor más poderoso para transformar tu cerebro y conquistar esa libertad interior que tanto buscas de la mano de Ana Ibáñez. Ana es una revolucionaria de la mente. Como especialista en neurociencia aplicada y fundadora de Mindstudio, ha desafiado las convenciones al demostrar que podemos entrenar nuestro cerebro con la misma precisión con que entrenamos nuestros músculos. Lo fascinante es que este conocimiento nació de su propia necesidad vital. A los 3 años, se enfrentó un cáncer que, lejos de limitarla, encendió en ella una extraordinaria sed de vida que la acompaña hasta hoy. Su trayectoria refleja esa misma ruptura de límites. Ingeniera química, piloto de helicópteros, construyó un hotel en soledad de la Patagonia chilena y, finalmente, científica que transforma cada día la vida de personas atrapadas en jaulas mentales. En su libro Sorprenda tu mente, y a través de Mindstudio, Ana nos invita a redescubrir esa plasticidad cerebral que tuvimos de niños, pero que fuimos perdiendo. Bienvenidos a un nuevo episodio de KENSO, el podcast donde descubrirás cómo vivir la afectividad para ser más feliz. Soy Quique Gonzalo, aprendiz de en desmantelar las jaulas que construimos en nuestra mente mientras ansiamos la libertad. Bienvenida de nuevo, Ana.

    Ana Ibáñez:

    Ay, gracias, Quique. Ya sabes que estoy encantada de de estar contigo.

    Quique Gonzalo:

    Sí, la verdad es que es un placer tenerte y es que como se nos quedó corto la primera vez, pues dijimos, vamos a volver a invitar a Ana para que nos ayude a seguir descubriendo, sorprendiéndonos con nuestro cerebro. Desde la última vez que no nos vemos, hace ya en torno a un año, ¿qué ha sido lo que más te ha sorprendido en la vida?

    Ana Ibáñez:

    Me sorprende, mira, quizás algo que hemos tenido la oportunidad de hablar nosotros antes, que es esta sensación orgánica de que las cosas cuando empiezan a crecer porque tienes un buen valor o filosofía u objetivo detrás, te das cuenta como que la vida empieza a conspirar un poco a tu favor. Y yo llevo un año en el que esa es como la sensación que tengo, que es tan bonita, que que conspira a mi favor, que estoy haciendo cosas que orgánicamente se están dando. No estoy haciéndolo desde de desde tener una resistencia y lucharlo, sino que se está dando, lo cual no quita que obviamente hay muchas dificultades y cosas que no me gustan, pero en general eso me sorprende, lo orgánica que es la vida cuando estás en tu camino y como bien centrado en ello.

    Quique Gonzalo:

    Vamos a anticipar que estoy entrenando contigo, con Mind Studio, porque al final creo que es la mejor forma de poder luego hablar de las cosas y está siendo una experiencia muy enriquecedora. Y me gustaría que comentaras parte de ese viaje, porque quizá ahora estamos viendo la cara bonita, Ha habido un camino por el desierto importante, porque que esté conspirando ahora mismo la vida es porque te la has currado muchísimo. ¿Cómo fue esa transición por el desierto, Ana?

    Ana Ibáñez:

    Bueno, primero que me encanta que te estés entrenando y haciendo este viaje de entrenamiento, que yo lo considero así, un viaje mental y cerebral muy bonito, que espero que te lleve a sitios geniales, te va a llevar, ya verás.

    Quique Gonzalo:

    ¿Ya me está llevando?

    Ana Ibáñez:

    Bien. Pero sí, sí, este ha sido un camino muy solitario al principio, pero que parte de una común convencimiento que tenía que realmente yo tengo talento para para esto a lo que me dedico. Yo había hecho otras cosas el mundo, además de de la investigación. Yo soy ingeniero químico, pero siempre me llamó la atención la neurociencia, investigué en ello, pero me di cuenta de que la mía tenía que ser una neurociencia aplicada, que tenía que ser algo que realmente nos mejorara en el día a día a cada 1 de nosotros. Y yo era muy consciente de mis limitaciones a nivel mental. Entonces había hecho procesos, pues con mentores o con o de coaching, etcétera, y digo, pues son maravillosos, me llevan a ver cosas que antes no veía, pero al final hay algo dentro de mí que me, que que es como de formateo, que es como de programación cerebral, que para cambiarla tengo que cambiar hábitos, que es una cosa larga, tediosa, etcétera. Y entonces siempre tuve esa certeza de que le saber leer, entender la mente humana, cómo cómo funciona el cerebro tal y poder incidir sobre ello, era algo, era algo necesario, es de como de sentido común. Entonces, claro, la travesía empezó difícil porque estos entrenamientos cerebrales que yo hago en hoy en día y que ya se conocen más, se ha hablado más, antes solo se hacían en el mundo del alto rendimiento. Pero alto rendimiento, además, muy deportivo de gente que hacía cosas raras, ¿no? De entrenar su mente con con máquinas o a nivel de la NASA o de pilotos. Y y, entonces, claro, cuando yo hablaba de esto para para mejorar la vida de un niño, que lo está pasando mal a nivel emocional o de concentración o de un adulto para que reduzca estrés, la gente me miraba como diciendo, pero esto es muy raro, esto es como la naranja mecánica, que me vas a poner unos electrodos y vas a leer mi actividad. Y sí, lo que ahora es normal hace 5 años, no hace más de 5 años, a mí me costaba mucho en una conversación explicar que lo que yo hago es algo absolutamente normal y muy bueno, que es igual que entrenar tu cuerpo. Así que esa travesía fue dura. Entonces, decidí que la única manera de seguir en ella es quedarme muy cercana a lo que yo sentía que era lo correcto, a seguir investigando. Sí que es verdad que conté desde el principio con gente que quería participar de esto que yo estaba desarrollando, porque yo es verdad que hago ciencia todos los días, o sea, sigo investigando en lo que estoy haciendo. No es que sea una cosa terminada, sino que lo seguimos mejorando. Entonces, bueno, pues tuve gente que se entrenó en esa época, que que me decían, oye, me estoy sintiendo muy bien. Cuenta conmigo como conejillo de indias para seguir haciendo esto. Y y esa gente, que lo hablábamos también antes, qué importante tener gente que ha creído en ti, que te ha acompañado desde el principio. Y bueno, esa gente fue la que me hacía mantenerme. Bueno, a este grupo de personas le funciona los ataques, por así decirlo, o las cosas que hay fuera, que todavía no entienden lo que yo estoy haciendo, ya lo entenderán, todavía no es el momento. Y bueno, por suerte, esa travesía en la que en la que tuve que hacer de todo, en la que no fue fácil a ninguno de los niveles, o sea, ni a nivel económico ni a nivel de de tiempo ni de esfuerzo. O sea, era muy difícil por mi parte. Pero bueno, llegó un momento en el que ya empezó a coger vuelo, empezó a parsarse boca a boca o boca a oreja lo que estaba haciendo. Y bueno, ahora tengo una comunidad muy grande que se entrena en en en en Mind Studio y tengo un equipo muy grande del que estoy muy orgullosa, pero los inicios fueron absolutamente solitarios. Varias noches, me parece que lo hablábamos, yo tuve muchas noches sin dormir, de uf, de sentir mucha responsabilidad, estoy trabajando con cerebros, tengo que hacerlo bien. Y la intuición me decía, lo estás haciendo bien, pero sí, hubo muchas noches sin dormir.

    Quique Gonzalo:

    Ante esas noches sin dormir, esa responsabilidad y probablemente esas dudas también, me imagino que tu propósito te ayudó a decir confía, tú vales, has entrenado, has estudiado, poco a poco lo estás demostrando. Si yo te pregunto cuál es tu propósito, ¿para qué haces lo que haces Ana? ¿Cuál sería tu respuesta?

    Ana Ibáñez:

    Joder, es que clarísimo. O sea, yo quiero mejorar la vida de las personas, que se sientan algo que que es un término que me gusta mucho, que se sientan más bellas mentalmente, que se gusten, que disfruten de quiénes son, que se expandan. O sea, tengo tal, a mí me fascina tanto la mente humana, me fascinan tanto las las personalidades, las diferencias que tenemos cada 1 de nosotros Y y el pensar que cuando una persona está empoderada y saca su valor y sus capacidades al exterior, hace tan bien a los demás, que yo creo que en mejorar la vida de las personas es una manera de de construir mejores personas, de construir mejor sociedad, de que nos guste más vivir en el entorno en el que estamos. Y bueno, yo es es lo que vivo. O sea, en realidad, Quique, eso es lo que vivo. O sea, yo cuando veo a alguien que se entrena, le veo que mejora y mejora su ambiente alrededor y todo. Y a mí eso es que es la la mejor satisfacción. Yo soy mejor persona desde que me entreno, porque tengo menos, te gustas más. Entonces, cuando tú te gustas más, brillas más y puedes entregar más y eres más generoso. Y esta cosa que que claro, que yo hablo que somos seres energéticos impactas mejor en en los demás y, o sea, que mejorar, mejorar vidas.

    Quique Gonzalo:

    Me parece tremendamente relevante lo que acabas de decir, y es la interconexión que hay entre tu trabajo, tu día a día, tu vocación, tu propósito, porque me comentabas que ahora eres muy feliz de lunes a viernes. Cuando tú ves que la gente sale con una sonrisa o ha podido trabajar un trauma importante, porque hay diferentes casos en Mind Studio sobre los que hacéis foco, ¿Cómo consideras cómo estás viviendo contigo y con tu equipo y con vuestros clientes que se genera esa conexión de estar todos mejor?

    Ana Ibáñez:

    Pues es que, mira, es algo que yo tomo con muchisísima responsabilidad. A mí ahora me YYA mi equipo, O sea, tenemos todos los días gente que se nos acerca, que nos dice que le estamos cambiando la vida o que le hemos cambiado la vida a un hijo. Y esto yo me lo tomo como algo, o sea, increíble, tremendamente valioso, pero desde la humildad de de de no puedo como interiorizarlo por completo, porque me, no sé, me llevaría a otro lugar, o sea, me tuve que quedar en el trabajo. Siempre pienso oye, qué bien lo que estamos haciendo, pero y ese es 1 de los mensajes a mi equipo, pero lo nuestro es mejora continua. O sea, hemos logrado esto, pero tenemos que lograr más todavía para para quien viene y lo tenemos que lograr más rápido y lo tenemos que hacer de una manera mejor siempre, o sea, como en ese continuo. Pero es verdad que me imagino que a ti te pasa, porque tú te dedicas también a ayudar personas y a hacer procesos de coaching y de acompañamiento, que cuando alguien te dice que está mejor y y su vida está cambiando, ellos lo perciben, se genera una conexión de cariño y amorosa y de enlace que tú nunca te separas de esa gente. Yo, por así decirlo, podría decir que mis células, y a mí me gusta sentir eso, están teñidas por mucha gente que ha pasado y con la que he hablado y de la que he conocido sus vidas, sus problemas, y le estamos llevando a otro lugar. Y yo me tiño de eso, o sea, yo aprendo cada vez. Y y esa conexión es muy única de este tipo de trabajo. Quien se dedica a este tipo de trabajo y tú lo sabes, es así. Entonces, por eso yo cuando empiezo un lunes sé, y eso es una suerte enorme que me gusta muchísimo, sé que esa semana va a terminar siempre mucho mejor de lo que ha empezado, porque toda la gente que voy a ver durante esa semana o van a vivir cambios, hoy os van a cambiar algo en mí, o sea, que no es una semana, nunca es igual a otra y yo los viernes los, pues es que quedará cursi, pero yo los termino con el corazón lleno, con el corazón contento todos los viernes.

    Quique Gonzalo:

    Lo transmites, lo transmite tu equipo y me ha encantado esa frase de teñir esas células que al final vamos compartiendo. Hay algo fundamental en todo lo que dices, que es cambiar. ¿Para ti cuál es la importancia de cambiar en la vida?

    Ana Ibáñez:

    Bueno, a mí me, sí, el cambio, la transformación o el desarrollo es algo que es muy intrínseco a mí. Distintas personalidades, haya personas que el cambio les gusta menos. Pero una cosa que yo sé, porque la veo, es que cuando una persona tiene dentro la fe y la confianza de que puede desarrollarse y que puede cambiar a mejor, y está ilusionado con ese cambio de decir, joder, dónde me llevará la vida, dónde me llevaré yo? Eso da mucha satisfacción y mucha felicidad. Una de las, yo antes hacía mis primeras conferencias, hablaban de cómo ser más feliz. Era era todo sobre la felicidad, ¿no? Desde distintos ángulos. Y es verdad que una de las características principales para casi todos, incluso para las personas que no les gustan los cambios, es ese ese sentir que pasan cosas, que te desarrollas, que que no te quedas inmóvil en un lugar, eso genera mucha, mucha felicidad. Entonces, para mí es objeto de estudio absoluto, porque yo con lo que trabajo es con la plasticidad cerebral, con la capacidad de cambiar de nuestro cerebro. Entonces, el poder ver cambios en personas de manera tan rápida y que ellos mismas se sorprenden, ¿no? Porque en cosas concretas alguien te puede venir y decir, jo, es que El otro día me decían, mira, en en una en una empresa estábamos entrenando a la que era la la directora de todo un grupo muy grande, ¿no? En un banco muy grande. Y entonces decían, estamos alucinando, porque nosotros desde que la conocemos, antes de que entre a trabajar ya o en o en la oficina, estamos escuchando sus tacones, ¿no? Y entonces entra como taca taca taca taca taca taca taca. Dicen, oye, es que desde que se entrena, decíamos, nos lo han cambiado y entra taca, taca, taca. Entonces, ella reportaba, dice, jo, es que yo no me había dado cuenta, pero siempre iba con mucha prisa por por los sitios y sin prestar atención a nada. Dice, y es verdad que desde que entreno me he dado cuenta que me estoy duchando y disfruto de la sensación de tener el agua encima, y que cuando camino ya no es como que me persigue alguien, es verdad que entro, me da tiempo a saludar y son es un cambio que esa persona no estaba echando de menos a andar más despacio. Pero te das cuenta de que cuando cambias una cosa tan sencilla como esa, de repente el ir, fíjate que es muy visual, no ir a otra velocidad, te permite ver a la gente con otra velocidad. Hay otro, otro interactuar, puede haber tiempo para una sonrisa, para decir, hola, y eso cambia radicalmente, cómo estudia y el impacto sobre los demás. Es un ejemplo absurdo, pero cualquier cosa que sea cambio y que te gustes más es extraordinario.

    Quique Gonzalo:

    Es que es maravilloso, porque creo que el cambio va genuinamente unido a la palabra sorpresa. Sí. ¿Cuáles consideras desde tu experiencia que son las actitudes quien más nos pueden ayudar a generar ese cambio. Porque yo siempre digo, hay 2 tipos de personas, las que quieren cambiar y las que cambian.

    Ana Ibáñez:

    Está muy bien.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué has podido identificar durante tantos años que lleváis ya de estudio, dentro de esos datos, que son aquellas actitudes que nos van a ayudar a poder llevar ese cambio hacia adelante.

    Ana Ibáñez:

    La primera que me viene, porque hay varias, pero la primera que me viene siempre es curiosidad. O sea, la persona que cambia es porque y que quiere y que decide querer cambiar, pero un querer cambiar de verdad, que es el primer motor del cambio. O sea, tú cambias cuando hay algo lo suficientemente importante para que tú hagas el esfuerzo de cambiar, porque cambiar siempre es un esfuerzo energético, siempre es un paso hacia el vacío, hacia un vacío que no sabes cuál es. Entonces, ese ese saltito que que tienes que dar el impulso es primero decir, oye, quiero cambiar. A veces es una crisis la que te lleva a querer cambiar. Pero yo lo que veo, las personas que, claro, que por suerte tengo la posibilidad de ver a tantas mentes, pero las personas que veo que cambian con éxito y pasándolo bien son personas que tienen dentro, yo diría que 2 cosas. La primera es curiosidad, o sea, es es eso, esa necesidad o ese ese deseo de dejarte sorprender, que estabas hablando de la sorpresa, ¿no? De, oye, yo estoy muy bien aquí, pero voy a escuchar más, voy a mirar más. Y entonces empiezan a aparecer cosas en tu vida de las que no te habías dado cuenta y que te llevan a otros niveles. O sea, que curiosidad es una de ellas. Y la otra, yo te diría que libertad también. Para cambiar hay que sentirse libre. Cuando cuando 1 no se siente libre y te sientes bajo mucho control, ya sea por ti mismo o por el exterior, obviamente tu sistema te lo va a hacer mucho más difícil para para cambiar. O sea, que el el el tener esa libertad que yo lo 1 siempre, la libertad yo la 1 mucho con el juego. La libertad tiene que ver con permítete, que no pasa nada, o sea, para adelante, permítete jugar, permítete equivocarte, permítete tomarte no tan en serio. Eso es importantísimo desde el punto de desde el punto de vista cerebral. No te tomes tan en serio. Entonces, esa curiosidad y esa libertad fundamental.

    Quique Gonzalo:

    ¿Y tú crees que vivimos, Ana, en una sociedad que nos fomenta la curiosidad y la libertad como individuos?

    Ana Ibáñez:

    Mira, eso es un temazo, porque fíjate que la curiosidad podríamos decir que cuando te beneficias de lo que hoy nos da el día a día, que es esta conexión absoluta con cualquier información a la que quieras acceder. De hecho, estamos viendo ahora casi que es que puedes aprender más de una carrera universitaria fuera de la universidad. O sea, te se tienen que poner mucho las pilas porque tienes acceso inmediato a la última información, incluso en ciencia, o sea, en el cerebro. O sea, yo a través de de las redes y de los medios me entero de muchísimas cosas que obviamente no puedo tener en otras vías. Entonces es es curioso cómo en el momento en el que podríamos tener más libertad de decir quiero analizar y estudiar de cualquier cosa o que me llegue información de cualquier cosa, es el momento en el que quizás menos libertad estamos teniendo. ¿Por qué? Porque nuestra atención está siendo muy dirigida, y desde el momento en el que nos dirigen mucho la atención vía algoritmos o vía la información que te está llegando y te está enseñando solo una parte de la realidad y no toda, estamos perdiendo libertad sin darnos cuenta. Entonces, eso es algo, no sé, yo por ejemplo en mi casa lo hablo con mis hijas adolescentes, que hay que tener mucho cuidado, que haces el esfuerzo de ejercer tu libertad, y tu libertad es decido mirar más allá de lo que me llega de una manera libre o sin darnos cuenta se nos está quedando muy muy muy metidito esto. Entonces, la curiosidad también pasa por eso. La curiosidad ahora hay que hacer menos esfuerzo porque nos bombardean muchas cosas. Antes la curiosidad casi había que salir más a buscarla y ahora te bombardean mucho. Así que yo siempre soy muy optimista, porque creo que desde el punto de vista cerebral vamos a poder adaptarnos para vivir mejor en esta era de lo que estamos haciendo ahora, porque son los inicios. Creo que nuestro cerebro se va a poder reprogramar mucho mejor para convivir con lo digital, con las redes, con la inteligencia artificial, o sea, y yo voy por ahí, o sea, parte de mis estudios van por ahí. No vamos a evitar que haya inteligencia artificial, cada vez va a haber más de todo esto. Adaptémonos mejor, pero hagámoslo desde la libertad de hacia dónde quiero ir, qué es lo que quiero priorizar. Y y una buena, y perdona que me extiendo Quique, te lo llevo más allá. Pero una cosa que creo que es maravillosa es en el momento en el que tú cerebralmente estás más entrenado y te sientes más y te gustas más en tu belleza mental, en tu capacidad de pensar, etcétera, empiezas a elegir mejor. Entonces, no te engañan. A ti no te engaña nadie diciendo, oye, me encanta tener 500 amigos digitales, pero mira, es que las sensaciones que yo tengo y que percibo físicamente de poder estar con un par de amigos viéndonos en persona, no lo tiene lo otro. Entonces empiezas a tener más inteligencia de elegir, oye, pues cojo de esto, recoges un poco lo mejor de cada mundo, pero para eso tu mente tiene que tener esa esa claridad y esa manera de de discernir. Y y eso es mental, eso es cerebral. El mayor problema que tenemos es que tengamos ceguera y que nuestra mente se acostumbre a programarse según lo que nos está enviando nuestra realidad ahora, que no la pongamos en cuestionamiento. Pero si nosotros nos quedamos como autores de nuestra vida, bueno, pues tenemos la capacidad de de discernir.

    Quique Gonzalo:

    Qué importante además lo que estabas comentando de la palabra belleza, porque durante mucho tiempo tengo la sensación que estamos hipereditando el concepto de la belleza, en búsqueda de algo que es más extrínseco que intrínseco. ¿Cómo es para ti un cerebro bello, un cerebro sano y bello?

    Ana Ibáñez:

    Sí, porque si tomamos la belleza como porque la belleza te lo produce una sensación, o ¿qué te produce la belleza? Cualquiera que sea, ¿no? La la estética o que puede ser con personas, con arte, o la belleza en sí. Nos produce unas sensaciones que son placenteras, que son de serenidad, que son de elevarte. O sea, de llevarte a un lugar que es menos terrenal. Eso es lo que te produce la belleza, esa sorpresa. Entonces, desde el punto de vista mental y cerebral, para mí la belleza es el que puedas acceder a a esas capacidades que tienes dentro de distintos ámbitos y que te puedas recrear en cada una de ellas y disfrutarlas. Y esto tiene que ver con, por ejemplo, belleza mentales que que puedas ser creativo, Aunque tú no te identifiques con una persona creativa, pero que sí que es verdad que cuando haya algo tú puedas disfrutar con tus ideas, que te vengan ideas a la cabeza, ideas que te gusten y unas se puedan hacer y otras no, pero tengas esa sensación de de de apertura, de tener ideas. Esas son unas áreas cerebrales que se trabajan. Entonces, cuando tú entrenas esta parte del cerebro en el hemisferio derecho, empiezas a disfrutar de esa belleza que tienes dentro y empiezas a gustarte en tus ideas. A mí esto me pasa después de hacer sesiones a personas, después lo que te reportan cuando estamos trabajando estas áreas es oye, pues estoy muy después lo que te reportan cuando estamos trabajando estas áreas es, oye, pues estoy muy sorprendido, porque esta situación que siempre la he hecho de esta manera, de repente he pensado, ¿y por qué no la hago de esta otra? Y lo acabo de cambiar y me ha gustado en ese cambio. Para mí eso es una belleza mental increíble, que tú te gustes decidiendo hacer otra cosa, porque de algún sitio y ese sitio es de tu cerebro, nace esta nueva manera de hacer las cosas. Entonces, eso ligado a lo que te decía antes de libertad y de curiosidad, cuando tu hemisferio derecho te permite, en este caso, por ejemplo, ser creativo y conectar con, jo, pues esto me genera curiosidad y te sientes juguetón para para entrar en ello, de repente estás disfrutando de una faceta de ti que no sabías tenías, que la podías tener apagada, y eso es belleza. Entonces, esa es un tipo de belleza mental. Hay otra que es la belleza de poder concentrarte y entrar a fondo en un tema, que es cómo hacer yoga. Yo sé que tú, que eres un gran lector, disfrutas de leer, y me imagino que cuando estás leyendo te metes en un universo que es único. Y fíjate si es bello tener un universo abierto en el que estás aprendiendo, en el que tu mundo se expande porque puedes leer. Pero poder hacer eso o no depende de que tu cerebro te permita quedarte en ese nivel de frecuencias cerebrales, en este caso, y de poder quedarte un tiempo de calidad concentrado en algo. Y eso es belleza. Para mí eso es belleza mental, que un cerebro se concentre y disfrute de de esto. O belleza mental es es es poderte reír, es tener sentido del humor, es de la nada generar algo que a otro le impacte y que le saques una sonrisa, o sea, eso es belleza mental que se transmite. O sea, hay tantas cosas que nunca hemos pensado que tienen que ver con la belleza y que son, porque en el fondo tienen que ver con lo que te decía antes, con disfrutando más de nosotros y siendo más bellos nosotros por dentro, estamos impactando muy positivamente en el entorno, entonces estamos generando belleza. Y a mí eso me parece me parece alucinante.

    Quique Gonzalo:

    Cambiamos nosotros y cambia todo a nuestro alrededor, ¿verdad?

    Ana Ibáñez:

    Cambia todo.

    Quique Gonzalo:

    Cuando trabajas, por así decirlo, con niños que no han sufrido ningún trauma, es decir, niños que han tenido una vida normal, y cuando trabajas con adultos, entiendo que hay un momento en los que nuestros cerebros, durante este camino, se han ido generando nuestras creencias, nuestros impactos, nuestra vida ha pasado por ello. ¿Cuál es la mayor diferencia entre el cerebro de un adulto y un cerebro más, por así decirlo, virgen de un niño?

    Ana Ibáñez:

    Sí, pues fíjate, yo creo que podemos coger las 2 palabras que te decía antes. El cerebro de un niño es mucho más curioso y libre que el de un adulto. De hecho, esa es una de las, yo te diría, 1 de los grandes retos que tengo yo para el futuro, o sea, para lo que estoy investigando ahora en el entrenamiento cerebral, es cómo conseguir que los niños mantengan durante más tiempo este espíritu libre, juguetón, curioso y a la vez de conectarse

    Quique Gonzalo:

    con sus propios talentos, que tú desde muy niño, que además es que lo tenemos todos, lo

    Ana Ibáñez:

    que pasa es que luego se nos propios talentos, que tú desde muy niño, que además es que lo tenemos todo, lo que pasa es que luego se nos olvida. Pero tú cuando eres niño sí que sabes lo que haces bien, porque suele ser además donde pasas más tiempo. Las cosas que tú haces es porque se te da bien. Entonces, cuando nosotros a un niño le podemos hacer más consciente también de su talento, de lo que se le da bien, y eso le está dando mucha seguridad a su cerebro y estás creando autoestima desde ese lugar, es maravilloso. Entonces, lo que vemos es que si logramos que en el momento en el que está programándose el cerebro de un niño pueda conservar más estas cosas de libertad y curiosidad, a pesar de la educación y del sistema educacional que no va muy, se está mejorando, pero sigue estando muy lejano a lo que el cerebro de un niño necesitaría para encontrar su máxima expresión. Entonces, el poder equilibrar esto desde el punto de vista cerebral de entrenamiento es lo que, claro, es lo que yo digo, pues igual que llevamos yo la primera, ¿no? A a mis hijas a hacer deporte cuando eran muy pequeñas, porque sé que eso las fortalece, las desarrolla, les da flexibilidad, etcétera, con los niños pasa lo mismo. Si los niños entrenan su cerebro desde pequeñito sin que tengan nada, mal, De hecho, yo con mis hijas lo he hecho. Lo que estás haciendo es que son cerebros más más fuertes, más flexibles, o sea, pueden alargar más esto que te digo. Y yo lo veo, lo veo claramente. Cuando entrenamos a niños vemos que cuando llega, por ejemplo, la adolescencia se la toman de una manera distinta. Tienes, por supuesto, su periodo adolescente, pero tienen una seguridad en ellos mismos que es muy valiosa. Y y yo creo que su entorno se sigue, ahí cuando llega la adolescencia, que hay esta famosa poda neuronal, que tu mundo como se reduce mucho. Yo lo que veo con los niños que hemos entrenado antes de la adolescencia es que esa poda es distinta, o sea, ocurre algo distinto, ellos están conectados, saben quiénes son, se gustan más y los padres también estamos más tranquilos porque vemos, vemos que van mejor. Entonces, un adulto en contraposición, ¿qué es lo que nos ocurre? Que su plasticidad cerebral es menor porque, o sea, posibilidad de cambio, aunque cambie mucho, porque necesitamos un poco más de tiempo, pues porque ha perdido esa libertad cerebral, porque su cerebro está muy contento en esas creencias y nuestro cerebro hace sinónimos. Entonces dice, creencias no dejan de ser sinónimos para nuestro cerebro. De esto significa esto. O sea, esta causa da este efecto. Y y claro, hay que desmontar eso. Cuando tu cerebro quita esos sinónimos y se abre, pues es extraordinario, te sorprende, es a ti mismo. Jojo siempre pensé y estas frases yo las tengo todos los días. Es que yo siempre pensaba que no sé qué o hacía esto por tal. Y de repente te das cuenta de que no, que hay muchas maneras de vivir.

    Quique Gonzalo:

    Muchas de las personas que nos están escuchando ahora no son niños, pero sí que podemos jugar, sí que podemos jugar y conectar, porque algún día sí fuimos niños. ¿Qué pequeña actividad podríamos hacer hoy mismo que nos ayuda a conectar con esa regeneración de nuestro cerebro, de nuestra mente, con ese niño?

    Ana Ibáñez:

    Hay 2 muy rápidas. La primera es, si nosotros queremos que nuestro cerebro fabrique, a mí me gusta hablar de fabricarnos, el cerebro fabrica cosas, si queremos que fabrique diversión y jugueteo, lo mejor es ir a recordarle un momento en el que ya fabricó eso, porque todo lo que ha fabricado ya lo sabe hacer, lo tiene guardado, o lo tiene a nivel consciente, lo tiene a nivel subconsciente, pero es algo que él ya ha programado como posible. Entonces, cuando tú te ves que estás menos juguetón y tal, solo con hacer una visualización de cerrar los ojos e irte a recordar un momento en el que lo estabas pasando muy bien y juguetón, ya estás haciendo un gran favor a tu cerebro que vuelve a traer ese funcionamiento y esa, empieza a producir esa neuroquímica y esas frecuencias cerebrales asociadas a eso que estabas viviendo. O sea, que es importantísima siempre saber que lo que ya hemos producido antes a nivel cerebral lo podemos volver a producir. Entonces, recordárselo es vital. Y luego, algo que yo es es que es muy simple, pero es que a nivel cerebral veo que ayuda tanto, es el ayudarte de música. Yo sé que a ti te gusta mucho la música. Ayúdate de música, o sea, ten una banda sonora que te acompañe. Busca canciones que tienen contenido emocional para ti, que te recuerdan buenos momentos, donde has estado suelto, donde te has sentido bien, donde te has gustado en el fondo porque estaban pasando cosas, porque te estabas moviendo, bailando o disfrutando con amigos, porque el la música es un gran acelerador del funcionamiento cerebral. Entonces te conecta con de nuevo, con momentos vividos y hace que que te sueltes. Y de hecho lo sabemos. O sea, cuántas veces hay un ambiente que es relajadito, que empiezas a escuchar una música que se empieza como a expandir entre la gente que hay alrededor, se empiezan a mover y ves que el ambiente cambia por completo. O sea, la química y la neuroquímica y la electricidad cerebral cambia mucho con la música. Así que yo creo que todos deberíamos llevar 3 o 4 canciones nuestras que nos motivaran mucho y ponérnoslas mucho.

    Quique Gonzalo:

    Estoy de acuerdo porque yo tengo una lista específicamente que es para esos momentos que que necesito provocarlos, o sea que me encanta que lo compartas y sobre todo porque creo que es tremendamente práctico. Tan práctico que una de las cosas que a mí me ha gustado de lo que se hace en Main the Studio es que durante mucho tiempo, y lo hablábamos en la última sesión, nos costaba pensar que alguien que tuviera problemas emocionales acudiera a un psicólogo. Hoy es algo que lo hemos normalizado tanto como que cuando te rompes un hueso vas al doctor, a la doctora, a que te curen. Ahora hemos pasado esa fase y empezamos a decir, oye, si yo puedo ir a entrenar con un entrenador personal a nivel físico por gustarme, por esa belleza, por estar bien, por qué no entrenar a nivel mental. Cuando hablamos de ese entrenamiento mental, Ana, ¿cuál es el impacto en el largo plazo? Ya no te pido dentro de 5 sesiones, sino ¿qué voy a notar en mi yo futuro de yo tengo 46 cuando tenga

    Ana Ibáñez:

    60? Es esa apertura, fíjate, esa esa flexibilidad mental que yo creo que hablábamos, que te hace sentir, o sea, cuando cuando te sientes entrenado también físicamente, ¿no? Cuando estás entrenado físicamente, hay hay como una un bienestar interno, como que te sientes muy capaz de cosas, ¿no? O sea, te estás a gusto contigo, pues con lo mental ocurre lo mismo. Entonces hay una seguridad de fondo que te la da el saber que tu cerebro está siendo flexible y que va a poder hacer frente a lo que venga, como que confías mucho más en ti. Hay una cosa muy curiosa que que pasa, que yo lo llamo como la sabiduría interna, y es que cuando te entrenas empiezas a tener las cosas mucho más claras, Te nace de dentro. Es es curioso, es difícil decir, ¿de dónde me nace esto? Bueno, yo yo sí sé, o sea, nace, claro, nace de este juego entre nuestro subconsciente y nuestro consciente, que sube, por así decirlo, lo lo vivido, lo que tu sistema sabe que es bueno para ti, viene de un lugar muy subconsciente, pero que solo sale a la luz cuando tú estás tranquilo, relajado, cuando dejas que subas, si tú estás desde el control no lo puedes hacer. Bueno, pues el entrenamiento te permite que tú estés más conectado con esta sabiduría interna, y como además te lo vas mostrando, o sea, desde estos 46 años tú vas viendo en tu día a día que esto te funciona, entonces cada vez crees más en ti, crees en lo que estás sintiendo y crees también en la mayor facilidad que tienes para poder ir a rangos, porque no siempre estamos bien. Entonces, tú puedes caerte en un rango que es muy malo porque te viene cualquier cosa, te viene una pérdida potente o algo que tú no esperabas y tu sistema obviamente se resiente y entonces se va a un lado que a ti puede no gustarte. Y de repente notas, oye, cómo estás mucho peor de ánimo o estás triste, o de repente se te han ido ganas de vivir o pasa algo. Pero cuando estás entrenado es muy curioso porque tu sistema de alguna manera te dice no te vas a quedar ahí. Tienes que transitar esto, pero no te vas a quedar ahí. Y sabes que te va a ir llevando poco a poco él mismo que va a trabajar a tu favor para llevarte a otro estado. Entonces, yo lo que noto con el entrenamiento y lo veo con las personas que entrenamos es que ese rango se nos hace mucho más fácil, o sea, que tú puedes estar mal, pero sabes que te vas a levantar. A mí esto me pasa, por ejemplo, con la depresión, las gentes, la gente que entrenamos que que ha tenido depresión o que tiene depresión, cuando les entrenamos le decimos, bueno, puedes tener tendencia depresiva, hay personas que tienen más tendencia depresiva, pero te aseguro que después del entrenamiento no vas a volver a caer en un hoyo tan grande. No caes, no caes, porque tu sistema ya ha aprendido a cómo regenerar desde ahí y hacer las cosas, esas conexiones neuronales las hace desde otro lugar. Bueno, yo no te estoy explicando, porque no no creo que interese tanto que que te lo cuente de manera técnica, ¿no? Pero pero claro, lo que vemos es que realmente, el nivel de activación del cerebro cambia. Cuando tú te entrenas, estas nuevas conexiones neuronales son mejores para tu cerebro, ahorra energía, entonces él se gusta trabajando, ahorrando energía, y entonces va a fomentar estas nuevas conexiones versus las que tenía antes. Entonces tú mismo te quedas haciendo esa inercia, ese ejercicio durante todos los años. Yo cuando miro atrás, mira, yo me empecé a entrenar, pues hace 16 años, o sea, cuando empecé con esto, porque yo era mi colegillo de indias primero, y yo miro hacia atrás y reconociéndome que soy la misma, digo, o sea, es increíble lo que he cambiado y lo que sigo cambiando. Entonces, es una mejora continua.

    Quique Gonzalo:

    En el fondo la vida es un viaje y es una mejora continua, como decías, de cambio, de resistencia. Y hay un tema que para mí me llama poderosamente la la atención y es algo que últimamente la sociedad parece que está incluso un poco defenestrado, que es el descanso. Yo, después de la última sesión, llegué a casa con un cansancio sano. Con un cansancio que he sentido otras veces cuando he estado, pues oye, aprendiendo a tocar una canción al piano o cuando está haciendo un trabajo muy intensivo de algo importante. Y ese cansancio me permite, oye, llegar a casa, dormir de una manera profunda. También he sentido, y creo que muchas personas en el día a día sienten más la sensación de llegar a un descanso de llego agotado, exhausto, no me da la vida, voy con la lengua afuera desde que suena el despertador hasta la última hora. ¿Cómo se diferencian estos 2 tipos de descanso en el efecto que tiene nuestra mente, en nuestro cerebro?

    Ana Ibáñez:

    Bueno, es que son, claro, son 2 tipos de cansancio y que hacen que nuestro descanso sea de una u otra manera. En el fondo, que la actividad es muy buena, someternos a estrés es muy bueno. O sea, someternos a estrés es la necesidad que tiene nuestro organismo, precisamente para producir un cambio. Tú para producir un cambio tienes que generar un estrés previo que fuerce a tu sistema a cambiar, si no se quedaría igual. Nuestro cerebro prefiere 1000 veces, en ese sentido, hacer lo malo conocido que lo bueno por conocer. Prefiere quedarse en cosas que él conoce sin estresarse en la comodidad, aunque eso no sea bueno para ti. Entonces, el estrés es necesario, el que nos cansemos en el día a día es necesario. Claramente, aquí estamos hablando, hay un cansancio y un estrés que es más físico y 1 que es más mental. Hoy en día tenemos mucho cansancio mental y hacemos mucho ejercicio mental. Entonces, el ejercicio mental hace que tu cerebro esté activado de una manera que llamamos hiperactivado. O O sea, nosotros cuando leemos el 90 por 100 de las personas, cuando leemos con los electrodos al principio, lo que tenemos, la lectura es de una un cerebro que está estresado. El problema no es que esté estresado, el problema es que no sepa desestresarse. Por lo que te digo, porque nos viene bien estresarnos, pero necesitamos que se desestrese. El ejercicio físico, tú puedes estresarte mucho haciendo deporte, pero ese estrés, que obviamente también lo tienes que controlar y descansar, porque si no te lesionas físicamente, Pero el el ejercicio físico, aunque tú te pases un poco, a nivel cerebral nos produce unas frecuencias, unas ráfagas de frecuencias alfa, que hacen que aunque tú físicamente estés muy cansado, tu mente con esa ráfaga desde frecuencias alfa sienta mucha calma. Alfa son las frecuencias de la calma. Entonces, esa es la sensación placentera que tienes después de haber hecho ejercicio físico. Cuando tú haces una sesión de entrenamiento cerebral con nosotros, estás aumentando esas frecuencias alfa. Entonces, tu cerebro ha hecho un ejercicio potente para producirlas, pero estás alimentándote de esa calma. Entonces te es mucho más fácil dormir después, porque has has inyectado a tu sistema de de calma. Pero bueno, el gran tema con el descanso es cómo lograr que nuestro cerebro pueda estar muy activo. Mi cerebro está muy activo. Yo soy, hay personas que tenemos, creo que tú estás también dentro de ellas, hay personas que tenemos muchas ideas, que disfrutamos mucho además con esas ideas, con nuestra actividad cerebral, con todo lo que no se os ocurre. Nuestros días son llenos de cosas. Mis días están llenos de cosas que disfruto mucho, pero la clave está que si cuando yo me voy a dormir tengo un cerebro flexible que quiere salirse de esa hiperactividad o de esa actividad y decir, ahora me toca descansar y que produzca las frecuencias delta del descanso. Esa ese paso, esa flexibilidad entre estar muy vivo y poder descansar es lo que cuesta mucho hoy en día. Y para eso hay un entrenamiento cerebral específico, de enseñarle a tu cerebro a que tenga esa flexibilidad y que tenga esa capacidad de producir las frecuencias delta del descanso. Esa es una de las principales cosas que nosotros enseñamos en el entrenamiento cerebral, es el inicio. Porque descansar es tan importante a nivel cerebral que necesitamos que tu cerebro aprenda lo primero a descansar. Entonces, que aprenda a generar esas esas frecuencias. No sé si te respondo a la A la perfección. Vale.

    Quique Gonzalo:

    Y me ha gustado mucho que lo pongamos encima de la mesa ese concepto que yo creo que a la gente a veces le puede chocar un poco, que es que el cerebro necesita que le sometamos a situaciones de estrés, estrés controlado entiendo. ¿Nos puedes contar para que la gente lo pueda tener en su mente cuáles son esas buenas situaciones de estrés controlado que nos ayudan a seguir cambiando y mejorando en nuestro día, Diana?

    Ana Ibáñez:

    Bueno, en general cualquier reto que te planteen y que de primeras digas, ay, no sé si soy capaz. Cada vez que te viene algo así y tú digas venga, voy a decir que sí. Eso es un estrés puntual, controlado, que pueden ser distintas cosas, que te que vayas a hablar con alguien que no te atreves, que tengas que hacer una presentación, que te atrevas a hablar en público, que te apuntes a algo nuevo, porque apuntarte a algo nuevo de lo que sea, de un curso, de una clase, significa que no sabes hacerlo y te vas a exponer en no saberlo. O sea, eso son las cosas del día a día que son estreses controlados que que, y es controlado, no es de vida o muerte, o sea, que es una cosa que que la podemos hacer todos, pero que sometes a tu cerebro a, atrévete a decir que sí en algo que es incómodo, porque luego se va a beneficiar de resultado final, aunque solo sea el me he atrevido. Pero es verdad que mucho de lo que estamos viendo ahora a nivel físico ayuda mucho a esa programación, y una de ellas es los baños de hielo, por ejemplo, estas duchas frías, los baños los baños de hielo que se que se habla tanto, una de las principales características de beneficio a nivel de organismo tiene que ver con eso. Cómo someto a mi cerebro algo que no quiere hacer, que es muy controlado porque dura el tiempo que dura, pero que raramente tienes ganas de hacerlo antes. Yo ahora en en invierno en casa estamos, saltamos de la cama a a agua fría y y nunca lo hablamos entre nosotros. Dimos, Joco, lo bien que nos deja y yo nunca nos levantamos con ganas de meternos al agua fría, nunca. Y sin embargo, es muy bueno porque a nivel cerebral le estás sometiendo a estrésate de esta manera controlada, para que cuando te vengan estreses que tú no estás eligiendo, él ya esté preparado a que pueden haber situaciones que son incómodas, pero él no se quiebra. Entonces, ahí es cuando estamos hablando de la antifragilidad, que esa es la gracia de esto. Cómo ser antifrágil, cómo oye, poder aceptar cosas que me vienen, que es un estrés y que no me gusta o que no lo pasó bien, pero esto no me tumba y eso es muy importante. Entonces ese ese estrés es muy importante o pasar eso. O o un estrés controlado es el decir que no a cosas de comida. Por ejemplo, que es fácil decir que sí, pues no caer en la tentación de esto o tomar de vez en cuando períodos en los que dices mira, no voy a caer a la primera en cuando tengo hambre no voy a comer inmediatamente, me voy a demostrar que puedo con la incomodidad de hacerme esperar a tener el la recompensa de este tipo de cosas. Eso es un ejercicio buenísimo para para el cerebro.

    Quique Gonzalo:

    Nosotros lo hemos vivido en la comunidad de Kenzo porque 2 de los retos mensuales, 1 fue hace ya casi 2 años, si no recuerdo mal, año y medio, él la ducha fría.

    Ana Ibáñez:

    Muy bien.

    Quique Gonzalo:

    La ducha fría y el otro fue el de aprender a decir que no, que la gente reportaba unos niveles de satisfacción tremendos, tremendos, absolutos. Y aquí viene para mí 1 de los grandes aprendizajes y es que tengo la sensación que vivimos una sociedad que va buscando más el hacia afuera que el hacia adentro. Es decir, el reconocimiento exterior antes que el reconocimiento interior. Yo siempre he pensado Ana, que cuanto más llegas en el autoconocimiento propio, más lejos puedes llegar hacia el exterior.

    Ana Ibáñez:

    Total.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuánto hay de cierto en ello?

    Ana Ibáñez:

    Yo creo plenamente en ello, pero tenemos que entender, o sea, por qué queremos el reconocimiento exterior, porque en el fondo decimos si de manera natural el 80 por 100 de las personas dan importancia al reconocimiento exterior, ¿será que estamos todos fallados? Y dices, bueno, no, o sea, debe haber algo que biológicamente nos lleva a eso, o sea, ¿por qué damos tanta importancia al reconocimiento exterior? Creo que hay 2 grandes razones, hay algo que que, no sé, de todo lo que yo he analizado podría destilar que hay 2 grandes miedos humanos o 2 grandes necesidades humanas, que es que nos quieran y que nos acepten dentro de un grupo. Cualquiera de las 2 cosas son necesarias para nuestra supervivencia, sobre todo en nuestros primeros años. Entonces, es verdad que una parte de nuestro cerebro, que es un radar del entorno, de lo que está ocurriendo, tiene que ver con eso, con oye, a mí se me quiere y y aunque no lo queramos, es como que llevemos un radar dentro que está haciendo todo el tiempo un escáner de lo que hay alrededor y a mí se me quiere, se me quiere, se me quiere y se me acepta, se me acepta. Entonces nos importa el exterior. ¿Qué ocurre? Que cuando tú te empiezas a dar cuenta de que se te quiere y se te aceptan un grupo, sobre todo cuando tú por dentro estás bien y te gustas, que el que a ti te gustes como eres y que estés generando una riqueza interior potente es lo que más satisfacción luego te va a dar, porque vas a ver que esto es bien percibido y que se te quiere y que se te acepta más. Ahí puedes hacer el cambio. Pero al principio es lógico que nos den mucha, que le demos mucha importancia al exterior. Una vez más, esto lo vemos en la adolescencia, por ejemplo.

    Quique Gonzalo:

    La

    Ana Ibáñez:

    adolescencia es un periodo de cambio radical en el que podríamos decir que que un ser humano se tiene que despegar biológicamente. Esto estamos programados para ello, tiene que despegarse de sus padres para iniciar una vida en solitario. Y ese es un momento de mucho miedo, porque de repente ese se me quiere y se me acepta que lo teníamos asegurado con nuestros padres o nuestros cuidadores, ahí se rompe. Entonces, ¿por qué los adolescentes tienen tanta necesidad de vestir igual, de pertenecer a un grupo del, y les importa tanto lo que les dicen? Porque están pasando esos 2 miedos vitales que antes estaban ya protegidos por sus cuidadores y ahora de repente lo están pasando a la sociedad. Y entonces ahí es donde es la el primer encuentro con oye, se me quiere y se me acepta en este grupo, primero ahí. Y si eso se lleva luego a la edad adulta, nos quedamos demasiado pegados al exterior cuando empieza a pasar, que según ya vas creciendo, te vas conociendo y probando cosas, dices, oye, espérame, que lo que a mí me hace feliz es más lo que yo pienso de mí. Si yo me quiero y me acepto, lo podríamos llevar a nosotros. Si yo me quiero y me acepto, voy a lograr que luego se haga en el en el exterior. Pero eso es un camino, y es un camino normal que todo ser humano tiene que ir haciendo.

    Quique Gonzalo:

    Lo estaba conectando justo con un tema que tiene que ver con la efectividad, y es en el día a día, qué pocas veces aquella tarea que consideramos que es la más importante es la que terminamos haciendo. Al final, que si las urgencias, que si las cosas que otros te piden o o no saber decir que no, hace que te centres más en lo del otro que en en lo nuestro. Y preguntaba un miembro de Kenzo Círculo, decía, dice mira, dice pregúntale por favor a Ana, dice, porque yo soy una persona tremendamente planificadora, mi cerebro lo tiene todo perfecto a las 9 de la mañana, cuando voy a empezar mi jornada.

    Ana Ibáñez:

    En mi zona izquierdo, sobre todo.

    Quique Gonzalo:

    Pero cuando llego a última hora y salgo por la oficina, me doy cuenta que la película perfecta que había montado en mi cabeza jamás ha sucedido después de mi jornada laboral. Claro. Somos personas que nacemos en ese mundo de buscar la perfección en lugar de buscar la realidad? ¿Nuestro cerebro busca eso?

    Ana Ibáñez:

    Sí, bueno, busca busca sentirse seguro una vez más, y cuando, y esos son sinónimos, y ya entonces los cerebros que buscan la perfección son cerebros que han hecho el sinónimo de que la perfección es lo que les da seguridad, porque es lo bien hecho. Pero no todos los cerebros son iguales, hay cerebros que precisamente lo cambian y en el mundo creativo ocurre mucho, donde no es la perfección, sino es podría ser un cerebro que dice una idea inédita nueva, es sinónimo de algo bien hecho. Entonces, es un cerebro que se va a permitir no ser tan perfecto, sino que lo que va a buscar es diversidad o ideas nuevas. O sea, que ese rango de qué es lo que nuestro cerebro prioriza por encima de otra cosa para dotarnos de seguridad. Porque, y yo, claro, hablo de seguridad porque a nivel cerebral lo que nos importa es la supervivencia. Nuestro cerebro va a tender a funcionar de una manera u otra siempre para buscar la seguridad para nosotros, la supervivencia, qué nos mantiene vivos. Entonces, para una persona que tiene identificado el perfeccionismo y hacer las cosas muy bien, es lo que se debe hacer, lo correcto y es lo que me mantiene en el buen camino, esa supervivencia para él, hacerlo muy bien. Entonces, tienen muchísimo miedo a no hacer las cosas bien, porque su cerebro le vuelve a llevar a estos 2 miedos que te decía antes de, en el fondo, de una manera muy subconsciente a veces. Es que si no lo hago bien, no soy lo suficientemente bueno, no me van a querer y no me van a aceptar. Pero otra persona puede tener otra cosa, puede decir, es que si no soy divertido, por ejemplo, para mí sinónimo de de seguridad o de supervivencia es ser divertido. Esto ocurre, por ejemplo, mucho en los niños intermedios, en ese, cuando una familia numerosa, los del medio que se les ve menos Sí. Suelen ser los más divertidos o el pequeño. ¿Por qué? Porque tienen que llamar la atención de alguna manera, porque si no su sistema le dice oye, es que ni te ven, no te quieren ni no te aceptan, o sea, haz algo. ¿Qué hago? Pues o me porto mal o soy el gracioso. Entonces hay hay gente que el sentido del humor y el ser divertido y el graciosillo de la fiesta viene por seguridad. Entonces, ahí en ese rango está bien vernos, porque en el fondo cuando cuando tú te miras desde fuera, identificas tu patrón, y eso es una buena pregunta para hacer, porque este miembro de de Kenzo Círculo, él puede analizar y decir, ah, claro, yo caigo en la parte del perfeccionismo, pero otra persona que nos esté viendo dirá, jo, pues yo mira, lo hago a través de, por ejemplo, de cuidar de otros. Hay para para mucha gente que su manera de estar en el mundo es cuidar siempre de otros y decir que y no saber decir que no. Siempre está la disposición, esa seguridad para ellos. Para otros es es la parte intelectual, yo soy el que enseño a los demás. Entonces está bien verse en tu patrón y permitirte la curiosidad y la libertad de oye, voy a probar otras cosas, ¿qué tal si no soy perfecto? ¿Qué pasa? ¿Qué tal si no soy divertido en esto? ¿Qué pasa? Y te pruebas y te das cuenta de que puedes ser mucho más libre, no quedarte anclado solo en esa en esa identidad que que te has creado.

    Quique Gonzalo:

    Ana, me gustaría preguntarte, mezclando la parte personal con la profesional, que yo creo que tiene un sentido lo que vamos a ver ahora, pero ¿para ti qué es el éxito?

    Ana Ibáñez:

    Fíjate qué curioso, porque esto ha ido como evolucionando en mi vida. Para mí el éxito, ahora, te voy a decir que te va a sonar así como un poco, pero lo que me viene a la cabeza, pues sería sentirme viva, sentirme a gusto con con lo que hago en el día a día, tener buena energía vital, que lo que hago me llene de energía, me den ganas de vivir, de esa ilusión de vivir, tener un impacto positivo en los demás, y y tiene que ver con eso, con el día a día. Porque al final yo tengo la sensación de que no hay, no hay nada más allá que lo que vivimos en nuestros días. Yo no sé qué va a ser mañana aquí, que no tengo ni idea, pero lo que sé es que que ahora el el día de hoy me gusta y quién soy en el día de hoy me gusta y y me voy a dormir tranquila y veo a la gente a mi alrededor que que nos llevamos bien, que tengo buen impacto. Eso es éxito, o sea. ¿Y dónde es el éxito? No lo sé, porque esta misma sensación que puedo tener y que las variables que los elementos que me lo dan es lo que yo hago ahora mismo, que es oye, neurociencia, mis centros, la investigación, mi familia en este momento concreto, etcétera, en otros momentos vitales me lo han dado otras cosas. Yo no siempre he estado haciendo esto, ha habido momentos que yo vivía, eso, vivía en Patagonia. Entonces, mi vida era muy diferente ahora, mi vida era un núcleo familiar mucho más pequeño, vivía en Patagonia, veía mucha gente, muy poca gente en mi día a día, era una época en la que leía mucho más, era mucho más introspectiva en esa época, no estaba para nada expuesta, no me conocía nadie. Y yo lo pienso y digo, jo, pero es que esos días eran maravillosos, era el éxito de ese momento. Entonces, para mí eso es éxito, o sea, sentirte bien con lo que generas alrededor, hay muchas maneras de hacerlo.

    Quique Gonzalo:

    Me encanta que hayas conectado, porque esa es la pregunta. Me gustaba poder ver la transición que has hecho de lo que significaba en un momento el éxito, lo que significa ahora. Y si yo te pregunto, ¿cómo se está entrenando Ana para el éxito del futuro? ¿Qué es lo que haces en tu día a

    Ana Ibáñez:

    día? Pues hago algo que tiene mucho que ver con el desapego, fíjate. O sea, yo estoy muy agradecida por lo que me pasa hoy en día, estoy muy contenta, pero tengo siempre la sensación de que no es para siempre. Entonces, yo me entreno para pensar, las situaciones van a cambiar, esto no se va a mantener así, y qué bien que no se mantenga así, porque en este desarrollo y en este crecimiento, entonces, tengo siempre una imagen dentro de qué curiosidad lo que va a venir después. No sé qué voy a hacer después, yo a veces lo digo y y la gente me toma un poco por loca, pero digo, a mí el mundo de la neurociencia me fascina a día de hoy. Siempre me fascinará, pero quizás dentro de unos años, y puede que no sea en tanto tiempo, no sea lo que quiero que llene todos mis días, y prefiero hacer otras cosas, y prefiero volver a viajar y hacer mucho deporte y a cambiar. Entonces, mi mente está preparada para que mi realidad vaya cambiando. Igual que te decía que viene de una realidad, oye, que es en Patagonia, que luego ha habido otra, que ahora es la que es en este momento, estoy superpreparada para que cambie y sacarle el jugo y la curiosidad a eso nuevo. Y creo que es una buena preparación porque no lo podemos controlar, yo no puedo controlar lo que va a pasar luego. Entonces, si mantengo una mente, de bueno, lo que venga, ya voy a juguetear y voy a diseñarlo para estar bien, sé que lo voy a hacer. Entonces yo creo que esa flexibilidad es la que entreno, sobre todo.

    Quique Gonzalo:

    Me encanta porque en el fondo defines muy bien la diferencia entre tener una actitud sabiendo la dirección y tu propósito, sin la necesidad de tener ese sobre control de cosas que jamás van a depender de ti. Porque en los cerebros cuando vosotros los veis, ¿qué porcentaje podemos decir que viene de cosas que no dependen de 1 mismo? De problemas, sensaciones, malestares o enfermedades que muchas veces incluso no son provocadas o pensadas por 1 mismo.

    Ana Ibáñez:

    Es que la grandísima mayoría. O sea, en el fondo, los problemas a nivel mental suelen empezar a florecer cuando tú te sientes enjaulado a nivel mental, cuando piensas o sientes, en realidad a veces no te das cuenta, te sientes que que estás como secuestrado por una situación que tú si pudieras la vivirías totalmente de otra manera. Entonces, lo mental y cuando empezamos a sufrir de cosas mentales, no dejan de ser gritos de nuestro sistema de no aguanto más estar en esta jaula. Y esto fíjate que hay una parte en la que no podemos quitarnos la responsabilidad que tenemos cada 1 de nosotros sobre ello. Es decir, tú te vas metiendo en una jaula sin darte cuenta, pero eres tú el que te vas metiendo, vas dando pasos. Y esto es verdad que hay circunstancias que son más fáciles y más difíciles, pero hay que tomar responsabilidad de dónde te estás metiendo. Y entonces, una de las cosas que tú decías que es importantísima es saber decir que no. Hay muchas veces que hay que decir que no y que cuesta mucho decir que no y da mucho miedo decir que no a veces, pero hay que decir que no. Cuando piensas que si dices que sí, estás metiendo el pie en una jaula que no te gusta. Y esto es curioso, porque creo que las personas se sienten mucho menos libres de lo que en realidad somos para poder diseñar cosas. Lo que pasa que, claro, no se puede tener todo o no todo al mismo tiempo. Entonces, decir que no a situaciones. Bueno, sí, yo digo que no a este trabajo que aparentemente es maravilloso, pero es que me doy cuenta de que si me meto en él, estoy perdiendo mucho de mi esencia y de quién soy yo. Entonces, bueno, es una balanza así. Es que posiblemente tienes que ganar menos, entrar en un trabajo menos exitoso, en este caso, estoy poniendo un ejemplo, pero si eres más fiel a ti mismo, vas a encontrar otros caminos, vas a llevar tu atención a otros lugares que te van a dar unas situaciones que para ti son más sanas y que no son una jaula. Entonces, ¿cuál es mi labor? Mi labor, en este sentido es enseñar todas estas mentes que llegan, que están ya metidas en jaulas, decirles oye, vale, estás metido en una jaula, pero vamos a empezar a sacarte de ahí. Y esto no significa que tengas que hacer cambios radicales, significa primero que te des cuenta y que en vez de hacer pequeños pasos que te van sacando a un lugar que es más cómodo para ti. No sé si es un poco abstracto esto que digo, pero pero es demasiado fácil. A mí a veces me lo dicen, ¿no? Me dicen oye, qué fácil es hablar cuando te va bien, de la libertad, por ejemplo, y de la curiosidad. Digo, no, no, no, es que para mí no ha sido fácil que nadie se equivoque. O sea, no ha sido nada fácil. Lo que estábamos hablando antes no ha sido fácil llegar donde estoy yo ahora en neurociencia. Me he tenido que pelear y mucho, he tenido que trabajar y mucho, pero lo he hecho desde un lugar en el que yo me sentía que no me estaba metiendo en ninguna jaula. He sido, he sabido decir que no, cuando no, y me he quedado en un camino que a mí me estaba haciendo bien. Pero son decisiones y da mucho miedo, pero hay que hacerlas. Somos somos autores, en ese sentido somos responsables. No somos tan víctimas como muchas veces intentamos hacernos sentir, es cómodo, para nuestro cerebro es muy cómodo sentirse víctima. Y Ana,

    Quique Gonzalo:

    hablabas ahora de los miedos. El propósito está en un lado de la balanza y los miedos se encuentran en el otro lado de la balanza. ¿Cómo actúan esos miedos sobre nuestras mentes?

    Ana Ibáñez:

    Bueno, eso lo sabes porque además tú que trabajas tanto con equipos de personas, ves que al final muchas de las cosas que subyacen a ser ineficiente o a no hacer lo que tú quieres es porque tienes miedo. El miedo hay que convivir con él. O sea, creo que el miedo es es una emoción muy sana para tener, que nos hace también sentir vivos, que nos hace tener ese respeto por, oye, deje, tengo que cuidarme de alguna manera, porque podría perder la vida o podría perder una situación que no quiero. O sea, el miedo nos mantiene vivos, alerta, eso está muy bien. El miedo no nos puede dominar. Y entonces, ilusión y miedo, yo siempre digo, bueno, siempre cuando tú quieras hacer algo nuevo, lo lógico para tu sistema, por este afán de supervivencia que tiene nuestro cerebro, que es haz lo que ya sabes hacer, no me hagas cosas nuevas, porque lo que ya sabes hacer, nuestro cerebro es como que nos dice, yo ya sé hacerlo, lo domino y sé que termina bien. Eso es importantísimo a nivel cerebral. Entonces, si me haces algo nuevo, yo no sé cómo va a acabar. Entonces voy a alimentarte con un poco de dudas y a veces de baja autoestima para no animarte a hacerlo, ¿no? Pero entonces, ¿qué tenemos que hacer? Poner siempre una ilusión o un propósito más grande al lado de ese miedo. O sea, no dejar que mande el miedo, sino contar con que cualquier novedad, lo lógico es que nos venga o temor o que no digamos que sí tan rápido, porque nuestro cerebro está como evaluando. Nosotros le tenemos que que que en el fondo que convencer de oye, eso que estás evaluando y que no lo ves tan claro, pues yo que cojo la autoría, te digo que sí, que lo vamos a hacer porque lo que va a ocurrir después va a ser positivo para ti. Entonces, ese jugar con los miedos es es muy interesante, pero tienes que atravesarlo. El miedo no se supera. El miedo, pues eso, se atraviesa, se convive con él. Yo no conozco a nadie que haya hecho cosas grandes que no sienta miedo y lo sigues, entiendo. No es que dices, tenía miedo, lo superé y ya nunca más tengo miedo, no, para nada. Así que el miedo es es un gran maestro.

    Quique Gonzalo:

    Me encanta porque nos has hablado de grandes maestros que normalmente dejamos olvidados, como el miedo, como el tema de someternos a unas situaciones de estrés. ¿Dónde nos vas a llevar al cerebro dentro de 5 o 10 años? ¿Dónde crees que nos va a llevar este estudio que estáis haciendo con todos los entrenamientos, con todas las descubrimientos que estáis llevando a cabo un main de estudio? ¿Hacia dónde nos vamos a dirigir?

    Ana Ibáñez:

    Yo creo que vamos a tener una inteligencia más múltiple, te diría. Si nosotros diéramos como un cerebro, las partes que tiene un cerebro, ¿no? Y y las áreas que que, bueno, se llaman The Brodmann, en realidad, que es como una la manera más clara de dividir las acciones que hace nuestro cerebro, en él podemos determinar, pues hay unas áreas que son de creatividad, hay otras que son de saber descansar, hay otras, y voy haciendo así porque son donde están, hay otras que son de del buen sentido del humor, de ser divertido, Hay unas que son de la inteligencia emocional, hay otras que son de la inteligencia de concentrarme, hay otras que son de la inteligencia de darme energía y motivación para vivir cuando hay cosas que están saliendo mal. Hay estas que son los temporales que que son las que me dan equilibrio en la vida, que me permiten no desequilibrarme, o sea, encontrar como un término medio. Hay estas que tienen que ver con las matemáticas y con tal. Pues si nosotros tenemos la capacidad de entrenar más todas estas áreas, vamos a tener mucho más acceso a todo. O sea, yo en mí misma voy a poder reconocer cosas que ya estamos viendo, pero lo vamos a hacer mucho más. Yo en mí misma me voy a poder voy a poder disfrutar más con mi capacidad creativa de descanso, de equilibrarme, de concentrarme, de relacionarme con otros. Entonces eso es maravilloso. O sea, creo que vamos a ser seres mucho más completos, más más libres, que vamos a disfrutar mucho más, igual que nos pasa en lo físico. O sea, una persona que tiene su cuerpo entrenado, pues puede coger peso con los brazos, se puede agachar, puede correr, puede bailar 3 horas con amigos sin que le pase nada.

    Quique Gonzalo:

    A nuestro cerebro le va a pasar eso, va a tener mucha más capacidad de aprovechar todo esto.

    Ana Ibáñez:

    Vale. Va a tener mucha más capacidad de aprovechar todo

    Quique Gonzalo:

    esto. Maravilloso, yo me quedaría bailando contigo y con nuestros cerebros 3, 4, 5 horas más, porque sabe siempre que es un placer y nosotros estaremos acompañándonos en este viaje. Tenemos una pregunta que nos ha dejado para ti David Bueno, en el episodio 354, y David te preguntaba Ana, ¿qué emoción te despierta la actividad que más te gusta realizar?

    Ana Ibáñez:

    Qué buena la pregunta de David. Bueno, fíjate, si conmigo tiene mucho que ver todo con la con la energía vital, con las ganas de vivir. No hemos hablado mucho, claro, yo, la verdad es que de bien pequeña tuve un cáncer, tuve un linfoma con 3 años y creo que mis células rebosan vida en ese sentido, ¿no? O sea, como que saben que se les ha dado la oportunidad de vivir mucho más. Para mí la la emoción es, fíjate, es que que no es una emoción así de las clásicas, es la es, que es que las emociones clásicas las hemos reducido a demasiado pocos. Hay muchas más de las que decimos es la vitalidad, es esas ganas de vivir. Esa es la emoción que esa sí, esa energía interior,

    Quique Gonzalo:

    o sea, es la que

    Ana Ibáñez:

    más me

    Quique Gonzalo:

    lo permite.

    Ana Ibáñez:

    Pues es porque la tengo. Vale.

    Quique Gonzalo:

    ¿Y qué te gustaría preguntar a nuestra próxima invitada o invitado?

    Ana Ibáñez:

    Pues mira, un poco hablando con esto que te decía yo del desapego de la vida que tienes hoy en día, si no, no sabiendo quién es, si no estuvieras haciendo lo que haces ahora o viviendo lo que haces ahora, que qué otra vida paralela imaginas para ti que podrías haber tenido?

    Quique Gonzalo:

    Dentro de poco te dedicarás también a hacer entrevistas.

    Ana Ibáñez:

    Estoy aprendiendo contigo, Quique. Estoy programándome.

    Quique Gonzalo:

    Cerramos con el cuestionario Kenzo, que en este caso preguntas nuevas.

    Ana Ibáñez:

    No digas.

    Quique Gonzalo:

    Así que vamos con la primera.

    Ana Ibáñez:

    A ver.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuál es la regla de Ana para vivir mejor?

    Ana Ibáñez:

    Disfrutar. Tener en la en la balanza esfuerzo y disfrute. Para mí el esfuerzo, si no hay disfrute en paralelo, no no va por el buen camino.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué preguntaría qué pregunta te gustaría que te hicieran más a menudo?

    Ana Ibáñez:

    Pues una, que empiece por, ¿nos atrevemos a?

    Quique Gonzalo:

    Si pudieras poner un cartel enorme en tu ciudad con el mensaje que tú decidieras, ¿qué diría ese mensaje?

    Ana Ibáñez:

    Pues pondría quizás, eres un niño o una niña que la vida te regaló para que lo cuides y le lleves al mejor de los lugares.

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué harías si supieras que vas a tener éxito en algo?

    Ana Ibáñez:

    O sea, ¿qué haría? Espera, reformúlame la pregunta, no sé si la entiendo bien, es

    Quique Gonzalo:

    ¿Qué harías en tu vida si pudieras decidir algo, un reto, y sabiendo que 100 por 100 vas a poder conseguir?

    Ana Ibáñez:

    Wow, qué difícil. Espérame, qué pienso, porque. Jo, pues mira, haría una cosa y es poner patas arriba a todo el sistema educativo actual, patas arriba.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cuál ha sido el error más valioso que has cometido?

    Ana Ibáñez:

    Fue no tener claro que yo lo veía como un error. Claro, yo cuando terminé, antes de ir a la universidad, ese último año cuando hice la selectividad, no sabía qué hacer y me tuve que tomar un año sabático porque no sabía qué hacer con mi vida, y fue un año importantísimo. Sí, no tener las cosas claras, fue un grandísimo error.

    Quique Gonzalo:

    Algún día, Ana, te encontraremos en Uf, en, va, pues

    Ana Ibáñez:

    en un sitio de lo que he hecho mucho de menos, en un sitio natural, quizás volando volando en helicóptero. Ahora mismo me viene una imagen que es arriba, encima de la cordillera de los Andes, en un sitio con con nieve y ahí parada mirando el infinito. Eso.

    Quique Gonzalo:

    ¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista de Kenzo?

    Ana Ibáñez:

    Pues me gustaría terminarla agradeciéndote que haya espacios donde las conversaciones sean profundas. Creo que es esa mezcla de lo humano y de lo profesional. Creo que es un sello tuyo y vuestro de Kenzo y es muy de agradecer. Hay pocos espacios así, así que me gustaría agradecerte eso y y por así decirlo, inspirar a que la gente quiera entrar con conversaciones más profundas con la gente que tiene alrededor y que quiere, y que

    Quique Gonzalo:

    Pues vamos a tener conversaciones más profundas. Muchísimas gracias, Ana.

    Ana Ibáñez:

    Gracias a ti, Quique.

    Quique Gonzalo:

    Ana nos ha revelado esa verdad que muchos buscamos, y es entender que cuando caminamos por un sendero auténtico, la vida va a nuestro favor. Y en su camino, a ella le llevó por un desierto de la incomprensión cuando nadie entendía su visión de la neurociencia aplicada que transformara vidas cotidianas. Por eso, cuando nos habla de Mind Studio, su mirada se ilumina porque ayuda a mejorar la vida de las personas, y es el latido que impulsa cada investigación y cada entrenamiento. Ana nos desvela su deseo de que las personas se sientan más bellas mentalmente, porque cuando te gustas más, brillas más y puedes entregar más. Sus palabras nos revelan cómo logra que sus lunes sean tan vibrantes como sus viernes, terminando cada semana con el corazón lleno, y nos explica cómo sus células han ido tiñendo con las historias de quienes ha conocido, creando ese mosaico humano que la ha transformado mientras transformaba a otros. La plasticidad cerebral, ese lienzo que Ana pinta con precisión, nos muestra que el cambio es esencial para nuestra felicidad, y Ana nos ha guiado comprendiendo que cambiar implica un paso hacia el vacío, pero que la curiosidad y la libertad son las llaves maestras. La curiosidad es ese deseo de dejarte sorprender, mientras que la libertad es ese espacio para permitirte jugar, equivocarte y no tomarte tan en serio. Y es que en este océano digital nos advierte cómo nuestra atención está siendo dirigida, limitándose y darnos cuenta nuestra libertad. Ana nos invita a ser autores de nuestra vida adaptándonos sin perder nuestra brújula interior, Porque un cerebro bello nos ilustra, es aquel que puede acceder a todas sus capacidades y recrearse en cada una de ellas. Nos ilumina sobre la diferencia entre un cerebro infantil y un adulto, y es que los niños conservan esa curiosidad y libertad que muchos adultos hemos perdido. Y nos regala 2 llaves para reconectar, visualizar momentos de juego pasados y utilizar la música como puente hacia estados emocionales liberadores. Nos revela que el estrés controlado es el cincel necesario para esculpir nuestro mejor yo. Cada pequeño reto alimenta nuestra capacidad de adaptación como el fuego templa el metal. Y en ese viaje, el miedo no se supera, sino que se atraviesa, se convive con él transformándose en maestro que camina a nuestro lado. Su visión del futuro es que seamos seres humanos con inteligencias múltiples, floreciendo más libres para poder disfrutar más. Cerebros entrenados que puedan correr, saltar, bailar durante horas, aprovechando el potencial dormido en cada rincón de la mente. Gracias, Ana, por enseñarnos a equilibrar esfuerzo y disfrute, por mostrarnos cómo florece la belleza mental, por recordarnos la importancia de sentirnos libres aún con miedo y por inspirarnos con vitalidad. Por recordarnos que somos niños que la vida nos regaló para que los cuidemos. Y terminamos con un nuevo hábito KENSO: Cuando carmines por tu propio sendero, confía en que la vida conspirará orgánicamente a tu favor. Nos escucharemos pronto.

 

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Jeroen Sangers

Anfitrión del Canasto. Mentor artesano especializado en la Efectividad 2.0 para personas y equipos de trabajo.

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